HACIA EL CAPITALISMO DEL SIGLO XXI

Dr. Enrique Ayala Mora

Rector de la Universidad Andina Simón Bolívar

 

¿EL GOBIERNO ES BUENO O MALO?

El gobierno actual ha dividido al país. Una cantidad de personas son sus incondicionales, dicen que es el mejor que hemos tenido, que todo lo que hace es positivo. Ponderan la bondad de sus obras, de las carreteras, de los bonos, de la estabilidad económica. Y sostienen que el presidente debería quedarse hasta que termine la "revolución". Otras personas ven las cosas de otra manera. Piensan, aunque a veces no lo dicen, que el correísmo es una dictadura disfrazada detrás de una constitución, que persigue a las organizaciones sociales y a la prensa, que ha promovido la corrupción, que se parece cada vez más a la antigua "partidocracia" que dice haber vencido, que ofreció hacer una revolución y ha terminado haciendo lo contrario.

Esta discusión puede ir de largo. Porque hay muchos argumentos en ambos sentidos. En efecto, en más de seis años, el gobierno ha hecho numerosas obras, algunas de ellas fundamentales para el país. Y, de otro lado, ha cometido también atropellos. No faltará quien diga que una "revolución" afecta a los intereses de los poderosos y por ello este gobierno tiene enemigos. Pero otros replicarán que el correísmo tiene mucho respaldo entre los poderosos y que sus principales víctimas son, mas bien, los indígenas y trabajadores, los maestros y los estudiantes, en general los dirigentes sociales, algunos de los cuales fueron firmes partidarios suyos al principio.

Hay personas que piensan que, de todas maneras, un gobierno siempre hace obras y también comete errores. Por ello, lo mejor que se puede hacer para saber si este es bueno o malo, sería comparar sus buenas y malas obras. En otras palabras, habría que hacer una lista de Jo positivo y otra de lo negativo y luego ver cual pesa más. Pero, aunque a alguien le parezca que esto es objetivo, en realidad es imposible, porque las dos listas pueden extenderse hasta el infinito. ¿Cómo se organiza una lista en que están la construcción de los grandes proyectos hidroeléctricos y la reparación de una pequeña escuela rural? ¿C6mo se incluye desde el "Caso Yasuní", hasta los abusos del presidente de una junta parroquial que dice contar con el "apoyo del compañero presidente"?

Por otra parte, no todas las obras tienen el mismo peso y no pueden compararse. ¿Cómo se compara, por ejemplo, el haber construido el magnífico edificio del colegio María Angélica Idrobo, con el hecho de haber mandado a la cárcel ocho años a una profesora acusada de haber incitado a los alumnos para que salgan a una manifestación? ¿Cuál de los dos hechos es más importante? ¿El uno justifica al otro? ¿La obra educativa se mide por las construcciones, o también cuenta la vigencia de derechos y principios?

Como se ve, ese no es el camino. Intentar hacer un "balance" de lo bueno y lo malo del gobierno a base de contar sus obras o sus acciones negativas de una en una, no funciona. Pero no solo porque es prácticamente imposible, sino sobre todo porque eso no permite conocer de veras la naturaleza de un gobierno, su objetivo central, el eje de sus decisiones. De ese modo no es posible llegar a saber para quién gobierna. Es decir, a quién sirve realmente.

En estos cortos párrafos no vamos, por tanto, a intentar un balance del actual régimen. Vamos a hacer algo mucho más concreto, que es establecer su carácter. Vamos a tratar de responder a la pregunta: ¿Cuál es la naturaleza del gobierno de Rafael Correa y el Movimiento PAIS? ¿Debe el movimiento social apoyar su proyecto actual? ¿Estamos caminando por una "revolución" al "socialismo del siglo XXI"?

