Comunicado de Prensa

Quito, 20 de agosto de 2015

 

El diálogo y la naturaleza

 

Ante la delicada situación política, social y económica  que vive nuestro País, los obispos del Ecuador, como ciudadanos y en nuestra tarea de orientar las conciencias de los ecuatorianos, nos vemos en la necesidad de pronunciarnos en favor de una paz sólida, a la vez que animamos a que todos los sectores sociales se conviertan en sus artesanos, para construirla juntos (Cfr. Homilía del Papa Francisco en la Misa del Parque Bicentenario).

Las manifestaciones de violencia física o verbal, vengan de donde vengan, siempre serán la vía incorrecta para conseguir el verdadero diálogo, muchas veces no deseado por todos; un diálogo garantizado por la escucha respetuosa y atenta de la postura discordante y que busque un compromiso, aunque éste no siempre sea el más agradable. El que dialoga busca llegar a un acuerdo y está dispuesto a tomar lo positivo de quien piensa distinto para hacer las correcciones necesarias, siempre en aras de los intereses más altos de la estabilidad y la convivencia social.

El Papa Francisco, en su reciente visita,  nos animó a encontrar en el Evangelio las claves que nos permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones, para que los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo se consoliden y garanticen un futuro mejor para todos. Este es el compromiso de la Iglesia, servidora del pueblo ecuatoriano que se ha puesto de pie con dignidad (Cfr. Ceremonia de Bienvenida, discurso del Santo Padre).

Por otra parte, la naturaleza, cuyo ritmo y manifestaciones que sólo dependen de los designios de la Providencia divina, nos sorprende para volver a reconocer en el Creador al Dueño de lo creado y a poner en Él nuestra confianza (Cfr. Carta Encíclica Laudato Si, nn. 75 y 89).

En este sentido, exhortamos a los ciudadanos en general que atiendan a las orientaciones que nos puedan dar los entes competentes ante una eventual manifestación natural del Volcán Cotopaxi, y así correr el menor riesgo posible, salvaguardando, sobre todo, la integridad de las personas, ayudándolas con espíritu de solidaridad.

 

Secretaría General de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana