“LA VIDA CONSAGRADA NUNCA PODRÁ FALTAR NI MORIR”

Es una “parcela irremovible” de la Iglesia, dice a los obispos brasileños

 

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 5 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- El papel fundamental de la vida consagrada fue el punto central del discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió hoy viernes por la mañana a los obispos de la Región Sur II de la Conferencia Episcopal de Brasil, a quienes recibió con ocasión de su visita ad Limina Apostolorum.

“Ante la disminución de los miembros en muchos Institutos y su envejecimiento, evidente en algunas partes del mundo, muchos se preguntan si la vida consagrada sea hoy también una propuesta capaz de atraer a los jóvenes y a las jóvenes”, admitió el Papa, dirigiéndose a los prelados.

Sin embargo, observó, “la vida consagrada como tal tiene su origen en el propio Señor que escogió para Si esta forma de vida virgen, pobre y obediente”.

“Por eso la vida consagrada nunca podrá faltar ni morir en la Iglesia: fue querida por el propio Jesús como parcela irremovible de su Iglesia”.

Por ello, subrayó, deriva “la llamada al compromiso general en la pastoral vocacional”.

“Si la vida consagrada es un bien de toda la Iglesia, algo que interesa a todos, también la pastoral que busca promover las vocaciones a la vida consagrada debe ser un compromiso sentido por todos: obispos, sacerdotes, consagrados y laicos”.

Importancia de la formación

En este contexto, el Papa quiso recordar el decreto conciliar Perfectae caritatis, en el que se afirma que “la renovación de los Institutos depende sobre todo de la formación de los miembros”.

Para el Pontífice se trata de “una afirmación fundamental para toda la forma de vida consagrada”, porque “la capacidad formativa de u Instituto, tanto en su fase inicial como en las fases sucesivas, está en el centro de todo el proceso de renovación.”.

Como afirma la instrucción Caminar desde Cristo, de hecho, si la vida consagrada “es en sí misma una progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo, parece evidente que tal camino no podrá sino durar toda la vida, para comprometer toda la persona, hacerla semejante al Hijo que se dona al Padre por la humanidad”.

“Concebida así la formación, no es sólo tiempo pedagógico de preparación a los votos, sino que representa un modo teológico de pensar la misma vida consagrada, que es en sí formación nunca terminada, participación en la acción del Padre que, mediante el Espíritu, infunde en el corazón ... los sentimientos del Hijo”.

Universal y particular

Benedicto XVI recordó por tanto a los obispos que cada Iglesia particular “es el generoso punto de llegada de una misión universal, el florecimiento 'aquí y ahora' de la Iglesia universal”.

La “justa relación entre lo universal y lo particular se verifica no cuando lo universal retrocede ante lo particular, sino cuando lo particular se abre a lo universal y se deja atraer y valorar por él”.

En la Iglesia, prosiguió, “la unidad y la pluralidad no solo no se oponen sino que se enriquecen recíprocamente en la medida en que procuran la edificación del único Cuerpo de Cristo, la Iglesia, por medio del “amor que une a todos en la perfección”.

En este sentido, la comunidad religiosa, “porción elegida del Pueblo de Dios”, “enriquece a la Iglesia de la que es parte viva, antes de todo con su amor: ama a su Iglesia particular, la enriquece con sus carismas y la abre a una dimensión más universal”.