 

AL PRINCIPIO

En 1979, con el régimen constitucional no llegó al país la "democracia", como algunos piensan. La democracia es mucho más que la existencia de una constitución. Es, ante todo, vigencia de derechos y garantías, respeto a las instituciones y, especialmente, justicia social.

La verdad es que a pocos años de inaugurado el régimen constitucional, en los años ochenta, la situación económica a que nos había llevado la deuda externa y el aprovechamiento de la riqueza nacional por unos cuantos privilegiados, llevó a una larga crisis, que sucesivos gobiernos enfrentaron aplicando "políticas de ajuste económico", dictadas por las teorías neo liberales de gran poder mundial, instalado en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, argumentando que con todo eso se vencería a la crisis. En algunos casos, como el del régimen de Febres Cordero, los golpes económicos estuvieron acompañados de actos de represión y de crímenes de estado, todavía no del todo conocidos, menos sancionados. Pero, al menos, se logró desde el movimiento social parar la suscripción del TLC con Estados Unidos, que amenazaba la economía y la soberanía del país.

Masivas "privatizaciones" de los bienes públicos, alta inflación, reducción de los ingresos de las grandes mayorías, desempleo y migraciones masivas al exterior, fueron la realidad de esos tiempos de empobrecimiento y angustia, La sociedad ecuatoriana resistió, pero en pocos años, el neoliberalismo se había apoderado del país, La· lucha y la resistencia de los trabajadores, logró detener algunas medidas, pero no la avalancha de la derecha. En los años noventa, los indígenas tuvieron un papel destacado en la movilización social y consiguieron parar algunas medidas, pero no el empobrecimiento general.

La situación llegó al extremo en los años 1999 y 2000, cuando el gobierno de Mahuad, que ganó al poder financiado por un grupo de banqueros, declaró un "feriado bancario", en medio del que los dueños de los bancos que se habían aprovechado de los depósitos del público para hacerse préstamos tramposos a ellos mismos, a sus empresas y allegados, terminaron estafándoles y obligando al estado a que pague sus deudas con plata pública, Miles de miles de familias pobres y de clase media fueron perjudicadas. El dólar llegó a cambiarse por más de 20 mil sucres. La economía se hundió y la "solución" que puso el gobierno Mahuad fue la "dolarización", que llevó a la miseria a millones de ecuatorianos,

Ante el fracaso del neo liberalismo, en el país fue surgiendo la conciencia de que se debía encontrar otra salida para la crisis y, en medio del descontento popular, el arbitraje militar echó abajo al gobierno Mahuad, como lo había hecho tres años antes con el de Bucaram. Lucio Gutiérrez ganó las elecciones como una expresión del rechazo a la vieja política y al neoliberalismo. Pero su gobierno fue una frustración más y también cayó del poder sin completar su período.

Entonces se presentó la alternativa de "Alianza País" con la candidatura de Rafael Correa, un joven académico que criticaba a la vieja clase política y ofrecía implantar un socialismo renovado, el "socialismo del siglo XXI", Con la fuerza de la expectativa de transformación, apoyado por varias organizaciones sociales, antiguos militantes de izquierda y el Partido Socialista, venció al magnate Álvaro Noboa y llegó al poder.

Como candidato, Rafael Correa había irrumpido en la política poco antes de la campaña electoral como ministro de Finanzas, luego de haber sido profesor universitario. Con un discurso contestatario contra la "partidocracia" y el neoliberalismo, logró el apoyo de sectores medios inconformes y de militantes de izquierda que habían abandonado sus partidos. También logró el apoyo temprano del Partido Socialista y varias organizaciones populares afines como la FENOCIN; pero no consiguió apoyo de fuerzas como Pachacutik. el MPD y otras, que no creyeron que tenía posibilidades de triunfo. Sin embargo, la propuesta radical anti-sistema le dio un enorme respaldo popular.

