VIDA RELIGIOSA
Agenda de la XLII Asamblea General de la CER - 2017 (2)

Agenda de la XLII Asamblea General de la CER - 2017 (2)

¿Qué nos dice y qué decimos... sobre la realidad del Ecuador (2)

¿Qué nos dice y qué decimos... sobre la realidad del Ecuador (2)

Canonización de Faustino Míguez

Canonización de Faustino Míguez

Afiche de la semana teológica 2017

Afiche de la semana teológica 2017

Congreso de la CER Manabí

Congreso de la CER Manabí

LITURGIA
Búsqueda creativa

Búsqueda creativa

En actitud de conversión

En actitud de conversión

Creer en el amor

Creer en el amor

Los pobres son de Dios (22 octubre 2017)

Los pobres son de Dios (22 octubre 2017)

Invitación (15 octubre 2017)

Invitación (15 octubre 2017)

GENERALES
Cuestionario para el Sínodo de jóvenes

Cuestionario para el Sínodo de jóvenes

6º Boletín de prensa de Caritas Ecuador

6º Boletín de prensa de Caritas Ecuador

Divulguemos la Encíclica Laudato Si

Divulguemos la Encíclica Laudato Si

Cambio climático: 12 claves de la cumbre de París

Cambio climático: 12 claves de la cumbre de París

Jornadas nacionales de Pastoral Social

Jornadas nacionales de Pastoral Social

NOTICER
Convocatoria  Asamblea Anual de Superiores/as Mayores

Convocatoria Asamblea Anual de Superiores/as Mayores

La Supervivencia Amazónica es Presentada en un Libro

La Supervivencia Amazónica es Presentada en un Libro

Afiche del Domund 2017

Afiche del Domund 2017

Canonización del P. Faustino Míguez

Canonización del P. Faustino Míguez

Encuentro de AFICER 2017

Encuentro de AFICER 2017

AVISOS
Comunicado de la Red Contra la Trata de Personas

Comunicado de la Red Contra la Trata de Personas

Invitación a Retiro con el P. Luke Rodrigues sobre ecología

Invitación a Retiro con el P. Luke Rodrigues sobre ecología

Anudando (Espacio de Formación Integral de las Mujeres)

Anudando (Espacio de Formación Integral de las Mujeres)

Talleres del Centro Bíblico Verbo Divino

Talleres del Centro Bíblico Verbo Divino

Las siete palabras de Cristo en la cruz

Las siete palabras de Cristo en la cruz

ECLESIAL
Simposio internacional sobre "Amoris laetitia"

Simposio internacional sobre "Amoris laetitia"

Homilía en la Misa por los fieles difuntos

Homilía en la Misa por los fieles difuntos

Sínodo de la Amazonía

Sínodo de la Amazonía

Visita ad limina de los Obispo del Ecuador

Visita ad limina de los Obispo del Ecuador

Abrirse a la posibilidad de perdonar

Abrirse a la posibilidad de perdonar

VI SEMANA TEOLÓGICA DE LA VIDA CONSAGRADA EN EL ECUADOR 2014

 

MÓDULO 1

 

La ALEGRÍA de ser hijos/as amadas de Dios

 

 

1. FRANCISCO NOS DICE….

“San Pablo en su Carta a los Romanos escribe: ustedes “han recibido el espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios ‘¡Abba!’ Padre "(Rom. 8:15). Es precisamente el Espíritu que hemos recibido en el Bautismo, que nos enseña, nos lleva a decir a Dios: ‘Padre’ o, más bien, ‘Abba, Papá’. Por lo tanto, nuestro Dios es un papá para nosotros. El Espíritu Santo realiza en nosotros esta nueva condición de hijos de Dios. Y éste es el mejor don que recibimos del Misterio pascual de Jesús. Y Dios nos trata como hijos, nos comprende, nos perdona, nos abraza, nos ama aún cuando cometemos errores. En el Antiguo Testamento, el profeta Isaías afirma que aunque una madre pueda olvidarse del hijo, Dios nunca nos olvida, en ningún momento (cf. 49,15). ¡Y eso es hermoso, es muy hermoso!

