CONCLUSIONES DEL ENCUENTRO DE FUERZAS MISIONERAS DEL CELAM

“Hemos hallado al Mesías” (Jn 1,41)

 

En Bogotá, del 4 al 7 de mayo de 2010, convocados/as por la sección Misión Ad Gentes del departamento Misión y Espiritualidad del CELAM, nos reunimos las fuerzas misioneras de América Latina y el Caribe (obispos, sacerdotes, religiosos/as, institutos seculares y laicos/as) con el propósito de compartir las experiencias misioneras en nuestras Iglesias locales, el proceso que vivimos como discípulos/as misioneros/as en el marco de la Misión Continental y, particularmente, nuestra conciencia misionera ad gentes.

Nuestra acción misionera, ¿a qué modelo misión y de Iglesia responden? ¿Cómo vivimos la conversión pastoral que busca pasar de “una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera” (DA 370)? Como discípulos/as misioneros/as, ¿estamos “dispuestos a ir a la otra orilla” (DA 376, 379, cf. 360), es decir, a salir, mirar hacia afuera, anunciar la Buena Noticia de Jesucristo allí donde todavía no es conocido como enviado de Dios para la salvación de la humanidad? ¿No será que la Misión Continental se está reduciendo a una misión simplemente ad intra, perdiendo así su dimensión ad gentes?

Algunas constataciones

Valoramos la iniciativa del CELAM en convocarnos a este encuentro que nos ha permitido comenzar a conocernos como fuerzas misioneras, intercambiar experiencias, enriquecernos mutuamente entre todos/as (obispos, presbíteros, consagrados/as, laicos/as…), pues constatamos la poca coordinación entre nuestros organismos eclesiásticos (Obras Misionales Pontificias, Conferencias Episcopales, Iglesias locales…) y el poco conocimiento de las fuerzas misioneras por parte de las Conferencias Episcopales y del mismo CELAM.

Vemos con satisfacción el encuentro entre la Comisión ad hoc y la Comisión Ad Gentes del CELAM, que esperamos sea el inicio de un trabajo conjunto entre las fuerzas misioneras de nuestro continente. Redescubrimos la necesidad de la importancia de la Misión Continental que ha de conducir necesariamente a un mayor compromiso ad gentes. Notamos, sin embargo, la escasa presencia misionera en los nuevos areópagos: política, artes, universidades, comunicación, mundo digital… De allí la urgencia de un mayor compromiso en la formación y animación a la misión.

Notamos en general una progresiva disminución del envío y de la animación misionera ad gentes, tanto en el CELAM como en los congresos misioneros americanos ya realizados (CAM 4: 22‐27 enero de 2013 en Maracaibo, Venezuela). En este último caso, es un hecho significativo la reducción del antiguo Departamento de Misiones a simple sección Ad Gentes, que denuncia ya el reducido espacio que tiene la Misión en la estructura institucional de nuestra Iglesia. Creemos que urge reconsiderar esta situación. Valoramos la presencia de los centros de formación misionera en algunos países, que en sus diversas modalidades (presenciales, semi‐presenciales, virtuales, a distancia) constituyen espacios de preparación académica y vivencial y que todavía no son suficientemente aprovechados por el pueblo de Dios. La escasa preparación misionera en general y Ad Gentes en particular, desde el seminario y casas de formación religiosa, de muchos presbíteros y religiosos/as – e incluso de algunos obispos – representa también una causa del lento proceso en el despertar de la dimensión misionera Ad Gentes en nuestra Iglesia Particular.

Apreciamos con alegría los esfuerzos que realizan las conferencias episcopales e Iglesias locales en el proceso de la Misión Continental, en apertura al impulso del Espíritu Santo. Por los datos recibidos, este camino surge del conocimiento y estudio de la realidad, busca promover el encuentro personal con Jesucristo en la vida personal y comunitaria, particularmente en las parroquias y pequeñas comunidades cristianas, donde se redescubre la Buena Noticia de Jesucristo. La dimensión misionera comienza a plasmarse, no sólo en los planes globales sino en las expresiones concretas de las Iglesias locales: pastoral ordinaria y familiar, catequesis de iniciación, gestos cotidianos, compromiso por la justicia, la paz y la integridad de la creación. No obstante, a pesar de la animación del CELAM, no pocos agentes de pastoral consideran la Misión Continental como una actividad paralela a la pastoral ordinaria.