Rafael Correa no triunfó por casualidad o coincidencia. Tenía condiciones para impactar en el electorado y encontró la coyuntura oportuna. Fue beneficiario de un acumulado histórico de años de lucha de la izquierda y las organizaciones sociales, especialmente de las tres últimas décadas, contra los regímenes neo liberales. Aunque no 10 reconozca, para su triunfo fue vital haber dado continuidad a posturas de izquierda anti-capitalistas y anti-imperialistas, y haber recibido el apoyo socialista. Su propuesta de campaña, cuyo eslogan fue la "revolución ciudadana", era: Desmantelar el poder de los partidos con la disolución del Congreso y la convocatoria a una Asamblea Constituyente, que emitiría una llueva Carta Política. Los cambios ofrecidos eran: renovar la forma de nominación y funciones de los tribunales constitucional y electoral; defender la soberanía nacional recobrando control sobre los recursos naturales y la base de Manta; privilegiar la inversión pública y la ampliación de los subsidios. La reivindicación del sentido patriótico era fundamental.

Luego del triunfo, en poco tiempo, el gobierno había logrado cerrar el Congreso y convocar una Asamblea Constituyente, que en 2008 emitió en Montecristi la Constitución número veinte de nuestra historia. Con una sola mayoría de gobierno, la Constituyente realizó una aprobación de apuro, por grandes bloques del articulado, con un debate pobre, atropellado, virtualmente inexistente.

La Constituyente generó, como nunca antes, expectativas sobre la participación ciudadana en la redacción de la nueva Carta Política. Pero no se cumplieron. Más allá de demostraciones masivas y desorganizadas de partidarios del gobierno, más bien limitó la posibilidad de que hubiera discrepancias. Hubo mucha movilización de gente afro al gobierno, pero muy escaso debate. Tal como fue hecha, la Constitución terminó siendo un texto enorme, farragoso y contradictorio; con artículos declarativos, definiciones inapropiadas, errores y ambigüedades. Muchas de sus disposiciones se introdujeron por motivaciones coyunturales. En realidad, desde el punto de vista de los sectores de izquierda que luchan por el socialismo, se perdió la oportunidad de contar con una Constitución clara, corta, concisa, que pudiera ser base de un proyecto progresista de largo plazo. Los redactores de la Constitución le privaron al país de una Carta Política que pudo ser el referente de las instituciones del siglo XXI.

No mencionar las limitaciones de la Constitución aprobada en Montecristi son inocultables. Pero la nueva Carta Política contiene también importantes avances y disposiciones de corte progresista que hay que destacar. La Constitución robusteció el papel del Estado, sobre todo en la economía y, en general, amplió el ámbito de lo público. Esta es lU1a necesaria medida frente al predominio neoliberal que había desmantelado, en el Ecuador como en el resto de América Latina y del mundo, instituciones estatales de importancia; para promover la concentración de riqueza en pocas manos y el empobrecimiento de la mayoría. La Constitución, además, extendió las garantías y derechos ciudadanos, creando instituciones de protección.

Desgraciadamente, la aplicación de la parte orgánica de la Constitución en estos años, ha sido un desastre peor del previsto. En la práctica, más allá de las ampulosas declaraciones, se han reducido derechos fundamentales. El "Consejo de Participación Ciudadana", órgano del "Cuarto poder", que no representa a nadie, ha hecho nominaciones que son, en la práctica, un mecanismo para eliminar la representación política y designar para las más altas funciones a personas adictas al gobierno. También se han eliminado los procedimientos del debate legislativo, con el "voto en bloque", ya usado en la Constituyente, que atropella una tradición democrática que hasta la derecha ha respetado.

 

"SOCIALISMO DEL SIGLO XXI"

Una vez en el poder, el presidente Correa y algunos de sus colaboradores plantearon de nuevo el enunciado de campaña, en el sentido de que se proponían instaurar un "socialismo del siglo XXI". Esta propuesta, según el propio Correa, no está del todo definida. Pero, en vez de irse aclarando, cada vez resulta más confusa y contradictoria. Desde luego que es positivo que Correa hable de un "pensamiento propio". Ésta idea, sin embargo, no es ni mucho menos original.

