VI SEMANA TEOLÓGICA DE LA VIDA CONSAGRADA EN EL ECUADOR 2014

 

MÓDULO 5

 

La ALEGRÍA de ser anunciar la Buena Noticia en la PERIFERIA

 

INTRODUCCIÓN

Papa Francisco nos ha desafiado, Como consagrados/as, a “despertar el mundo”, siendo profetas de que la verdadera alegría que viene de Dios y llena toda la vida no la encontramos en los centros del bienestar, sino en las periferias donde se sueña y se anticipa el proyecto del Reino que Jesús inició con su Pascua.

La Buena Noticia de que Dios quiere para los marginados/as un mundo que sea más feliz para todos/as y no sólo para uno/as, llena de alegría a quienes la proclaman con valor y coherencia y a quienes la reciben en un clima de esperanza.

 

1. FRANCISCO NOS DICE:

La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos es una alegría misionera. (cf. Lc 10,17). La vive Jesús, que se estremece de gozo en el Espíritu Santo y alaba al Padre porque su revelación alcanza a los pobres y pequeñitos (cf. Lc 10,21).

La alegría de comunicar a Jesucristo se expresa en una salida constante hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ám­bitos socioculturales (Cf. EG 30)

Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, socio­lógica, política o filosófica. Dios les otorga «su primera misericordia». Esta preferencia di­vina tiene consecuencias en la vida de fe de to­dos los cristianos, llamados a tener « los mismos sentimientos de Jesucristo » (Flp 2,5). Inspirada en ella, la Iglesia hizo una opción por los pobres que — como enseñaba Benedicto XVI— «está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enrique­cernos con su pobreza». Por eso quiero una Iglesia pobre para los pobres. (Cf. EG 198)

La nueva evangelización es una invitación a reconocer la fuerza salvífica de la vida de los pobres y a ponerlos en el centro del camino de la Iglesia. Estamos llamados a descubrir a Cristo en ellos, a prestarles nuestra voz en sus causas, pero también a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. (Cf. EG 198)

Esto implica valorar al pobre en su bondad propia, con su forma de ser, con su cultura, con su modo de vivir la fe. El pobre, cuando es amado, «es estimado como de alto valor», y esto diferencia la auténtica opción por los pobres de cualquier ideología, de cualquier intento de utilizar a los pobres al servicio de intereses per­sonales o políticos. Sin la opción preferencial por los más pobres, «el anuncio del Evangelio corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en el mar de palabras al que la actual sociedad de la comunicación nos somete cada día».( Cf. EG 199)

La peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual. La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de ma­duración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria. (Cf. EG 200)

 

2.  LEYENDO LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

En nuestro Ecuador se han dado, en los últimos años, intentos y pasos concretos para dar respuesta a los retos de la marginación socio-económica que todavía afecta nuestro país. Medidas sociales concretas, mejoras de los servicios básicos (vivienda, educación, salud…) ofrecidos a los más desprotegidos… han abierto a la esperanza.

Pero todavía hay situaciones desafiantes de nuevas pobrezas, de nuevas periferias no sólo geográficas, sino sociales, culturales, en las que falta una decidida presencia de apoyo y de acompañamiento; preocupante todavía es la brecha socio-económica entre la vida urbana y la vida rural.

Pertenecen hoy a las periferias sociales “las personas que son consideradas una desgracia para ellas y para la sociedad, porque las vemos como un lastre en el ascenso infinito que nos promete el progreso. Son los que habría que arrojar por la borda o dejar morir en las cunetas de la vida porque no pueden seguir el ritmo de los fuertes, los que consumen medicinas, personas y tiempo; los pobres atrapados por los círculos de la miseria; los solos, los insignificantes, los pecadores públicos, los que han nacido con alguna limitación especial que les marca la vida.” (B. Gonzalez Buelta)

Aparecida nos desafía a contemplar los rostros de quienes sufren: las comunidades indígenas y afroamericanas, que, en muchas ocasiones, no son tratadas con dignidad e igualdad de condiciones; muchas mujeres, que son excluidas en razón de su sexo, raza o situación socioeconómica; jóvenes, que reciben una educación de baja calidad y no tienen oportunidades de progresar en sus estudios ni de entrar en el mercado del trabajo para desarrollarse y constituir una familia; muchos pobres, desempleados, migrantes, desplazados, campesinos sin tierra, quienes buscan sobrevivir en la economía informal; niños y niñas sometidos a la prostitución infantil, ligada muchas veces al turismo sexual… Quienes dependen de las drogas, las personas con capacidades diferentes, los portadores y víctima de enfermedades graves como la malaria, la tuberculosis y VIH - SIDA, que sufren de soledad y se ven excluidos de la convivencia familiar y social. Los secuestrados y los que son víctimas de la violencia, del terrorismo, de conflictos armados y de la inseguridad ciudadana. Los ancianos, que además de sentirse excluidos del sistema productivo, se ven muchas veces rechazados por su familia como personas incómodas e inútiles. La situación inhumana en que vive la gran mayoría de los presos. (DA 65)

Estas situaciones se dan en un mundo que sigue presentando el bien-estar (el siempre mejor- estar) como la meta hacia la cual caminar, a costa de sentirse excluidos.

