XVI JORNADA DE LA VIDA CONSAGRADA

Mensaje 2012

 

Queridas hermanas y hermanos:

La XVI Jornada Mundial de la Vida consagrada nos brinda nuevamente la oportunidad de encontrarnos, de celebrar el regalo de nuestra vocación y -sobre todo- de volver a decirnos unos a otros y decirle a nuestros hermanos en humanidad las razones del corazón que nos hacen amar y permanecer en la locura de ser buscadores de Dios y rastreadores del Reino, en estos tiempos recios.

Esta fiesta de la Presentación nos sale al encuentro en medio de una realidad siempre compleja y ambigua, de contrastes desconcertantes que nos desafían a tener otra mirada, otra lucidez, otros registros, otros caminos de aprendizaje. Hay polaridades en nuestro mundo y en nuestro país que nos roban la paz y la esperanza: revoluciones que saben a continuismo, clamor de libertad e intolerancia, juegos de poder y valor de lo germinal, consumo imparable y signos de sencillez alternativa, redes por la vida y violencia creciente, sencillez profética y confusión eclesial, comunión y división oportunista, depredación y cuidado de la tierra, heredad de todos. También este año 2012 denominado “de la Fe”, nos encuentra haciendo memoria de la feliz iniciativa del Concilio Vaticano II y queriendo responder, desde el Sínodo de la nueva Evangelización, a los desafíos que estos tiempos traen a la experiencia creyente.

En esta amalgama de trigo y cizaña, la novedad de Dios en su Palabra vuelve a invitarnos. Nunca nos deja tranquilos, nos saca de nuestra inercia y nos urge a asumir el riesgo de Jesucristo. Hoy, el icono de Simeón y Ana quiere decirle algo a la vida consagrada del Ecuador, quiere provocarnos para consentir con…

… el riesgo de la Encarnación, de la humanización de nuestra Vida Religiosa...

El pasaje de Lucas nos confirma que las cosas de Dios transcurren en un marco de increíble humanidad: el sencillo cumplimiento a la Ley, y la fidelidad a unos ritos que acompañan con ternura el crecimiento de un pequeño niño (“cuando se cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor” Lc. 2, 39), porque Jesús debía “hacerse semejante a sus hermanos en todo” (Heb. 2). Como que nos quisiera recordar que la vida religiosa debe ser también “experta en humanidad” y que nada de lo que produce gozo o dolor a nuestros hermanos puede resultarnos ajeno. Que tenemos que recuperar el gusto por lo sencillo de la vida y quizá volvernos más simples como los niños, que pueden ser felices, reír y disfrutar sin tanto ropaje, discurso o estructura.

… el riesgo de vivir en el Espíritu...

Impresiona la cantidad de veces que aparece la acción del Espíritu en este relato; parece que los personajes se juntan en una misma pista de baile para danzar al ritmo del Espíritu. El Espíritu los habita, les mueve, se les revela, los hace coincidir en la hora del encuentro, del gozo y de la alabanza. Los hace profetizar en la complicidad de un anuncio compartido por sólo unos cuantos, y ellos se dejan conducir y se convierten en profecía, no ya del grito sonoro y vibrante, sino más bien en profecía de testimonio. Pareciera que también la vida consagrada debería aprender a pasar de las palabras abundantes a esa profecía de la coherencia y fidelidad cotidiana de estos ancianos cuyas únicas cartas de presentación, en el caso de Simeón fueron su “justicia, piedad y esperanza”. Y de Ana, su “constancia en el servicio del templo, su vida de ayuno y oración”.

… el riesgo de atrevernos a permanecer y de definirnos...

La permanencia hoy requiere de verdadero atrevimiento. Pasar el desierto del término de las utopías, de las razones gastadas, de las preguntas sin respuesta, requiere de audacia y fidelidad. Una fidelidad que no es sólo “transcurrir”, repetir o quedarse inmóvil. Hablamos de entrar en una dinámica de búsqueda constante, de convivencia serena con la ausencia de respuestas, de convicciones nuevas y estrenadas cada día. Se trata de preguntarnos, no por las razones de los que se van, sino por las razones poco lógicas y amantes de los que nos quedamos. Simeón es claro para definir a Jesús como “bandera discutida” y señal de contradicción. Ante Él no queda más que tomar postura, hacer opciones, desnudar las intenciones del corazón. Y estas definiciones se nos devuelven luego como experiencia de ser “testigos” -como cantamos cada noche en el “Nunc dimitis”- de la salvación de Dios que alcanza a todos como promesa cumplida.