Por años, el Partido Socialista ha propuesto un pensamiento propio, ecuatoriano y latinoamericano; aún más, lo ha generado, como ninguna otra fuerza política en nuestra historia. Desde su primer manifiesto se planteó este eje central y fue un elemento definitorio en su constitución inicial. El carácter nacional y original del Partido Socialista ha sido reiteradamente planteado por más de ochenta años. A lo largo de su .extensa trayectoria, el Partido Socialista no asumió posturas dogmáticas y desarrolló una amplia crítica de las desviaciones que se daban en las tendencias de izquierda en el país y el mundo. Fue la primera organización de izquierda que asumió críticamente la crisis internacional del socialismo a fines de los años ochenta e inicios de los noventa. Y también la primera que se planteó una radical renovación muy temprano en los noventa. Luego de un activo debate, apenas se inició el nuevo siglo, el año 2003, renovó sus propuestas con en el documento: "Socialismo para el Ecuador del siglo XXI". No ha sido, pues, Rafael Correa quien ha planteado por primera vez un socialismo de raíz nacional, con pensamiento propio, ni menos lo ha puesto en práctica.

La verdad es, empero, que tanto en las afirmaciones, como en la práctica, cada vez hay menos socialismo en el actual gobierno. En los últimos años, y en especial en la campaña electoral, ya no es una tesis el "socialismo". Corno que hay conciencia de que el gobierno va a otra parte.

En su administración, Rafael Correa ha llevado adelante varias acciones de gobierno que han resultado altamente polémicas y algunas de ellas meritorias, pero en el gobierno cada vez hay menos gente progresista y más antiguos colaboradores de la derecha, el "febresborjismo" o disidentes del populismo. El resultado es que hay varias incoherencias entre los niveles de la administración, y también contradicciones entre dependencias, a veces causadas por diferencias profundas de concepción y de ideología.

En esta administración se ha elevado la participación del Estado en las rentas petroleras, enfrentando a las poderosas compañías extranjeras; se han incrementado los bonos de apoyo a la pobreza y los créditos para los pequeños productores; se han reducido tarifas eléctricas. Se han establecido un diario y una televisora estatales. Esto se ha dado en medio de una fuerte cOIlfrontaci6n verbal con las fuerzas que representan a la oligarquía tradicional. En algunos casos, ese enfrentamiento ha ido más allá de las palabras, cuando se limitó las elevadas ganancias de la banca, aunque no se tomaron medidas más radicales.

Pese a todo ello, los cambios se han limitado a la esfera del Estado, sin que se descubriera el propósito de emprender en una transformación social que, como no puede ser de otra manera, tendría fuertes resistencias en el poder económico y requeriría, al mismo tiempo, un respaldo muy 'activo del movimiento social y de otros sectores organizados del país. Se debe observar, desde luego, que quizá no ha sido posible enfrentar reformas conflictivas con una sucesión de campañas electorales por delante, pero de todas maneras, hay que constatar la realidad como lo hace Víctor Granda:

Todas estas medidas democráticas, parcialmente redistributivas, no implican, sin embargo el cambio de estructuras y peor del modelo económico y social al que todos aspiramos y por el que han luchado, desde hace décadas, los sectores sociales organizados, la izquierda revolucionaria y muchos hombres y mujeres que incluso han entregado su vida por la transformación real del Ecuador. No se advierte todavía en el actual régimen medidas de fondo en áreas claves que afecten el poder real de los grupos económicos que han gobernado tradicionalmente al país. (Operación explosión, p. 253)

Han pasado los años y esas medidas siguen ausentes, con la evidencia de que ya no se tomarán. La política agraria del gobierno no se ha orientado ni de lejos a una reforma radical. Más bien ha mantenido el status quo, con una débil postura productivista. Tampoco se ha planteado unas reformas urbanas que enfrente la acumulación de propiedad y el uso privatizado de los servicios públicos. Las políticas sobre recursos naturales son ambiguas y en algunos casos no se ponen en práctica. Hay poco control sobre la contracción pública, realizada a base de declaratorias de "emergencia".

