Carta de Monseñor Antonio Arregui

a sus fieles de la Arquidiócesis de Guayaquil

 

Guayaquil, 30 de agosto de 2015

 

Estimados hermanos:

 

Altas autoridades me han caracterizado como promotor de determinadas opciones políticas y electorales. Por lo que deseo compartir un par de sencillas explicaciones.

Apelo a las cartas semanales que les he dirigido, que suman ya varios centenares, para dejar en claro que nunca he tratado de favorecer ante ustedes un grupo político o un aspirante a la representación popular. No lo he hecho ni en público ni en privado. Como señaló el Concilio Vaticano II, ‘la Iglesia respeta y promueve la libertad y la responsabilidad política de los ciudadanos’ (GS 76,3), porque en el generoso marco de la fe cabe un gran pluralismo de actitudes ante las realidades de la sociedad. Nadie puede aspirar a un trato privilegiado por mi parte en razón de su afiliación política, ni puede temer un rechazo por ese mismo motivo. La Iglesia es la casa de todos y el clero católico no pregunta sobre inclinaciones políticas al predicarles la Palabra de Dios y servirles en todas las dimensiones de la actividad pastoral. No me cabe envilecer la misión episcopal al vincularla a una empresa política.

De otro lado, bien dice Santa teresa del Niño Jesús en su diálogo con Dios que ‘todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos’. No hay gobierno que lo haga todo perfectamente, incluido el que me corresponde. Por eso es natural que surja la crítica, que siempre debería ser serena y constructiva. Habitualmente, el clero católico se dedica a ayudar a los creyentes para que sean buenos cristianos y en ello se cifra su principal aporte a la vida social. Los buenos cristianos son buenos ciudadanos. Pero el anuncio del Evangelio no se reduce a dimensiones intimistas o encerradas en las sacristías, sino que se abre a todas dimensiones de la vida humana. Por eso pertenece a la misión de la Iglesia, como ha dicho el mismo Concilio, ‘emitir un juicio moral incluso sobre las cosas que afectan al orden político’. Desde luego, una elemental sobriedad hace que estos juicios se emitan en señaladas circunstancias, que revistan alguna gravedad especial. En este sentido, mis pronunciamientos de este orden han sido formulados en estrecha comunión con los hermanos Obispos del Ecuador, con el deseo de ayudar a la formación de la conciencia y sin ánimo de perjudicar o favorecer opciones políticas.

Todo ello, desde luego, en el ámbito de las libertades que tenemos todos reconocidas en la Constitución de la República. Si alguien estima que he abusado en algo, hace bien en dirigirse a mis superiores inmediatos, que son el Papa Francisco y sus colaboradores. Quienes, por lo demás, han recibido mi renuncia hace más de un año y en breve nombrarán, Dios mediante, a mi sucesor en Guayaquil.

 

Con todo afecto, su arzobispo

+Antonio Arregui