TALLER DE ORACIÓN

Clarisas Capuchinas Sacramentarias

 

Jueves 5: “La mirada de amor Dios descansa sobre ti”

 

1. Introducción

En la oración, sientes la felicidad de existir y vivir por la mirada de amor que Dios hace descansar sobre ti.

Existes y vives de la mirada de amor que Dios hace descansar sobre ti

Sabes muy bien cómo los ateísmos modernos rechazan a un Dios que nos impediría existir como hombres libres. A este propósito, Merleau-Ponty escribía: "La conciencia muere al contacto con el absoluto". Y en cierto sentido tienen razón; si Dios fuese verdaderamente el otro, te encontrarías con la absoluta necesidad de emprender una lucha terrible para tu liberación. Pero Dios no pertenece más a la categoría "del otro" que a la categoría " del mismo".

Para Dios, crearte no significa darte el ser de una manera impersonal, no es para ti un "otro". Del mismo modo tú no puedes concebir tu relación con Dios en un trato de identidad, no eres el "mismo" que Dios. Decir que tú has sido creado por él, es afirmar al mismo tiempo que Dios no es "tú", pero que no es, tampoco, un “otro”.

Esta aparente contradicción escapa a tu expresión conceptual pero puedes percibirla en tu conciencia religiosa. Por eso debes experimentar en tu oración el lazo creador que te une a Dios. En la fuente de toda oración, se da esta toma de conciencia de la mirada de amor de Dios que te crea sin cesar. Por no empezar por esta "realidad" es por lo que muchísimas oraciones se desvanecen. Es este lazo creador el que fundamenta toda tu vida espiritual y tu oración; por eso al comienzo de un retiro, después de haber contemplado al Único, necesitas contemplar la presencia creadora de Dios. El salmo 139 desgranado lentamente puede situarte así delante de Dios, que no cesa hoy de crearte y recrearte.

Toma conciencia de tu existencia, de tu cuerpo y de tu espíritu, es Dios el que te hace ser y pensar. No te crea como a las cosas y a los seres inanimados por un querer impersonal. Dios no crea así a la persona, pues sería un acto desprovisto de sentido y los ateos tendrían razón en rechazar a un Dios que limitaría su libertad. Te crea por un acto que anticipa y fundamenta tu dignidad, es decir por una llamada. Las cosas nacen por orden de Dios, tú naces de su llamada. Dios no es pues otro sujeto situado en el mismo plano que tú, sino que es la verdadera fuente de tu ser, más cercano y más intimo a ti, que tú mismo.

"Dios ve, es decir que vuelve su rostro hacia el hombre, y por eso mismo, da al hombre su propio rostro. Soy yo mismo porque él me ve. El alma vive de la mirada de amor que Dios envía sobre ella. Se da en esto una profundidad infinita, un bienaventurado misterio. Dios es el que ve con amor; por su mirada las cosas son lo que son; por su mirada, soy yo mismo”

Esta presencia creadora de Dios que te rodea es pues una presencia universal de amor (Sal 139, 13-22). Al crearte, Dios te llama y está delante de ti como un "tú". Si existes es porque eres una obra del amor de Dios.

Orar, es sencillamente hacer consciente este diálogo existencial entre Dios y tú y entre Dios y todos los hombres. En lo más profundo, tu ser tiene una estructura dialogal. Decir "tú" a Dios en la oración, es reconocer que es la fuente de tu persona libre. Vuelve a leer los versículos 19 a 22 del salmo 139 y comprenderás que el impío es aquél que no quiere dejarse crear y hacer por esta presencia. Eres impío cuando pretendes realizarte fuera de Dios o cuando rehúsas recibirte de Dios o responder a su llamada creadora. No es que por ello seas menos libre pero entras en contradicción con tu propio ser, y si este rechazo se eternizase, sería la condenación.

Dios te hace libre para mendigar tu consentimiento a su amor creador. Orar, es aceptar y desear ser conocido por Dios.

No imites a Adán en el jardín del Edén que se oculta para escapar de la mirada creadora de Dios. Acepta el nombre propio que él te da al dirigirte su llamada. En la oración, siente la felicidad de ser la obra de la mirada de Dios, incorpórate en lo interior de este influjo creador y ofrece a Dios todo lo que tienes y todo lo que eres en un movimiento de alabanza y de acción de gracias.

Citas bíblicas Gn 1,1-39, Ex 3, 1-ss. Ex 33, 18-23. Jn 8,1-11, Mt 19, 26

 

2. Preguntas para la reflexión personal

2.1. ¿Cómo me mira Dios?