 

EL CAPITALISMO DEL SIGLO XXI

Durante la segunda administración de Correa, desde 2008. tuvo ante sí dos alternativas: Por un lado, profundizar su línea de transformaciones y acercarse de esa manera a su ideal socialista, o consolidarse como administrador de un estado, cuya estructura y la de la sociedad no van a cambiar. Resulta muy importante tomar en cuenta esta reflexión de Víctor Granda:

¿Los cambios y transformaciones que requiere el Ecuador de hoy pueden ser ejecutados solo con la acción extraordinaria de dirigentes y líderes respaldados fundamentalmente con un mayoritario pero difuso respaldo electoral coyuntural y con solo efectos mediáticos? Nos parece que no es suficiente; sin duda la legitimidad electoral puede constituir un punto de pan ida, de arranque o de aceleración de los cambios, pero éstos no serán sostenibles sino se desarrolla la conciencia y la organización social y política del pueblo, que finalmente es el actor de las transformaciones que se han dado en la historia. Si los dirigentes no toman conciencia de esa realidad, estamos caminando hacia una decepción colectiva, a una involución histórica o a una claudicación frente a los dominadores de siempre. (Manuel Agustín Aguirre y el socialismo de hoy, p.39-40)

Durante el pasado período de Correa y en lo que ve de este tercero, las definiciones son claras. No hay cambios estructurales. Más bien se ha optado, ya de manera inocultable, por un proyecto de modernización del capitalismo. Y para ello, por desgracia, uno de los elementos favoritos es la criminalización de la protesta social, la consigna de debilitar a las organizaciones sindicales y populares, tratando de ahogarlas en un mar electoral y clientelista. Una “revolución ciudadana” es quizá buena como slogan publicitario pero no es una propuesta de transformación consistente. Un cambio social y político, aunque fuera limitado, solos será posible si el “socialismo del siglo XXI” se asienta en la participación- no en el uso clientelar- de las organizaciones sociales. Esto, empero, no sucede hay que tomar en cuenta, además serios problemas.

Es preocupante el crecimiento del Estado y el costo que ello implica. En una coyuntura de inédita elevación de los precios del petróleo, el fisco recibió enormes cantidades de ingresos públicos. El gobierno, en vez de canalizarlos al pago de deuda pública o apuntalar la acumulación de los grandes grupos económicos como han planteado los ideólogos del neo-liberalismos, los ha usado para inversiones públicas, para incrementar bonos y subsidios, para crear nuevas dependencias burocráticas y nuevos cargos, pero el crecimiento que se registra es a todas luces excesivo. Traerá como resultado un inmenso incremento de los gastos fijos y del presupuesto del estado y sobre todo cuando las rentas petroleras puedes disminuir con un decrecimiento sensible de los fondos que puede n ser destinados a la inversión.

El peso del conflicto colombiano y sus consecuencias representa un serio problema para el país. La movilización militar es costosa. Todo ello sin que Colombia y Estados Unidos los promotores del “Plan Colombia”, entreguen ningún apoyo al Ecuador. Un tema muy grave, que es el alza del costo de la vida. Este es un hecho que tiene una raíz o al menos una causa coadyuvante internacional. Pero las grandes alzas de precios que se producen, para agravarlas, en una economía dolarizada.

Las situaciones creadas por un crecimiento muy poco controlado de la contratación pública, y las irregularidades consiguientes, han hecho mella en la credibilidad del gobierno. El caso más grave es, quizá, el que el hermano mayor del Presidente hubiera realizado contratos por alrededor de ochenta millones de dólares con el Estado, a través de empresas domiciliadas en paraísos fiscales, lo cual le permite argumentar que, formalmente no tiene relación económica con el gobierno. En una realidad en que la fiscalización no existe la impunidad puede crecer.

