Confederación Latinoamericana y Caribeña de Religiosas y Religiosos CLAR

“Salgamos aprisa al encuentro de la vida”

Bogotá, D.C., 2 de Febrero de 2018

 

EN EL DÍA DE LA VIDA CONSAGRADA

 

Muy queridas hermanas y hermanos:

¡Qué gozo celebrar hoy nuestro día enmarcado en esta hermosa fiesta de la Presentación del Señor, la fiesta de la Luz! Ser luz, es realmente nuestra vocación. Y la luz no se esconde debajo de la cama, porque tiene que alumbrar. No importa si su llama es pequeñita, o si se asemeja a un fogón. Lo importante es que esté encendida para que pueda encender otras luces; como una vela que enciende otra vela en medio de una procesión.

En este trienio de nuestro caminar como CLAR hemos expresado nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, reconvirtiendo nuestra mirada al misterio trinitario. Reconocemos que como VC estamos llamadas y llamados a ser Confessio Trinitatis. El año anterior profundizamos en lo que significa una VC que confiesa su fe en Jesús, su mayor Tesoro; y el antepasado nuestra fe en el Padre, lleno de misericordia y compasión. Ahora, antes de concluir nuestro trienio, queremos recordar lo que significa confesar nuestra fe en el Espíritu Santo que nos anima.

Una VC que confiesa que la anima el Espíritu Santo, la Ruáh Divina es una vida…

Dócil a sus invitaciones, a esas que continuamente nos hace a través de la vida cotidiana, de los encuentros, de los acontecimientos. Dócil porque se deja llevar por la Ruáh Divina, por ese soplo que siempre nos lleva lejos de nosotras y de nosotros mismos. Dócil no sólo a las invitaciones que nos hace en la conciencia, o en nuestra interioridad, sino a las que recibe continuamente a través de las mediaciones que le salen al encuentro, invitaciones que cambian la vida, la postura, la mirada.

Con capacidad de silencio, de escucha atenta. Capaz de hacer pausas, simplemente para descontaminarse de tanto ruido, de tanta información, de tanta tecnología que nos invade por los ojos, por las manos, por la mente, por la afectividad, por el corazón… Capaz de “aguantar” el silencio en los espacios explícitos de oración, el silencio de la hermana o hermano que no me dicen lo que quiero escuchar, el silencio de las amistades que a veces se ausentan, el silencio afectivo que duele y al mismo tiempo madura, el silencio de lo cotidiano que en ocasiones no produce ni pena ni gloria. Capacidad de silencio que se vuelve capacidad de acogida a la voz del Espíritu, que en ocasiones se pronuncia sólo en el silencio, y desde ahí quiere ser escuchada; silencio también en medio del bullicio que aturde y dentro del cual hay que distinguir su Voz de entre tantas otras voces. Capacidad de silencio que propicia el encuentro, porque favorece la acogida, la calidez, el respeto.

Que cuida la vida, porque el Espíritu necesita a la VC para que salga a su encuentro, a través de la atención concreta a realidades donde la vida está amenazada, donde se necesita prevenir, acompañar, sanar. Por eso, la Ruáh Divina quiere que la VC esté presente en las fronteras donde los abusos a la persona humana se silencian, donde están como gritos sordos, vergonzosamente ocultados o negados. Cada vez que prevenimos, que acompañamos, que denunciamos un abuso a la vida estamos confesando nuestra fe en la Ruáh Divina que tiene la ciencia de la Voz.

Que tiene incidencia política, porque el Espíritu es quien congrega y quien pone en nuestros corazones el anhelo del bien común. Cada vez que como VC nos preocupamos por formar en la ciudadanía, en favorecer prácticas democráticas en nuestros apostolados, que enseñamos a decir nuestra palabra y a escuchar con respeto la de los demás, confesamos que el Espíritu Santo es el que genera procesos de encarnación, de solidaridad, de compromiso con los demás.

Migrante, que pasa continuamente de la muerte a la vida, que vive traslados del yo al tú, del yo al nosotros; que vive procesos pascuales como los que vivió Jesús, quien por el Espíritu Santo resucitó y pasó de la muerte a la vida. Migrante porque comparte el viaje de quienes buscan la tierra prometida, un futuro mejor, la paz personal o familiar; porque comparte la incertidumbre del refugiado, la zozobra del “ilegal”, las historias de los que en el camino han sido ultrajados, engañados, y abandonados. Cada vez que la VC escucha una historia así, cada vez que acompaña en el camino con un poco de pan, de ropa, de acogida, confiesa que la Ruáh Divina es consuelo, refrigerio, descanso, y ánimo para seguir adelante.

Que libera, porque donde está el Espíritu está la libertad. “No hemos recibido un Espíritu de esclavos, sino de hijos”. Cada vez que la VC se acerca a las diferentes esclavitudes de nuestro siglo, está permitiendo que la Ruáh Divina sea la que libere, desencadene, impulse a la libertad. Cuando forma redes contra la trata de personas, cuando acompaña a quienes sufren las consecuencias del alcohol o de las drogas, cuando trabaja con los niños en riesgo de calle, está confesando que la Ruáh Divina nos quiere hijas e hijos, libres de cualquier “dios” que nos esclavice.

Llena de alegría, porque la Ruáh Divina es la que nos abre al gozo profundo, nos comparte la alegría de Dios. Una VC que fundamenta su alegría en su pertenencia a Dios, en su vocación; que se llena de alegría al tener hermanas y hermanos que comparten con ella el mismo techo, la misma capilla, los alimentos, el carisma, la misión, la pasión, la amistad… Una VC que es feliz con poco, y porque sabe compartir lo mucho… Llena de alegría porque tiene razones de sobra para no entristecerse, ni deprimirse; porque ni la disminución, ni el envejecimiento, ni la falta de vocaciones pueden desdibujar de su rostro el gozo de una vida entregada en favor del Reino, una vida anclada en el corazón mismo de Dios. Así confiesa que el Espíritu es gozo, y el gozo es su primer fruto; no porque no haya cruz, ni tribulación, ni “malos ratos”; no porque sea insensible ante el dolor humano, ni ante los propios límites; simplemente es feliz porque “en todo interviene Dios para su bien” y todo vale la pena con tal de alcanzar a Cristo. Esta certeza la regala el Espíritu.

Con una espiritualidad profunda, porque lo propio del Espíritu es cavar hondo, o mejor dicho, destapar nuestra profundidad sin fin. Una VC que vive desde lo profundo, es una VC que alimenta el espíritu, que cultiva la mente, el corazón, los afectos, que cultiva una profunda experiencia de Dios. Una espiritualidad que le da peso a su vida, que le da espíritu, energía, impulso, ruáh… Espiritualidad capaz de contener las luchas diarias, las edades difíciles, las crisis, los desencantos; que da libertad ante los logros, los triunfos, los protagonismos, los cargos…

María de la Visitación, la virgen llena de la Ruáh Divina, dócil al Espíritu, siga alentando nuestra VC latinoamericana y caribeña, nos conceda confesar con nuestros gestos, palabras y actitudes que somos una VC dinamizada, animada por la Ruáh del Padre y del Hijo. Que este mismo Espíritu sea, como en Ella, el paso ágil, la salida alegre, el encuentro lleno de humanidad con que salgamos aprisa al encuentro de la vida.

En Él y Ella su hermana,

 

Mercedes L. Casas Sánchez, FSpS

Presidenta de la CLAR

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