2.2. ¿Cómo me dejo mirar por Dios?

 

3. Reflexión en grupo

3.1. Repartir frases

“el rostro del hombre es maleable. Para asemejarse a Cristo, sólo basta con mirar detenidamente a aquel a quien uno quiere parecerse” Christian de Chergé

“la mejor oración es aquella en la que hay más amor, cuando el alma se queda más tiernamente, más amorosamente ante su Dios” Charles de Foucauld

“por el momento no les pido pensar en él, sin razonar demasiado, ni aplicar su entendimiento altísimas y delicadas consideraciones. Les pido dirigir su mirada sobre él” Santa Teresa de Jesús

“no decir nada, mirarte, pedirte con los ojos, agradecerte con la mirada. Cerrar los ojos porque estás ahí, abrirlos para ver tu sonrisa. Hacerme cada vez más semejante a tu imagen a fuerza de mirar” Didier Rimaud

“afirme simplemente, por su fe, que él está allí presente, y mírelo, como hace alguien que abre los ojos para mirar con amor” San Juan de la Cruz

“mira diariamente el espejo, de Jesucristo, y observa contsmente en Él su rostro para que puedas engalanarte interior y exteriormente” Sta Clara de Asís.

“con los ojos del alma deseamos contemplar los ojos de Jesús misericordioso, para poder descubrir en Él la profundidad de esta mirada el reflejo de su vida” Juan Pablo II

“la fuerza de la mira de Jesús es un de los aspectos que más impresiono a sis discípulos los evangelios hablan con frecuencia de cómo veía Él las cosas de cómo miraba” Juan Pablo II

 

3.2. Reflexión personal con la frase que le han asignado

3.3. Elaborar, a partir de la frase y su reflexión perosnal, por grupos:

Grupo 11-16-6: Canto

Grupo 12-17-7: Texto bíblico

Grupo 13-18-8: Frase

Grupo 14-19-9: Signo

Grupo 15-20-10: Oración

 

4. Plenario para preparar la Oración Comunitaria, uniendo los aspectos que cada grupo ha trabajado

 

5. Oración Comunitaria

5.1. Monición (Clarisas)

Orar es hablar, es cierto, pero sobretodo mirar. Es normal que las palabras disminuyan en un solo instante, todo estará dicho. ¿Qué hacer entonces sino seguir en el encuentro a través de una simple mirada? Nos sentimos bajo la mirada del Señor y correspondemos a esa mirada. Estamos juntos, somos felices. No una alegría que desborde en sentimientos emotivos; solo una paz y una felicidad que se extiende en nosotros. Y lo vamos a manifestar en estos momentos de adoración eucarística

5.2. Exposición del santísimo (Canto: Grupo 11-16-6)

5.3. Texto bíblico (Grupo 12-17-7)

5.4. Frase (Grupo 13-18-8)

5.5. Signo (Grupo 14-19-9)

5.6. Oración (Grupo 15-20-10)

Oración final participativa. (Cada dos intervenciones un canto)

Dios todo Poderoso y Eterno he aquí que llego al Sacramento de tu Unigénito Hijo mi Señor. Jesucristo,

Como enfermo al médico de la vida, como manchado a la fuente de la misericordia, como ciego a la luz de la eterna claridad, como pobre al Señor de cielo y tierra, como desvalido al Rey de la gloria.

Ruego. Padre, a tu infinita bondad y misericordia, que tengas a bien sanar mi enfermedad, limpiar mis manchas, alumbrar mi ceguera, Enriquecer mi pobreza, vestir mi desnudez

Para que pueda yo recibir el pan de los Ángeles, Al Rey de Reyes y Señor de los que dominan, Con tanta reverencia y humildad, Con tanta contrición y ternura, Con tanta pureza y fe, con tal propósito e intención, Como conviene para la salud de mi alma.

Padre bueno, concédeme, te ruego, recibir no sólo El Sacramento del Cuerpo y de la Sangre del Señor, Sino también la gracia y la virtud del Sacramento.

Oh Dios benignísimo, permíteme adorarte de tal manera el Cuerpo de tu Unigénito Hijo, tomado de la virgen María que merezca ser incorporado a su cuerpo místico y contado entre sus miembros.

Oh Padre amantísimo, Concédeme que logre contemplar cara a cara, por toda la eternidad a tu amadísimo hijo, a quien ahora en mi vida mortal me propongo adorar oculto bajo el velo del sacramento. Que contigo vive y reina por los siglos de los siglos amén.