Sin embargo, esta relación filial con Dios no es como un tesoro que conservamos en un rincón de nuestra vida, sino que tiene que crecer, hay que alimentarla todos los días (…). ¡Podemos vivir como hijos! ¡Podemos vivir como hijos! Y esta es nuestra dignidad. ¡Comportarnos como verdaderos hijos! Esto quiere decir que cada día debemos permitir que Cristo nos transforme y nos haga semejantes a Él; significa tratar de vivir como cristianos, tratar de seguirle, incluso si vemos nuestras limitaciones y nuestras debilidades. La tentación de dejar a Dios apartado para ponernos nosotros mismos en el centro siempre está a las puertas y la experiencia del pecado daña nuestra vida cristiana, nuestro ser hijos de Dios. (…) Es todo lo contrario: sólo comportándonos como hijos de Dios, sin desanimarnos por las caídas, por nuestros pecados, sintiéndonos amados por Él, nuestra vida será nueva, animada por la serenidad y la alegría. ¡Dios es nuestra fuerza! ¡Dios es nuestra esperanza!” (Papa Francisco, Audiencia general del 10 abril, 2013)

“Para compartir la vida con la gente y entregarnos generosamente, necesitamos reconocer también que cada persona es digna de nuestra entrega. No por su aspecto físico, por sus capacidades, por su lenguaje, por su mentalidad o por las satisfacciones que nos brinde, sino porque es obra de Dios, criatura suya. Él la creó a su imagen, y refleja algo de su gloria.

Todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor, y Él mismo habita en su vida. Jesucristo dio su preciosa sangre en la cruz por esa persona. Más allá de toda apariencia, cada uno es inmensamente sagrado y merece nuestro cariño y nuestra entrega. Por ello, si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida. Es lindo ser pueblo fiel de Dios. ¡Y alcanzamos plenitud cuando rompemos las paredes y el corazón se nos llena de rostros y de nombres!” (EG 274)

 

2. LEYENDO LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Uno de los pilares de la fe cristiana es nuestra afirmación de la paternidad (maternidad) amante de Dios con respecto a nosotros/as, sus hijo/as amado/as. No es de hoy el reconocer que esta afirmación central de la paternidad es polémica desde la experiencia humana de muchos de nuestro/as contemporáneo/as.

En efecto, aunque desde algunos ámbitos de la sociedad (entre ellos la Iglesia), se tiende todavía a idealizar la familia como tal y los lazos familiares, hoy no es ya unánime esta visión unívoca de la familia y de los vínculos que se crean al interior de ella.

Por una parte, entre otras voces que han contribuido a esta mayor “lucidez” en cuanto a la familia, está la de la psicología que coincide en evidenciar que la personalidad de un ser humano, con sus aspectos más beneficiosos y más perjudiciales, debe mucho a la relación con sus padres o con quienes hacen esta función. Sin querer ser pesimistas, la relación entre padres e hijos no es evidente para muchas personas hoy en día… le atribuimos bellas realizaciones de nuestra persona, pero muchas veces también esta relación es causa de malestar, de enfermedad o por lo menos causa sensación de insatisfacción o frustración con bastante frecuencia.

Por otro lado, la familia sufre las consecuencias de la gran pobreza, de la desintegración de las parejas, de la ausencia de los padres, de la violencia…

En fin, el consumo y las nuevas tendencias del mundo de hoy obligan a preguntarse:¿está aprendido el ser humano contemporáneo a vivir sin su Padre Dios? O más bien ¿se ha creado nuevos padres-ídolos que parecen colmar su sed de felicidad y de bienestar? Parece, pues, que cada vez más claramente aparece para nosotros y nuestros contemporáneos la tentación de volvernos hacia estos otros dioses.

En este contexto no deja de ser un desafío considerable el acoger la invitación del papa Francisco que no cesa, por medios de acciones y palabras, en su empeño de invitarnos a “salir” para ayudarnos mutuamente a ir al encuentro de Jesús, a volvernos hacia el Dios vivo y verdadero y a gustar “la alegría de ser hijos”? (EG1).

Para Reflexionar:

  • ¿Te encuentras reflejado/a en esta descripción?
  • ¿Qué otros elementos añadirías?