La VC que se había dedicado sobre todo a obras de promoción humana (al servicio de los más pobres), se siente hoy desplazada por la intervención cada día más fuerte de la sociedad civil y de las estructuras gubernamentales en este campo. Intervención de tinte decididamente político, pero que sí cambia la realidad.

Por otro lado, la VC, a pesar de honrosas excepciones, se identifica cada día menos con el mundo de los pobres, sino con el de la clase media acomodada: residencias, transporte... La lógica eficientista, aun a nivel pastoral, exige cada día más seguridad y medios adecuados, que resultan siempre más sólo al alcance de quienes tienen un cierto poder económico.

La cercanía de la VC al mundo de los marginados apunta a vivir con ellos la actitud del Buen Samaritano. Pero la preocupación para descubrir en ellos la propuesta del mundo nuevo que quiere Dios, el intento de caminar con ellos para soñar y construir el Reino que Dios espera, el ayudarles a abrirse a la búsqueda de soluciones a los problemas globales y no sólo particulares… están a fuera de la perspectiva de la mayoría de los religiosos/as y de sus estructuras pastorales. ¡Corremos el riesgo de hacer de los pobres… ricos en potencia!... sin aportar eficazmente, con ellos, al cambio hacia el Reino.

Para Reflexionar:

  • ¿Nos encontramos reflejados/as en esta descripción?
  • ¿Qué otros elementos añadiríamos?

 

3. A LA LUZ DEL ESPÍRITU

“El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas noticias a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver, para poner en libertad a los oprimidos”. (Lc. 4,18)

En ese momento Jesús se llenó del gozo del Espíritu Santo y dijo: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has dado a conocer a los pequeñitos. Sí, Padre, pues tal ha sido tu voluntad.” (Lc. 10,21)

Bienaventurados quienes optan por ser pobres (renuncian a ser ricos) porque Dios cuenta con ellos para hacer realidad su Reino. (Mt. 5,3)

La presencia del Espíritu acompaña a Jesús en su misión de hacer presente el Reino (el mundo que su Padre Dios quiere) sobre todo en medio de los pobres, de los marginados/as de la gente de su tiempo: se trataba de quienes no podían vivir el sueño que el Padre Dios tenía por ellos, el sueño de una vida digna y feliz.

Su palabra y su actuar en medio de ellos es la Buena Noticia de que el Padre los ama con predilección, de que está con ellos, cuenta con ellos para hacer realidad su sueño.

Con alegría se da cuenta de que algunos de los pobres logran entender esta misión suya, aun si otros no logran entenderla por “serrucharles el piso” de sus privilegios.

La condición para poder entrar en la dinámica del proyecto del Padre Dios es la de optar por ser pobres, renunciar a ser ricos. El mundo que quiere Dios es un mundo sin ricos y sin pobres, un mundo donde todos se puedan sentir hermanos, compartiendo los dones que Él prepara para todos. Optar por ser pobre, renunciar a ser rico es el primer paso para hacer posible el proyecto del Padre Dios para todos sus hijos.

Jesús, que siempre vivió como pobre, que nunca soñó salir de su pobreza, que siempre miró con predilección a quienes eran más pobres que él… nos invita a sus discípulos, de ayer y de hoy, a recorrer el mismo camino.

Ir a las periferias tendría que llenarnos de alegría: alegría de sabernos enviados a ser portadores de felicidad para quienes sufren, para los que sobran en la sociedad del bienestar; alegría de hacerles experimentar al amor de preferencia que Dios tiene por ellos; alegría de constatar que Dios confía a ellos, y no a los del centro, la responsabilidad de aportar eficazmente al cambio de este mundo.

Para Reflexionar:

  • En las palabras de Jesús ¿qué nos fascina?
  • y ¿qué nos cuestiona más en nuestra vida personal y comunitaria?

 

4. HACIENDO REINO

No es posible ser motivo de alegría para los vulnerables y marginados históricamente, si nuestra visión de la realidad es desde la perspectiva de los ricos. ¡Es cuestión de ver las cosas desde la periferia y no desde el centro! es necesario, escuchar su clamor.

Para ver desde la periferia y escuchar los gritos de los excluidos, es necesario “oler a pobres”, estar con ellos. “Se nos pide dedicar tiempo a los pobres, prestarles una amable atención, escucharlos con interés, acompañarlos en los momentos más difíciles, eligiéndolos para compartir horas, semanas o años de nuestra vida, y buscando, desde ellos, la transformación de su situación”.(DA 397)

Nos exigen un serio examen de conciencia las palabras del Papa Francisco en Lampedusa (8 de julio 2013): “Hemos caído en la actitud hipócrita del sacerdote y del servidor del altar, de los que hablaba Jesús en la parábola del Buen Samaritano: vemos al hermano medio muerto al borde del camino, quizás pensamos “pobrecito”, y seguimos nuestro camino, no nos compete; y con eso nos quedamos tranquilos, nos sentimos en paz. La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil, de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!”