5.7. Reserva del santísimo (canto final)

 

Viernes 6: “Escuchar con el corazón”

 

1. Introducción

Fuimos creados para escuchar. Escuchar la Voz amorosa de Dios que nos da el ser y la vida; escucharnos a nosotros mismos, escuchar a los que nos rodean, escuchar la voz de la creación entera que nos habla del amor del Creador.

El mundo en que vivimos nos ensordece y aturde con sus ruidos, y nos dificulta la verdadera comunicación en el amor.

Nos cuesta comunicarnos y escucharnos. Tenemos dificultades para expresarnos y compartir nuestros sentimientos. Vivimos en una cultura de incomunicación, en la que vivimos la experiencia de la soledad y el aislamiento. Necesitamos de espacios de encuentro donde podamos conocernos, compartir y escucharnos entre nosotros, para aprender juntos a escuchar a Dios que hace resonar con fuerza su Palabra en nuestras vidas.

Cuando aprendemos a escuchar, la comunicación entreteje lazos amorosos de encuentro y transforma nuestra vida en un lugar de acogida donde todos nos sentimos acompañados y vamos experimentando los frutos del amor.

Aprender a escuchar es todo un arte. Y en este aprendizaje, Jesús es nuestro maestro de escucha. Él es la verdadera Palabra de Dios que se hace escuchar en el corazón de todo hombre. Aprender a escuchar a Dios nos hace cada vez más capaces de escuchar al hermano que llega con su fragilidad, abrazar sus palabras y sus silencios. Nos ayuda a crecer en la capacidad de reflejarnos mutuamente el misterio que nos habita y a descubrir el resplandor y la luz de Cristo que brilla con toda la fuerza del amor en nuestros corazones.

Quien permane a la escucha de que en el espíritu, no resivimos llamadas paraciales sino totalizantes. La llamada en su más alto nivel se traduce en una exigencia de entrega y consagración para establecernos en el ámbito de los buscadores del Absoluto de los que guardan el silencio adecuado a la escucha de la Palabra, de los que se despojan de todo para estar al servicio del Hacedor de todo, por quien todo existe y en quien todo subsiste, esta llamada solo se realiza como autenténtico estilo de vida en la serenidad y en el ejercicio de interiorización, de encuentro con la propia realidad para descubrir en el hondo del alma al Creador. Este talente enriquecido de la sencillez y simplicidad de una liturgia vivida no solo en la bella solemnidad de la albanza coral sino también en el trabajo y en el compartir con los hermanos.

Citas bíblicas: Dt 6, 4-6; 1Sam 3, 1-10; salmo 94; 1Sam. 15-16; Neh. 1,11; Sal. 28,1; Prov. 5,1.

 

2. Reflexión personal

El encuentro como fiesta interior.

Hombre y mujer los creó el amor y los colocó en el Edén cuando seducidos por el ambicioso orgullo, la espada de fuego los arrojó del paraíso perdieron la intimidad cotidiana con su Creador y Padre. Y despojados de la invisible túnica de su noble inocencia, erraron por la desnudez árida de su corazón, en busca del amor y la amistad; perdida más tarde, el corazón de Abel se convirtió en lugar de encuentro, en nido de envidia el de Caín. Y la teofanía se hizo para el hombre sólo asombro y excepción.

Vivimos con Abraham la confiada espera en la excepcional promesa; se hará historia de amor que engendra pueblos pues su diario vivir es vida entregada en fe y alabanza. Siempre estamos llamados a sentir el calor reconfortante junto al pesebre, en la más portentosa y oculta manifestación que jamás pudiera imaginarse. Visitemos, en la oscuridad de nuestro corazón, al que nació de noche. Y amanecerá en nosotros el día sagrado de nuestra salvación, que solo puede alcanzar la humilde aceptación del poderoso humillado. Sí, escuchemos, recojamos y admiremos en nuestro corazón con aquella que en su corazón supo escuchar, admirarse, guardar todas las maravillas que el Creador hizo en ella.

Entremos en el aposento de nuestro corazón y, después de cerrar la puerta, tendremos luz suficiente para encontrar al Padre y ser vistos por Él. No pidamos señales prodijiosas para que pueda obrarse en nosotros el milagro de la gozosa intimidad. No añoremos honores, que ahogan el ruido de la brisa suave del soplo delicado. Ensanchémonos al aspirar la sutil fragancia de una Presencia que solo se persive en el sociego del silencio interior.  Hagamos de nuestro corazón Betania por la escuha expectante y amorosa de quien quiere ser para nosotros lo único necesario.

