XLI JUNTA DIRECTIVA DE LA CLAR

EN PUERTO PRINCIPE - HAITI

DEL 9 AL 12 DE ABRIL 2011

“ESCUCHEMOS A DIOS DONDE LA VIDA CLAMA”

“Foyer de Charité Sainte Marie”

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Mensaje de la XLI Junta Directiva de la CLAR

 

“Una Vida Consagrada nueva es posible: encarnación viva de la mística, la profecía y la esperanza; al servicio de la vida amenazada, en sintonía con la creación; con un estilo de vida más minoritario pero más significativo y evangélico…”. Convicciones de la CLAR. Plan Global 2009-2012

 

Convocadas/os a la XLI Junta Directiva, los miembros de la Presidencia, las/os Presidentas/es y delegadas/os de 19 Conferencias, las/os teólogas/os del ETAP y algunas/os invitadas/os[1], nos dimos cita del 9 al 12 de abril en Puerto Príncipe, el lugar que la Junta anterior, después del desolador terremoto y en solidaridad con el pueblo y la Vida Religiosa haitiana, escogió para recrear la llamada a responder “allí donde la vida clama”.

En este encuentro hemos querido poner en juego las actitudes que sostienen el Horizonte Inspirador de la CLAR, en este lugar teológico que es Haití. La inmersión en esta realidad concreta y la ESCUCHA a sus voces ha sido la gran puerta de entrada y la metodología que hemos seguido para entender y DISCERNIR los caminos que debe transitar la CLAR para responder al clamor por la vida: una escucha respetuosa y atenta a la compleja realidad haitiana. Hemos oído las voces de la Iglesia en las personas del Nuncio Apostólico -Mons. Bernardito Auza-, y del P. William Smarth, director del CIFOR[2]; y las de la Vida Religiosa presente en Haití en las experiencias que visitamos, en la coyuntura expuesta por la Hna. Matilde Moreno, RSCJ, y en el compartir festivo y fraterno de un gran número de Religiosas y Religiosos que celebraron con nosotros la Eucaristía y la esperanza.

Escuchamos la voz escondida bajo toneladas de cemento y piedra que se desparraman por todos los espacios de la ciudad y del interior del país, y el clamor angustioso de un pueblo con la herida abierta de trescientos mil muertos, millón y medio de personas sin techo, doscientos mil heridos y discapacitados, otros miles de muertos del cólera y tantos otros que luchan por sobrevivir en una tierra marcada por la dependencia, la inestabilidad política y la ausencia de un Estado responsable y organizado. Percibimos, como murmullo suave, el denodado empeño de hermanas y hermanos en humanidad, de varios lugares del mundo congregados aquí para liderar proyectos solidarios. Entre ellos, la experiencia de las comunidades inter-congregacionales enviadas por las Conferencias de Religiosos y Religiosas de Ecuador y Brasil, que quieren ser un signo pequeño y germinal de una Vida Consagrada entrañablemente compasiva al servicio de la vida amenazada.

Como confirmación de todo lo escuchado, se nos regaló estos días la Palabra de Dios del domingo V de Cuaresma: “Lázaro, ¡sal fuera!”. Un imperativo de vida, que nos provoca y desafía a dejar nuestros miedos y seguridades y a atrevernos, con nuestros hermanas y hermanos de Haití, a caminar senderos de audacia y creatividad evangélica: Vida Religiosa, ¡sal fuera!

Lo que hemos visto y oído nos ha movido a COMPASIÓN. Compasión con la naturaleza que quiere renacer, con las niñas y los niños que sonríen, con las/os jóvenes que buscan, con las mujeres y hombres que luchan por la supervivencia, con la dignidad que se reconstruye. Compasión que despierta el corazón al compromiso. El Equipo de reflexión teológica nos ayudó a identificar los gritos que nos aturdieron más profundamente: vida digna, salud y educación básica, superación de la pobreza extrema, comunión y audacia de la Vida Religiosa; aquellos clamores que nos permitieron definir nuestra acción concreta como Vida Religiosa latinoamericana en Haití; pero también aquellas interpelaciones y desafíos que nos llevamos para nuestras propias Conferencias.