 

3. A LA LUZ DEL ESPÍRITU

Y sin embargo, (aunque, en la vida religiosa parezcamos “protegidos” por los votos y la vida comunitaria de ciertas tendencias de nuestra sociedad), fácil es constatar que estos ídolos solo colman de manera superficial el corazón del ser humano. Lo cierto es que vivimos codo a codo en nuestra misión, en nuestras familias, con personas que parecen “obligadas” a correr, a ser primeros, en una tarea alocada por competir en el consumo y por hacer frente a la devaluación de los ingresos, confrontados con los altos costos de la consumición básica familiar, lo cual les lleva a cargar a su vez con el desgaste y la agresividad que a veces eso genera pues se sienten agobiados… Al hacer un balance parece que es más lo que les saca el trabajo que lo que les da, sobre todo en cuanto al poco tiempo que queda para estar con la familia, para dedicarse a los hijos. No estamos lejos de estas tentaciones.

¡Qué distinta parece esta perspectiva de la de vivir aceptándonos como creaturas en manos del Creador, hijo/as confiado/as en las manos de nuestro Padre-Madre amoroso/a que nos acompaña mientras trabajamos por su Reino!

Cuando Jesús se daba a conocer como el Hijo de Dios, y nos enseñaba que Dios también era nuestro Padre, lo hacía con una idea de lo que significa ser un hijo y lo que significa ser un padre, que puede variar de lo que podríamos pensar cada uno de nosotros al respecto según nuestro conocimiento del mundo y nuestra propia experiencia, sobre todo si consideramos el hecho de que vivimos en una época y un contexto sociocultural muy distinto.

Cuando Jesús nos habla de su Abbá, nos dice que:

El Padre es modelo del actuar de sus hijos y con amor los guía. “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino solo lo que ve hacer al Padre”, Jn 5, 19 – 20.

El Padre por amor a sus hijos, pone a disposición de ellos todo lo que tiene: una forma de convivencia basada en la compenetración mutua. En realidad se entrega a los hijos día a día, de diferentes formas. “Hijo tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo”, Lc 15, 31.

El Padre perdona con alegría. “Había que hacer fiesta y alegrarse, puesto que tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado”, Lc. 15, 32.

Nos llama a que seamos buenos al estilo de Dios Padre, “Sean ustedes. buenos como es bueno su Padre del cielo” (Mt. 5, 48).

Los evangelios ponen en boca de Jesús la palabra “Padre” refiriéndose a Dios unas 180 veces, mientras que el AT, con referencia a Dios, se usa tan sólo 15 veces. Poder decirle a Dios “Abbá” es el gran don de Jesús. Al llamarlo así, decimos “heme aquí” a nuestra verdad, la de ser hijos, y reconocemos nuestra identidad: su amor a nosotros/as como el Padre hacia el Hijo. Este es el fondo de nuestro ser, lo que somos y aquello a cuyo servicio existe toda la Creación. El color de la vida cristiana es su sonrisa paterna, su ternura hacia nosotros y nuestra confianza en Él, como un niño que se aprieta confiado contra su madre, según canta el Salmo 131 (130).

Dios será siempre nuestro Padre porque Jesús se ha hecho definitivamente nuestro hermano. Por mucho que me aleje o que nos alejemos colectivamente de este Padre de misericordia, él siempre estará esperando para ponernos el anillo de fiesta.

Esta palabra “Abbá”, es el corazón de la vida cristiana y contiene todo el afecto del Hijo hacia el papá. Dios es un padre para mí, no solo como el que una vez me ha engendrado. Siempre es para mí el Padre porque me engendra siempre, cada instante de mi vida brota de Él.

Esta experiencia nos la comparte en toda su plenitud María de Nazaret, sabiéndose y reconociéndose delante de Dios creatura amada, hija escogida.

En su canto del Magníficat expresa la bienaventuranza de quienes han reconocido la acción de Dios y le han acogido. Y esta experiencia lleva la marca del la ALEGRÍA : “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1,47)… La consecuencia de haber engrandecido a Dios, de reconocerlo en su vida como Salvador, Padre y Creador es la alegría. María no se complace en sí misma, ni en el don que ha recibido ni en la salvación, sino en el autor del don y en el mismo salvador, en El exulta y danza. Este alegrarse de la gracia de Dios es el destino sublime del ser humano.