Se trata también de ver y vivir nuestro voto de pobreza como el voto de la solidaridad con los pobres.Es urgente, a este nivel, hacer nuestra la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia: “La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la pro­piedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. Estas convicciones y hábitos de solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones estruc­turales y las vuelven posibles.” (EG 189)

A veces, más que intervenciones puntuales a servicio de los marginados, como tal vez hemos hecho desde siempre, se nos pide hacer realidad en nuestra relación con ellos la “revolución de la ternura” de la que habla el Papa Francisco. Ternura y gratuidad tendrían que marcar nuestra opción por los pobres. ¡En esto ninguna institución u ONGs nos puede sustituir!

La alegría de anunciar la Buena Noticia de Jesús en la periferia no sería auténtica si no llegáramos a vivir la experiencia cuestionante de que Jesús nos precede en las periferias, entre los pobres: ellos tienen que llegar a ser el lugar teológico en el que el Dios de Jesús nos hace experimentar su sueño de un mundo nuevo y el camino para alcanzarlo, el camino de la humildad, de la pobreza, del no-poder… ¡Es el camino que hoy está llamada la VC a recorrer con los de las periferias de nuestro mundo!

Nos recuerda Papa Francisco que la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Por consiguiente, un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral y su opción no puede ser la de una Cuaresma sin Pascua. Ojalá el mundo actual pueda recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a tra­vés de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo.(EG 10)

Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y per­manente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado. (EG 2)

Jesucristo puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad di­vina. Cada vez que intentamos volver a la fuen­te y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, pa­labras cargadas de renovado significado para el mundo actual. En realidad, toda auténtica acción evangelizadora es siempre « nueva ». (EG 11)

Para reflexionar:

  • ¿Qué nos falta, personal y comunitariamente, para experimentar la alegría de dar la Buena Noticia de Jesús en las periferias?
  • De los distintos retos que nacen de la Palabra de Dios y de la del Papa Francisco, ¿cuáles nos cuestionan más? ¿por qué?

 

5. CELEBREMOS JUNTOS.

 

5.1. Oración inicial

Hacen falta brazos

Hacen falta brazos.

Hace falta gente con conciencia.

Hace falta gente que se tome muy en serio el destino de los pueblos sin futuro.

Hacen falta testigos que nos toquen las entrañas,

que despierten la conciencia tan dormida y tan callada, pues así no hacemos nada.

Hacen falta brazos que no se den a torcer, que hagan de su canto la voz de los pobres,

gente muy humana que nos haga recordar el sentido de la vida que sólo Dios puede dar.

hacen falta brazos. Amén

 

5.2. Canto

YO VENGO A OFRECER MI CORAZÓN

Quien dijo que todo está perdido

Yo vengo a ofrecer mi corazón

Tanta sangre que se llevó el rio

Yo vengo a ofrecer mi corazón.

 

No será tan fácil, ya sé que pasa

No será tan simple como pensaba

Como abrir el pecho y sacar el alma

Una cuchillada del amor.

 

Luna de los pobres siempre abierta

Yo vengo a ofrecer mi corazón

Como un documento inalterable

Yo vengo a ofrecer mi corazón

 

Y uniré las puntas de un mismo lazo

Y me iré tranquilo, me iré despacio

Y te daré todo y me darás algo,

algo que me alivie un poco más.

 

Cuando no haya nadie cerca o lejos

Yo vengo a ofrecer mi corazón

Cuando los satélites no alcancen

Yo vengo a ofrecer mi corazón.

 

Y hablo de países y de esperanza

Hablo por la vida, hablo por la nada

Hablo de cambiar esta, nuestra casa

De cambiarla por cambiarla no más.

 

Quien dijo que todo está perdido

Yo vengo a ofrecer mi corazón

 

5.3. Texto bíblico: Mt 25, 34-40

(…)¡Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino preparado para vosotros desde el comienzo del mundo! Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme. Entonces los justos le responderán: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte? Y el rey les dirá: en verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis.

 

5.4. Reflexión:

Del texto leído ¿qué resuena más en ti?

¿Cómo respondemos a la invitación que nos hace Jesús de mirar hacia una nueva dirección: hacia los últimos, los excluidos, los pobres? ¿Qué nos cuesta?

 

5.5. Oración final:

Felices…

Felices todos los que trabajan por los pobres. Desde los pobres.

Junto a los pobres. Con corazón de pobre.

Felices los que dan la vida por los demás.

 Los que trabajan duro por la justicia anhelada.

Los que construyen el Reino desde lugares remotos.

Felices los que aman al hermano concreto.

 Los que no se van en palabras

sino que muestran su amor verdadero en obras de vida,

de compañía y de entrega sincera.

Felices ellos porque en los pobres reconocen a Dios.

Amén

 

6. EVALUAR EL ENCUENTRO

  1. ¿Cómo nos hemos sentido en este encuentro fraterno?
  2. ¿Cómo valoramos el tema y qué incidencia tiene en la vida comunitaria?
  3. ¿Qué compromiso ha motivado en mí este encuentro?

 

Puedes enviar la respuesta a alguna o a todas las preguntas de este módulo a la

Conferencia Ecuatoriana de Religiosos/as

ERT

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