… el riesgo de la Esperanza...

En estos contextos de desencanto y de ilusiones rotas, como vida consagrada reivindicamos nuestro derecho a seguir soñando. Somos herederos/as del sueño de Dios para nuestra historia y queremos ser signos de esa esperanza. Sabemos que con el colirio de la esperanza “nuestros propios ojos” verán lo que el Señor ha preparado para sus hijos e hijas, y queremos con Ana cantar y contagiar a otros con esta irrenunciable confianza.

… el riesgo del no- poder: entrar en la dinámica de Nazareth...

Con José y María caminamos de Jerusalén a Nazareth. Volvemos al mejor capítulo – y el más largo y silencioso- del Evangelio y del corazón de Dios: la significatividad de lo cotidiano hecho con amor entrañable, la sabiduría y gracia que sólo se logran amasados con el tiempo, la experiencia, las caídas, los ensayos. Volvemos al corazón de la vida religiosa: Nazareth es su lugar, su escuela, donde aprendemos a despojarnos del poder y volver a lo esencial. Nuestra disminución -a todos los niveles – puede devolvernos esta humildad originaria que nunca debimos perder

… el riesgo de lo diferente, de la alteridad complementaria...

La profecía del testimonio y de la mirada intuitiva pasa por un hombre y una mujer. Y se expresa con sus particularidades. La intuición de ambos fue capaz de reconocer en un recién nacido la redención de Israel. Como que el niño necesitaba ser mirado y reconocido así, por dos pares de ojos diferentes, pero igual de esperanzados. La vida consagrada quiere ser también experta en el diálogo con lo diferente y experimentarlo como don y riqueza.

… el riesgo de escuchar la Palabra y las palabras en labios de los pobres y sencillos…

Una vez más, el Evangelista vuelve a dar la palabra a los actores aparentemente “secundarios” del relato. No hablan ni reconocen los sacerdotes del templo, ni los maestros de la ley, ni los legitimados por la religión o el poder social. Hablan los pequeños y sencillos; los que no suelen tener palabra –pastores, ilegales, paganos- , son los que ven más allá, reconocen y confiesan. Y con ellos debemos estar, si queremos también reconocerlo. Renovada y terca opción por los pobres, que cada vez sabe menos a ideología y más al deseo a apegarnos a los gustos de Dios.

 

Conclusión

Que esta fiesta y estos personajes vuelvan a encender en nosotras y nosotros el fuego de la audacia y la luz del atrevimiento para consentir con estos riesgos. Nuestra vocación en la Iglesia ha sido vivir a la intemperie y apostar por la aventura del seguimiento a pie y sin cálculos. No renunciemos a  nuestra matriz fronteriza. Que nuestros fundadores y fundadoras, que los testigos de hoy y siempre, amantes y soñadores, nos estimulen por estos caminos de germinal y alternativa fidelidad.

Los caminos que vamos a recorrer este año 2012 están guiados por la Palabra profética que provoca, convoca, genera sentido y nos lanza a compromisos concretos por y con la gente sencilla de nuestro pueblo, mirando hacia la cuarta Semana Teológica de Vida Consagrada de diciembre de este año, con los aportes del Equipo de Reflexión Teológica, ERT. Han de ser caminos de comunión y esperanza con los buscadores del Reino y en sintonía intra e intercongregacional en la misión y en la formación, con los/as propios y diferentes…

Para ser luz de la Luz de las naciones y fortalecer la significatividad con “la esperanza de todos los pueblos”, nos apoyaremos en las propuestas formativas y fraternas que pretenden llegar a todos los rincones de nuestras comunidades a través de la “Formación Virtual” de las diversas “Escuelas de la CER” que fortalezcan la espiritualidad de nuestra vida consagrada y la mística de nuestra entrega.

Seguiremos acompañando los pasos de la Comunidad Intercongregacional Misionera CIM de Haití, mirando también hacia una zona misionera de frontera dentro de nuestro país, con el anhelo de dar respuestas sencillas y testimoniales “donde la vida clama”. Los sueños misioneros y las realidades proféticas han de ser respuestas concretas a los desafíos de nuestra Iglesia y nuestra Sociedad.

Que este día de la Vida Consagrada y este año 2012 de la Fe y la Palabra guíen nuestros pasos y animen nuestra vida. Felicidades...

Quito, 2 de Febrero del 2012

María Eugenia Ramírez, ra

Junta Directiva Nacional