La Junta ha querido precisar su compromiso confirmando el mandato de la Comisión Haití -CLAR, en el sentido de dar pasos en la búsqueda de respuestas creativas y de seguir escuchando la voz de la Vida Religiosa haitiana en comunión con la CHR y sus proyectos. Estas respuestas deberán ir en la línea de la reconstrucción del tejido social, la formación en la fe, el respeto al protagonismo de la Vida Religiosa local y la reconstrucción de la sede de la CHR. Así mismo, hemos dado un voto de confianza a la Presidencia para tomar las decisiones que puedan fortalecer esta opción por la vida.

Hemos reafirmado nuestra convicción por lo fronterizo, por el acompañamiento a los nuevos escenarios y a los sujetos emergentes que reclaman nuestras definiciones. Somos conscientes de que está en nuestras manos la apuesta por la REVITALIZACIÓN de la mística y de la profecía de nuestra vocación como consagradas/os.

Haití nos ubica frente a la verdad y a la necesidad vital de un CAMBIO, de una TRANSFIGURACIÓN de mente, de actitudes, de posturas. Una segunda oportunidad para que la Vida Religiosa llegue a ser “palanca de esperanza”[3] y se levante de los escombros de la indiferencia y la comodidad, con una actitud de humildad y de búsqueda sincera. Una oportunidad para fortalecer procesos y experiencias inter-congregacionales que favorezcan la comunión con la CHR, las Conferencias Nacionales y la CLAR. Con el pueblo haitiano, Dios nos regala un Kairós para releer el presente y proyectar otro futuro posible, donde seamos “testigos de la presencia de Dios en medio de su pueblo, verdaderos centinelas de la venida de Cristo, verdaderos portadores de la esperanza…, las manos de Cristo y hasta el corazón de Cristo que se compadece de la miseria de su pueblo”.[4]

Al terminar estos días, reconocemos y agradecemos los signos de fraternidad, de organización, de fe, de acogida, de ternura solidaria, manifestados en las hermanas y hermanos que nos salieron al encuentro para hacer posible este espacio de comunión y de corresponsabilidad; especialmente de la Vida Religiosa, por el testimonio de esperanza y permanente apuesta por la vida y la reconstrucción de su pueblo. Volvemos a reiterarles nuestra cercanía y nuestro reiterado compromiso de estar presentes en esta hora que sabe a refundación.

En camino a la XVIII Asamblea General de la CLAR, a realizarse en Quito, del 25 al 29 de junio del 2012, nos despedimos orientados hacia la Pascua, haciendo nuestro el misterio del sufrimiento y de la cruz de este pueblo haitiano y de tantos otros con los que caminamos, proclamando juntos la irrenunciable fuerza de la Resurrección.

Invitamos a todas y a todos a invocar la protección de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, patrona del pueblo haitiano, para que cubra de bendiciones a la Vida Religiosa de América Latina y El Caribe y recorra con ella los senderos de la obstinada fidelidad a Jesús y su Reino.

Puerto Príncipe, 12 de abril del 2011



[1] Mons. Louis Kébreau, SDB, Presidente de la Conferencia Episcopal de Haití, Mons. Guire Poulard, Arzobispo de Puerto Príncipe, el P. Alexis Rodríguez, Secretario Ejecutivo DEVYM-CELAM, la Hna. Margarita Bofarull, RSCJ, Vicepresidenta de la CONFER - España, la Hna. Patricia Farrell, OSF, Presidenta Electa de la LCWR.
[2] Centre Inter-Instituts de Formation Religieuse.
[3] “En Haití, en medio del desaliento y tristeza, la VC debe ser la palanca que ayude a levantar las toneladas de escombres, la voz de Marta y María para suscitar la compasión y provocar la resurrección de Lázaro. Esto depende de la gracia de Dios, pero también del deseo de la VR” (P. William Smarth, 10 de abril de 2011).
[4] Ponencia de Mons. Bernardito Auza, Nuncio Apostólico en Haití, 9 de abril del 2011.