Por lo demás el ambiente de autoritarismo y derechos de libre expresión van siendo un problema general y constante. Nos se trata de una pelea del gobierno con la gran prensa que defienda sus intereses, sino de algo mucho más grave que debe considerarse como una cuestión nacional. La represión de las manifestaciones populares, la protesta de la gente común, también son cosa de todos los días, eso limita a la democracia y la vida del pueblo.

Por lo demás, está claro que la lucha por el socialismo es una tarea mucho más ambiciosa que el combate contra el neo-liberalismo y la “partidocracia”. El socialismo no es fruto de reformas, sino de un radical esfuerzo por instaurar un sistema social distinto y superior al capitalismo. Cambiar las instituciones políticas no es suficiente, tanto más que está claro que la partidocracia no es solo un conjunto de rótulos sino también de prácticas y son esas las que hay que suprimir y evitar que se repitan. Para ello hay que ir hacia un sistema de representación asentado en la organización social y no mantener, o aun refinar, manejos de clientela, típicos de la partidocracia y el “febresborjismo”. Es preocupante que el gobierno pretenda ser la “revolución ciudadana” con figuras de los antiguos partidos del Estado, que han manejado sus pactos políticos y redes burocráticas.

Como ya las centrales sindicales lo advirtieron en su manifiesto, las medidas anunciadas para el nuevo Código Laboral ponen en peligro conquistas que se han mantenido por décadas y apuntan a reducir los derechos de los trabajadores. Todo apunta a un proyecto de “modernización” de las relaciones obrero-patronales en que se pongan las condiciones para la consolidación del un proyecto capitalista, más bien que un avance hacia el socialismo.

En muchos aspectos, sobre todo en la educación y en el "cambio de la matriz productiva" se descubre. no la voluntad de una ruptura con el gran capital y la instauración de grandes transformaciones progresistas, sino un esfuerzo de modernización refleja de la estructura social y económica. para adecuar al país a las realidades del capitalismo en este nuevo siglo. Y, dígase lo que se diga, eso es todo lo contrario del socialismo que se dijo inspiró en su origen a este gobierno.

El futuro del país en el contexto latinoamericano ofrece grandes expectativas y perplejidades. Frente a. ello, una posibilidad es ver una transición del pasado neoliberal a un futuro en que el socialismo sea. el referente de un cambio radical. Otra es que vayamos a una nueva frustración, hablando de cambio, pero preparando a nuestros países para que funcionen en dentro del sistema capitalismo mundial. Todo nos indica que ya nos estamos moviendo en esta segunda dirección.

Nadie puede pedir imposibles. Los procesos necesitan tiempo. Es verdad. Pero lo que sí se puede esperar es que el gobierno vaya, aunque fuera paso a paso, por un camino de profundización de su anunciada vocación progresista y no al revés. Por desgracia, si se trata de establecer el carácter de este gobierno, la cosa está clara: Tiene un proyecto de modernización para apuntalar el sistema. No para cambiarlo radicalmente. Y para ello, sin duda hace obras, no pocas de ellas importantes. Pero no se trata de cuantas obras haga sino de a dónde vamos con Alianza País. Y lo más grave es que se lo hace criminalizando la protesta social y combatiendo a las organizaciones.

La verdad es que no vamos al socialismo, ni a la justicia social. Por 10 que hace el gobierno, podemos ver con claridad que lo que se trata es de remendar el sistema de injusticia y desigualdad que el pueblo ha combatido siempre. El régimen del socialismo del siglo XIX", está dedicado a preparar el capitalismo del siglo XXI.

 

Enrique Ayala Mora

 Noviembre, 2013

 

 

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