 

2.1. Salmo 28

Hijos de Dios, aclamad al Señor, aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor, postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

La voz del Señor sobre las aguas, el Dios de la gloria ha tronado, el Señor sobre las aguas torrenciales.

La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica,

la voz del Señor descuaja los cedros, el Señor descuaja los cedros del Líbano.

Hace brincar al Líbano como a un novillo, al Sarión como a una cría de búfalo

La voz del Señor lanza llamas de fuego, la voz del Señor sacude el desierto, el Señor sacude el desierto de Cadés.

La voz del Señor retuerce los robles, el Señor descorteza las selvas. En su templo un grito unánime: ¡Gloria!

El Señor se sienta por encima del aguacero, el Señor se sienta como rey eterno.

El Señor da fuerza a su pueblo, el Señor bendice a su pueblo con la paz.

 

2.2. Salmo 129

Desde lo hondo a ti grito, Señor:

Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor,

como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa:

y él redimirá a Israel de todos sus delitos.

 

2.3. Salmo 145

¡Aleluya!

Alaba, alma mía, al Señor:

alabaré al Señor mientras viva, tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes, seres de polvo que no pueden salvar:

exhalan el espíritu y vuelven al polvo, ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob, el que espera en el Señor su Dios, que hizo el cielo y la tierra,

el mar y cuanto hay en él; que mantiene su fidelidad perpetuamente,

que hace justicia a los oprimidos, que da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos,

el Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos,

el Señor guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados

El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.

¡Aleluya!

 

2.4. Salmo 81

Escucha pueblo mío, que doy testimonio contra ti, ojala me escuchar, Israel, no tendrás un dios extraño, no adoraras un dios extranjero

Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, abre la boca, y te saciaré.

Por eso los abandone a la dureza de su corazón, a merced de sus caprichos

Ojalá me escuchara mi pueblo, y siguiera Israel mi camino, inmediatamente humillaría a sus enemigos, castigaría a sus adversarios

Los enemigos del Señor te adularían y su suerte quedaría fijada, yo alimentaria a Israel con lo mejor del trigo, lo saciaría con miel silvestre

 

2.5. Salmo 116

Aleluya!

Yo amo, porque Yahveh escucha mi voz suplicante;

porque hacia mí su oído inclina el día en que clamo.

Los lazos de la muerte me aferraban, me sorprendieron las redes del seol; en angustia y tristeza me encontraba,

y el nombre de Yahveh invoqué: ¡Ah, Yahveh, salva mi alma!

Tierno es Yahveh y justo, compasivo nuestro Dios;

Yahveh guarda a los pequeños, estaba yo postrado y me salvó.

Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque Yahveh te ha hecho bien.

Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, y mis pies de mal paso.

Caminaré en la presencia de Yahveh por la tierra de los vivos.

¡Tengo fe, aún cuando digo: «Muy desdichado soy»!,

yo que he dicho en mi consternación: «Todo hombre es mentiroso».

¿Cómo a Yahveh podré pagar todo el bien que me ha hecho?

La copa de salvación levantaré, e invocaré el nombre de Yahveh.

Cumpliré mis votos a Yahveh, ¡sí, en presencia de todo su pueblo!

Mucho cuesta a los ojos de Yahveh la muerte de los que le aman.

¡Ah, Yahveh, yo soy tu siervo, tu siervo, el hijo de tu esclava, tú has soltado mis cadenas!

Sacrificio te ofreceré de acción de gracias, e invocaré el nombre de Yahveh.

Cumpliré mis votos a Yahveh, sí, en presencia de todo su pueblo,

en los atrios de la Casa de Yahveh, en medio de ti, Jerusalén.

 

2.6. ¿Cómo interiorizo la voz de Dios?

 

3. Reflexión en grupo

3.1. Reflexionar los siguientes salmos

Grupo 11-16-6: Salmo 28

Grupo 12-17-7: Salmo 129

Grupo 13-18-8: Salmo 145

Grupo 14-19-9: Salmo 81

Grupo 15-20-10: Salmo 116

3.2. Elaborar un salmo u oración (para la oración de la tarde)

Grupo 11-16-6: Oración

Grupo 12-17-7: Salmo de súplica

Grupo 13-18-8: Salmo de alabanza

Grupo 14-19-9: Salmo de agradecimiento

Grupo 15-20-10: Oración

 

4. Plenario para preparar la Oración Comunitaria, uniendo los aspectos que cada grupo ha trabajado.

 

5. Oración Comunitaria

Monición (Clarisas)

El Señor habla al corazón, no es una voz que se pueda oír, es una presencia que se percibe y se manifiesta al interior. Dios se dirige a nosotros no a través de nuestros sentidos exteriores, sino volviéndose sensible al corazón despierto. Comencemos estos momentos de diálogo y de escucha a través de su palabra.