Para Reflexionar:

  • En la experiencia de ser Hijos que nos propone Jesús, ¿qué nos fascina? y
  •  ¿qué nos cuestiona más en nuestra vida personal y comunitaria?

 

4. HACIENDO REINO

Entremos en esta experiencia con María. No nos dejemos llevar por los ídolos. Ayudemos a nuestros contemporáneos a gritar “Abbá”. Este grito es la fe en el Hijo que nos ha amado y se entregó Él mismo por nosotros (Cf. Ga 2,20); es la esperanza cierta de un mundo nuevo en el cual es Señor es Señor y nosotros somos todos hermanos; es amor como respuesta al Padre y a todos sus hijos; es la alegría del regreso a casa; es la riqueza de toda bendición; es saciedad de todo deseo y deseo de toda saciedad; es participar en el banquete con el vestido más hermoso, con el anillo y las sandalias comiendo el cordero sacrificado; es la fiesta con la sinfonía y las danzas que el Padre a preparado para su hijo perdido. ¡Aquel que siempre en los cielos es el Padre del Verbo, Él que es el Altísimo y está sobre todas las cosas, ahora es “mi” Padre, “nuestro “Padre que nos hace a todos hermano/as y nos invita a participar de su Reino!

Para Reflexionar:

  • ¿Qué nos falta, personal y comunitariamente, para experimentar la alegría de ser hijas/os amada/os de Dios y vivir en consecuencia?
  • De los distintos retos que nacen de la Palabra de Dios y de la del Papa Francisco, ¿cuáles nos cuestionan más? ¿Por qué?
  • ¿Qué pasos concretos puedo dar para ayudar a otros a entrar en esta alegría de ser hijas/os amada/os de Dios y vivir en consecuencia?

 

5. CELEBREMOS JUNTOS

Ambientación del lugar:  La oración estará presidida por un icono de Jesús sobre una mesita y unas velas alrededor.

Motivación: Gracias por estar aquí compartiendo juntos/as este tiempo tan privilegiado que es la oración para nosotros. Sin ella no somos nada. Con ella podemos experimentar y sentir lo que somos: hijos e hijas AMADAS de Dios. Un Dios Padre-Madre que al mirarnos de corazón SE COMPLACE en cada uno de nosotros.

Las palabras que escuchó Jesús en su bautismo las podemos escuchar cada uno de nosotros siempre que nos ponemos en oración.

Lector: “En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma; y una voz desde el cielo dijo: Tú eres mi Hijo muy amado, en ti me complazco. “ (Mc 1,9-11)

Guía: Dejamos un tiempo ahora para la oración y meditación personal en el que te invitamos a repetir en tu interior, una y otra vez estas palabras: “TÚ ERES MI HIJO/A AMADO/A, EN TI ME COMPLAZCO”. Siente que Dios te las está diciendo de corazón a ti mismo. Repítelas una y otra vez… y déjate llevar por ellas. (Se dejará música suave de fondo unos 10 minutos)

Guía: Como hijos e hijas AMADOS de Dios que somos, así es como Jesús nos enseñó a hablarle a nuestro Padre Dios.

Lector: “Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos. Él les dijo entonces: Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino; danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación.” (Lc .11,1-4)

Guía: En estos momentos, si alguien quiere hacer una petición, alguna acción de gracias, o compartir algo de lo vivido en este espacio de oración, ahora es el momento de hacerlo.

Para terminar vamos a rezar juntos, el Gloria al Padre, y después nos daremos un abrazo de paz: Gloria al Padre, al Hijo…

 

6. EVALUAR EL ENCUENTRO

  1. ¿Cómo nos hemos sentido en este encuentro fraterno?
  2. ¿Cómo valoramos el tema y qué incidencia tiene en la vida comunitaria?
  3. ¿Qué compromiso ha motivado en mí este encuentro?

 

 

Puedes enviar la respuesta a alguna o a todas las preguntas de este módulo a la

Conferencia Ecuatoriana de Religiosos/as

ERT

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 


DESCARGA LOS MÓDULOS

 

 

Contador de Visitas

contador

Av. Garcia León 215(Oe4-33) Ruiz de Castilla 593 2 3202759 / 3202193 / 3202265