¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres!

Sal 125,3

 

Un Año, el Año de la Vida Consagrada, lleno de infinitas gracias y bendiciones, ante todo por la Visita del Papa Francisco, a nuestro país y por el empeño de cada Congregación, de cada Hermano/a por ser fieles a su Espíritu y Carisma, la reflexión y conversión sigue, las llamadas del Evangelio y del Papa Francisco, y ante todo de nuestros hermanos de las periferias, eco que no deja se resonar en cada misión emprendida.

¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres! Esto es lo que hemos podido constatar una vez más, el día dos de febrero del presente año, día en el que hemos tenido la alegría de celebrar la Clausura del Año de la Vida Consagrada y pasar la puerta Santa como VC ecuatoriana en este Año de la Misericordia, en Quito, en cada Regional, hemos sentido la unidad y la fuerza de la oración que nos mueve a seguir a Cristo, vivo y presente.

Hemos experimentado la gracia de Dios actuando en nuestras vidas y nuestras comunidades. A través de una celebración llena de símbolos y en medio de momentos de esparcimiento y reflexión hemos festejado, con gratitud y esperanza, esta fiesta tan especial.

 Ha sido el padre Rafael González, presidente de la CER quien nos ha enriquecido con su ponencia, haciendo un breve recorrido bíblico del significado profundo y existencial de la misericordia. Hemos vivido momentos especiales que nos han llevado a encontrarnos con el Dios de Jesús, a quién Él llamaba con confianza: ¡Abba!, Padre, y al cual nos invita a llamar de la misma manera, acogiéndonos a su misericordia.

 Estamos agradecidos con todos los que han colaborado en este evento, en la primera parte de la tarde al inter Postulantado, Noviciado y Juniorado, que pusieron la nota festiva, y en la segunda parte, agradecemos especialmente a Monseñor Fausto Trávez, ofm. Quien celebro la Eucaristía junto a más de cuarenta Sacerdotes. Agradecemos la presencia de los Hermanos y Hermanas, por darse este tiempo para celebrar juntos/as, como signo de fraternidad.

Viéndonos a nosotros mismos como consagrados y al mundo en el cual estamos inmersos, no nos queda otra cosa más que reflexionar sobre nuestra condición de Hermanos/as de todos y expresar en nuestras propias vidas el amor, la ternura y la compasión de Jesús.

Nos quedamos con la invitación que se nos hacía: no olvidarnos que el camino continúa. Seguimos comprometidos, como Consagrados/as, a ser testigos de la misericordia del Padre, para que, viviendo la invitación de Jn 17, 26 …“que el amor con que tú me has amado, esté en ellos”, se haga realidad en un mundo que camina en tinieblas y desea ver la luz del amor misericordioso de Dios.

 

Quito, 2 de febrero de 2016