UN AÑO CON EL PAPA FRANCISCO

“Es de bien nacidos ser agradecidos”

MARI PAZ LÓPEZ SANTOS, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

MADRID.

 

ECLESALIA, 14/03/14.- Recordé hace unos días que en breve el Papa Francisco cumplía su primer año de Pontífice de la Iglesia Católica. ¿A qué suena rara la palabrita para designar a este Papa?

 

La palabra “pontífice” viene del latín y se coló en la Iglesia cuando ésta se convirtió en Estado, como parte de la herencia del Imperio Romano. Pontífice es “el que construye puentes entre Dios y los hombres”. Pero este Papa, además de tender puentes, lo que hace es vadear ríos para acercarse a unos y a otros; mojándose y mojándonos. Lleva en su mochila interior el manual y el estilo para el camino: el Evangelio de Jesús como mensaje de alegría para el mundo.

Siguiendo su trayectoria de 365 días, y desde el primer instante al salir al balcón del Vaticano para presentarse al mundo, inició un tratamiento de choque empezando por los detalles más externos: sus vestimentas papales exhibían una sencillez a la que estábamos poco acostumbrados. Después vino una mirada de estremecimiento ante la multitud de la Plaza Vernini y ante los medios de comunicación a nivel mundial; luego una sencilla petición: orar todos juntos.

He vuelto a leer mis deseos escritos el pasado año mientras se celebraba el cónclave; lo que le pedía al futuro nuevo Papa (ECLESALIA, 14/03/13). Todavía tengo que pellizcarme para no creer que esto es ensoñación… hay cosas que se están encaminando en la Iglesia: está cayendo mucha hoja seca, se están abriendo ventanas para que entre el aire fresco del Espíritu y puertas para acoger a quien se acerque. Se están haciendo cosas inimaginables hace sólo trece, catorce, quince meses… y muchos años atrás.

Por delante hay mucho por hacer, mucha paciencia que administrar, pero los signos de esperanza animan a la espera y los de alegría, a quitar el color gris de las relaciones.

Como dice el refrán que “es de bien nacidos ser agradecidos” quiero dar gracias a Dios doce veces, una por mes, desde el nombramiento del Papa Francisco:

Gracias porque sabe conmoverse sin vergüenza.

Gracias porque pide que oremos por él, mostrando su propia debilidad.

Gracias porque sabe agacharse y besar.

Gracias porque sigue usando unos zapatos que indican que hay mucho camino por delante por recorrer juntos.

Gracias porque no le gusta vivir solo: come, reza y celebra la Eucaristía de forma cercana.

Gracias porque deja que los niños se acerquen a él.

Gracias porque se moja contra los poderes del mundo y los denuncia como en Lampedusa.

Gracias porque dialoga y contesta preguntas.

Gracias porque ha cogido la escoba para barrer la mugre interior de la Iglesia.

Gracias porque a los pobres les da prioridad; a los laicos mayoría de edad; y a las mujeres más amplio espacio vital en la Iglesia (aunque de sacerdocio, de momento, “ná de na”).

Gracias porque habla con un lenguaje que puede entender el que estudió y el que no pudo; el teólogo y el recién converso; el que trabaja el campo y la que acabó su tesis doctora, todos. ¡Ah… y no olvida el Concilio Vaticano II y la Teología de la Liberación.

Gracias por la Exhortación “LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO” (EVANGELII GAUDIUM)

Ahí va mi agradecimiento en 12 entregas, que podrían ser más. Sigamos orando por el Papa Francisco como él mismo nos pidió.

 

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