El 63 aniversario de los derechos humanos

Exigir (y exigirnos) los derechos humanos

Dr. José Luis Nieto*


Tradicionalmente los derechos humanos han sido considerados como límites al ejercicio del poder estatal.

El objetivo de este postulado ha sido que el poder público se abstenga de incurrir en abusos y arbitrariedades contrarias a la dignidad humana, a través del respeto de los derechos civiles y políticos. Sin desmerecer la importancia de estos derechos, la gran tarea pendiente es la atención de las necesidades básicas del ser humano, requiriendo de las autoridades la satisfacción de los derechos sociales o prestacionales, así como los colectivos.

A nivel mundial este reto parece enorme, e incluso casi imposible. La actual crisis económica que vive el mundo, nos obliga a exigir estos derechos. Sthéfane Hessel, único autor vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y autor del libro “Indignaos”, sostiene que en la época de la resistencia francesa contra la ocupación nazi, el enemigo era fácil de definir: Hitler y su partido nacionalsocialista alemán.

Hoy en día, los mercados están determinando las políticas domésticas con graves impactos en el ejercicio de los derechos sociales: los estados han perdido gran parte de su soberanía para atender estos derechos. Sin embargo, la entelequia de los mercados parece un adversario fantasmal, disperso y casi invisible, que, por estas características es más difícil de enfrentar.

La seguridad social, derecho consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, entendida en su acepción más amplia, debe ser uno de los derroteros hacia el cual debemos caminar. ¿Cómo? Exigiendo una mejor atención en todos los servicios de salud, incluido el de medicamentos, reclamando la más amplia cobertura del derecho a la educación y de los derechos previsionales, como la jubilación digna; más allá del nerviosismo de los mercados. Exigiendo que todas las empresas y organizaciones no gubernamentales, sobre todo las transnacionales, se sujeten a un código de conducta obligatorio (que no voluntario, como sucede actualmente) cuya base sea la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Por otra parte, el conjunto de los derechos de la naturaleza debe ser el otro derrotero u objetivo, que todas y todos, incluso empresas y organizaciones no gubernamentales, debemos proteger. Los ciudadanos comunes podemos empezar con consumir para vivir y no vivir para consumir, como dice el título de un libro de la Comisión de Justicia y Paz de España.

La tarea, como hemos dicho, parece enorme y casi imposible. Casi tan imposible que la impavidez parece más fácil que la acción, como el rico epulón, de la parábola evangélica, que no se compadeció del necesitado Lázaro. Frente a la tentación de la comodidad, debemos sacar fuerzas de la nada, aunque sea la fuerza débil de los apóstoles que no se abatían frente al inmenso mar de necesidades humanas.

De ahí que exigir los derechos humanos, también pasar por exigirnos el cumplimiento de dichos derechos ¿Cómo? Haciendo lo que dice el evangelio: tuve hambre y me diste de comer; estuve preso y me visitaste; fui forastero y me acogiste.

La Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz está poniendo en marcha un proyecto sobre Justicia Restaurativa con la esperanza de humanizar el actual sistema de justicia retributiva, que parece haber olvidado las necesidades de las víctimas y los problemas que arrastran los delincuentes, a quienes preferimos llamar ofensores. La Comisión espera que esta nueva forma de entender la justicia no sea aplicada solamente en el ámbito penal sino también en el familiar, el escolar y el social.

Finalmente, la Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz quiere hacer un llamado a las autoridades para que la libertad de expresión sea fortalecida, pues consideramos que una democracia sin el respeto de las libertades debilita el Estado de Derecho (o de Derechos previstos en nuestra Constitución). Los insuficientes logros en materia social no pueden, de ninguna manera ser un pretexto para entorpecer la libertad de expresión o los tradicionales derechos civiles y políticos, pues todos los derechos son indivisibles e interdependientes.

 

* El autor es Jurisconsulto, graduado en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, miembro de la Comisión Ecuatoriana de Justicia y Paz. Su dedicación específica es la defensa de los derechos humanos.