Entronización de la Palabra (Canto “Balada del camino”)

Oración (Grupo 11-16-6)

Salmo de súplica (Grupo 12-17-7)

Salmo de Alabanza (Grupo 13-18-8)

Salmo de Gratitud (Grupo 14-19-9)

Lectura bíblica: Lc. 1, 26-38 (por la secretaria del día)

Silencio

Oración (Grupo 15-20-10)

Padre Nuestro

Ofrecer los textos de esta oración como incienso de la tarde (quemar)

 

Sábado 7: “El camino de la esperanza”

 

1. Introducción

El Adviento es un tiempo para que los religiosos y las religiosas recuperemos nuestra dignidad y nuestra belleza. Dios se empeña en decirnos que las cosas no son como las vemos, que nosotros no somos como nos vemos; rompe los viejos esquemas y nos regala una mirada nueva. Nos dice que los montes se abajan y los valles se nivelan, que las estepas se convierten en manantiales y los desiertos en jardines. Así queremos vernos, con la mirada creativa y embellecedora de Dios. Dios, en el Adviento, habla muy bien de nosotros y de todos. Merece la pena escucharle. “No te pongas en menos ni repares en migajas que se caen de la mesa de tu Padre. Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella, y alcanzarás las peticiones de tu corazón” (San Juan de la Cruz). La conversión de nuestra mirada no viene motivada por el entorno ni por nuestras fuerzas, sino por la gratuidad amorosa de Dios.

Así podemos decir que los religiosos y religiosas somos personas de camino y, por nuestra capacidad de preguntarnos, de admirarnos, de escaparnos hacia nuevos horizontes, de orientar la mirada hacia el futuro para creer en los paisajes que todavía no existen, somos símbolo y podemos salir a la plaza pública para entablar, con palabras claras y sencillas, un diálogo abierto, verdadero, con los que se preguntan cómo se aprende el arte de vivir y van en busca de sentido para la vida. Al caminar, nos encontramos con otros peregrinos con los que podemos entretejer y sacar a la luz un futuro mejor para los más pequeños y los más pobres.

Somos continuadores de los místicos y los profetas, aquellos que, nadando contracorriente, nos dieron esperanzas para andar y que, antes de irse, nos dijeron lo que sabían de Dios y nos dieron lo que les hacía vivir de esa manera tan fascinante. Ellos y ellas, dejando tras de sí un rastro de “una nueva primavera en libertad y anchura y alegría del Espíritu” (San Juan de la Cruz), nos invitan al éxodo, a ser raíz más que follaje, melodía profunda más que charanga superficial, palabra de aliento y esperanza más que profetas del desaliento.

Es verdad que los tiempos son recios y que se nos mete por debajo de la puerta el desaliento, pero aún así queremos acoger el consejo de nuestro hermano Agustín: “Tal como suelen cantar los caminantes: canta, pero camina; consuélate en el trabajo cantando, pero no te entregues a la pereza; canta y camina a la vez”. El camino es canto y trabajo. ¿En los tiempos sombríos cantaremos también? En los tiempos sombríos cantaremos también. Porque, después del encuentro con Cristo, no podemos dejar de tomar la vida agradecidamente.

Este deseo de seguir abiertos para aprender a vivir en plenitud nos lo regala el Espíritu creador, que hace nuevas todas las cosas y despierta en nosotros y en nosotras las más insospechadas posibilidades. Alegramos al Espíritu cuando cultivamos este deseo y “somos fragancia de Cristo” (2Cor 2,15). “Jesús pretende mostrar, en nosotros y en nosotras, el lujo de la bondad que aletea en todo lo que existe” (Eloy Bueno).

La reflexión común y la oración común en el Adviento nos abren a un tiempo de gracia, aun en medio de las dificultades. “Llegará el día en que quizás sea imposible hablar abiertamente; pero rezaremos, haremos lo que es justo. Y llegará el tiempo de Dios” (Hermano Roger). Dios tiene contraída con la humanidad una deuda de amor, porque nos ha hecho muchas promesas, que ha sellado con su letra. Con esas promesas de Dios, que nos han puesto en camino hacia la libertad y la verdad, podemos afrontar las dificultades más grandes. Los problemas llaman a nuestra puerta queriendo doblegar nuestra esperanza, pero las promesas de Dios guardadas en el corazón nos lanzan a la aventura de una vida teologal.