Constatamos en algunos sectores que nuestra Iglesia tiene todavía un estilo piramidal, con fuerte clericalismo, donde los/as laicos/as no tienen aún su participación efectiva en la Misión Continental y Misión ad gentes. Vemos el difícil comienzo del laicado, particularmente de la mujer, en la Misión ad gentes, que no siempre encuentra el apoyo necesario en las instituciones eclesiásticas y religiosas. De allí que urge seguir profundizando la corresponsabilidad de trabajo y animación entre todos/as los/as bautizados/as teniendo como objetivo el encuentro personal y comunitario con Jesucristo vivo y su anuncio explícito con el testimonio de la propia vida a todos los hombres y mujeres del mundo, también más allá de nuestras fronteras.

Nuestras convicciones

Recordamos que nuestra misión está profundamente enraizada en el misterio trinitario: la misión es antes que nada Misión de Dios, que se ha revelado en la Misión del Hijo, con el protagonismo activo del Espíritu Santo (AG 2, RM 21) y está presente como “semillas del Verbo” en todas las culturas y religiones. La misión de la Iglesia, al igual que la del Hijo, encuentra su origen precisamente en la misión de Dios Padre. De modo que todo anuncio misionero o conduce al Padre o no alcanza su meta: todo anuncio que no desemboca en el encuentro con el Padre, no es misión cristiana, pues el Verbo desde la eternidad está dirigido hacia el seno del Padre, hacia la Paternidad, hacia el Misterio Último, Inefable (Jn 1,1‐2).

Nuestra misión es universal, tiene su fundamento en el Verbo, que es vida y luz para todas las personas sin exclusión: “luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene al mundo” (Jn 1,9); fuente de plenitud que siempre genera vida nueva, auténtica. De modo que es discípulo/a misionero/a toda persona que lleva a su interlocutor/a a vivir la experiencia de la filiación divina, en el encuentro con el Padre, en el misterio. Para ello el/la discípulo/a debe realmente arriesgarse a creer en el Verbo, en su encarnación (Jn 1,14), lo que significa asumir el mundo (Jn 1,9‐11), la realidad humano‐cósmica en todas sus dimensiones, pues lo que no es asumido no es redimido. Nuestra misión hoy ha de estar en sintonía creativa con la creación que gime con dolores de parto (Rom 8,22‐23) y debe estar al servicio del Reino de Dios.

Meditamos en el evangelio de San Juan cómo los primeros discípulos eran personas inquietas, en búsqueda, abiertas a la revelación, que aceptaron la invitación de Jesús para ir con él, verlo, permanecer, hacer experiencia de su misterio gratuito; es esta experiencia precisamente que los convierte en apóstoles, misioneros, y así pueden exclamar con gozo: “Hemos encontrado al Mesías” (Jn 1,41). Es un texto que nos interpela hoy a vivir nuestro encuentro personal con Jesús en los diversos acontecimientos, personales, relaciones sociales, religiosos, cósmicos…, con una profunda capacidad de escucha de la alteridad, de discernimiento evangélico, de aprendizaje constante, de apertura a las nuevas realidades que interpelan nuestras convicciones aparentes, nuestros esquemas mentales, y tal vez algunos paradigmas misioneros anacrónicos o caducos…; así, mientras escuchamos y aprendemos, anunciamos a Jesucristo con nuestra experiencia de vida, con nuestro testimonio, a veces silencioso, con la profunda convicción de que la Misión es en definitiva de Dios.

En sintonía con el documento de Aparecida, reafirmamos que nuestra misión de discípulos/as misioneros/as será posible si realmente vivimos en Jesucristo al menos tres requisitos mínimos: la gratitud ante la vida donada, la alegría en las relaciones compartidas y la buena noticia (evangelio) que descubren nuestros/as interlocutores/as. Si no vivimos estas tres condiciones, tampoco podremos comunicar la vida plena en Jesucristo, su estilo de vida (DA 356), punto de llegada de toda misión, y menos aún ser misioneros/as ad gentes. Por tanto, es urgente que sigamos profundizando las cuatro dimensiones propuestas para nuestro itinerario cristiano: redescubrimiento de nuestra vocación cristiana; su carácter comunitario, relacional e intercultural; necesidad de cualificada formación en todos sus niveles; y compromiso misionero cotidiano. A pesar de nuestros límites, queremos conocer, amar y anunciar a Jesús con alegría (DA 278e).

Recordamos que la Misión Continental comporta necesariamente un cambio de mentalidad en todo/a creyente: quien quiera ser misionero/a debe hacerse discípulo/a; ha de dar testimonio de la propia conversión; debe ir “la otra orilla”, salir al encuentro de los/as interlocutores/as, con especial atención a los alejados, a quienes son culturalmente diferentes, y a quienes viven lejos de nuestras fronteras geográficas. La misión es una vocación, una vocación a la santidad (RM 90), a vivir según el estilo de Jesús (DA 363), en apertura gozosa a los signos de los tiempos, a “dejarse guiar por el Espíritu” (Gal 5,18). Este proceso supone un encuentro personal con Jesucristo, en la Eucaristía y los Sacramentos, en especial, por medio de su Palabra, a través de la lectio divina, que ha de formar parte de la pastoral ordinaria en nuestras Iglesias locales. Responsables de la misión son todos los miembros de la Iglesia local en su diversidad de carismas y ministerios, en un trabajo de corresponsabilidad.

Algunos compromisos

Al final de nuestro encuentro, sugerimos algunas acciones concretas para impulsar la Misión Continental y revitalizar el espíritu misionero Ad Gentes desde la animación del CELAM:

‐ El Obispo Responsable de Misiones(Presidente de la Comisión Episcopal de Misiones), promueva, en las Conferencias Episcopales, zonales y diócesis encuentros de fuerzas vivas misioneras (OMP, institutos y congregaciones misioneras, misioneros populares, institutos seglares ad gentes, laicos misioneros ad gentes) al menos dos veces al año. En particular, mediante el Directorio Misional, organice y coordine el trabajo conjunto de las fuerzas misioneras, con el espíritu de la misión ad gentes, a nivel nacional y diocesano. Asimismo, es urgente que impulse, en especial la organización de los/as misioneros/as laicos/as a quienes ofrecer el apoyo institucional creando estructuras para la formación y el envío a la Misión ad gentes. Acompañe igualmente el envío ad gentes de los Religiosos/as de los institutos misioneros.

‐ El Obispo Responsable y el Director de las OMP insistan en la urgencia de organización, formación específica y creación de redes nacionales, regionales y continentales de las fuerzas misioneras en especial la de laicos/as misioneros/as Ad Gentes con el apoyo de los obispos y conferencias episcopales de cada país.

‐ Los Obispos Responsables de la formación sacerdotal en los Seminarios, promuevan la transversalidad misionera y misionológica de todas las disciplinas teológicas y en la formación pastoral de los aspirantes al presbiterado en los Seminarios, en los Centros de formación religiosa y en las Universidades. Recuerden al presbítero que su consagración es para la Iglesia Universal. Para ello es necesario revisar los textos académicos de los Seminarios según los objetivos de la Misión Continental y Misión ad gentes. ‐ Sugerimos a las Conferencias Episcopales la urgencia de incluir la dimensión misionera en los planes pastorales de las Iglesias locales. De allí la necesidad de promover y difundir la animación misionera de las Iglesias Particulares y las Obras Misionales Pontificias, como la Infancia Misionera, Juventud Misionera y Familias Misioneras, como vía concreta de animación misionera en las diócesis y parroquias.

‐ Sugerimos continuar la colaboración mutua entre la Comisión de Misión Continental ad hoc y la Sección de Misión Ad Gentes del CELAM en la animación continental con el objetivo principal: el mejor fruto de la Misión Continental es la misión ad gentes. Asimismo, sugerimos que los Directivos del CELAM estudien la posibilidad de retomar el Departamento de Misión, como lo fuera el antiguo DEMIS.

‐ Proponemos a los organizadores del CAM 4 que tengan en cuenta la explícita dimensión misionera Ad Gentes como objetivo central del Congreso y que a los organizadores de los simposios misionológicos previos al CAM 4, inviten también a miembros vinculados a la sección Misión Ad Gentes del CELAM.

Bogotá, 7 de mayo de 2010