1.1. ESPERA

Gn. 29.20.

Heb. 6.15.

1.2. ESPERANZA

Job 13.15.

Job 19.25-26.

Sal. 9.18.

Sal. 42.5; Jr. 31.15-17.

Sal. 71.5.

Prov. 13.12.

Is. 60.1-2.

Jr. 42.1-22.

Jr. 48.47.

Lam. 3.21.

Os. 2.15.

Os. 12.6.7

Joel 2.3.

Miq. 7.7.

Rm. 4.18.

2Tes. 2.16-17.

Heb. 6.19.

1Pe. 1.3.

2Pe. 1.13-14.

1.3. CAMINATA

Dt. 8.4.

1Sam. 30.10, 21.

Sal. 17.5.

Prov. 4.18-19,25,27.

Prov. 30.29-31.

Is. 52.7; Nah. 1.15;  Rm. 10.15.

Jn. 7.1.

Rm. 6.4; Ga. 5.16;  Ef.4.1-32.

Col. 2.6.

1.4. CAMINO

Nu. 20.19.

Dt. 2.27.

1Re. 2.2.

2Cró. 16.1.

Esd 8.21-23.

Prov. 14.12; 16.25.

Prov. 16.17.

Is. 11.16.

Is. 35.8 10.

Is. 40.3-4; 43.19; Mt. 3.1-3.

Is. 57.14.

Jr. 31.21;  Ez. 21.19.

Mt. 7.13-14.

Lc. 10.30-37.

Hch. 8.26.

 

2. Reflexión personal

2.1. ¿Cómo haces camino desde tu propia vocación?

2.2. ¿Qué signos vocacionales has descubierto a lo largo de tu camino de fe?

 

3. Reflexión en grupo

3.1. ¿Qué actitudes debemos tener para andar por los caminos de Dios?

3.2. Elegir un signo por grupos que represente ese camino, según el afiche que se les entrega. (Tener preparados los afiches P. Jesús)

3.3. Elaborar una petición para las “preces espontáneas” de la Oración Comunitaria.

 

4. Plenario para preparar la Oración Comunitaria, uniendo los aspectos que cada grupo ha trabajado.

 

5. Oración Comunitaria

5.1. Monición

Dios está presente en nuestra vida. Los acontecimientos de la vida son un camino natural para entrar en contacto con Dios. Es necesario buscar la presencia de Dios en nuestra vida y descubrir qué es lo que Dios quiere de nosotros. Esta búsqueda y este descubrimiento son ya una oración. Estar atentos a lo que Dios quiere de nuestra vida es hacer oración y nos invita a colaborar con Él

5.2. Canto: “Vamos a preparar el camino”

5.3. Ofrecer los signos de cada grupo, e ir encendiendo una vela al término de cada intervención. (Cantos interleccionales)

 

5.4. Texto bíblico; Lc 3,3-7 (proclamado por la secretaria del día)

5.5. Preces espontáneas

Una por cada grupo

Respuesta cantada: Ven Salvador, ven sin tardar, tu pueblo santo esperando está

5.6. Pasar a recoger una actitud.

Cinco recipientes con agua con 15 flores de papel cada una

5.7. Oración final (por todos)

Mi espíritu y mi corazón están alerta como los ojos del centinela.

 

Estoy esperando. Te busco, Señor. Estoy en vela. ¡Es adviento!

Te busco en la oración y Tú me abres, Señor, como un amigo

siempre presente, cuando se llama a la puerta.

 

Te busco en el Evangelio y Tú te acercas, Señor, como un amigo

siempre presente, cuando se le pide luz para atravesar la noche.

 

Te busco en la Eucaristía, con los otros cristianos,

y por tu Palabra y tu Pan vienes a mí, Señor, como un amigo

siempre dispuesto a ofrecer lo mejor que tiene.

 

Te buscamos cada día y te vemos, Señor,

donde se siembra la alegría,

dónde se elimina la mentira, donde se suprime la injusticia.

 

Para encontrarte, Señor, ¡hay que estar en vela!

Tú estás a la puerta y llamas.

Llamas al espíritu y al corazón.

Maranatha, ¡Ven Señor Jesús!

¡Cuando vayas a orar entra en tu casa, cierra la puerta y ora a tu Padre que esta en los secreto!