VIDA RELIGIOSA
Agenda de la XLII Asamblea General de la CER - 2017 (2)

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¿Qué nos dice y qué decimos... sobre la realidad del Ecuador (2)

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Canonización de Faustino Míguez

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Afiche de la semana teológica 2017

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Congreso de la CER Manabí

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LITURGIA
Búsqueda creativa

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En actitud de conversión

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Creer en el amor

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Los pobres son de Dios (22 octubre 2017)

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Invitación (15 octubre 2017)

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GENERALES
Cuestionario para el Sínodo de jóvenes

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6º Boletín de prensa de Caritas Ecuador

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Divulguemos la Encíclica Laudato Si

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Cambio climático: 12 claves de la cumbre de París

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Jornadas nacionales de Pastoral Social

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NOTICER
Convocatoria  Asamblea Anual de Superiores/as Mayores

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La Supervivencia Amazónica es Presentada en un Libro

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Afiche del Domund 2017

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Canonización del P. Faustino Míguez

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Encuentro de AFICER 2017

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AVISOS
Comunicado de la Red Contra la Trata de Personas

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Invitación a Retiro con el P. Luke Rodrigues sobre ecología

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Anudando (Espacio de Formación Integral de las Mujeres)

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Talleres del Centro Bíblico Verbo Divino

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Las siete palabras de Cristo en la cruz

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ECLESIAL
Simposio internacional sobre "Amoris laetitia"

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Homilía en la Misa por los fieles difuntos

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Sínodo de la Amazonía

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Visita ad limina de los Obispo del Ecuador

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Abrirse a la posibilidad de perdonar

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“VIDA RELIGIOSA ECUATORIANA VIVE LA PASCUA, FASCINADA POR JESUS Y EL REINO,

EN EL CONTEXTO DE LA MISION CONTINENTAL-NACIONAL Y CON EL DINAMISMO DE LA CLAR-CER MÍSTICO-PROFETICO,

AL SERVICIO DE LA VIDA”

Viernes 7 de Mayo de 2010

Estamos en tiempos pascuales, en época de Pascua, donde la invitación es vivir como resucitadas y resucitados en éste tiempo privilegiado que nos toca vivir, aquí en Ecuador.

 

Creo que la gracia y la experiencia pascual, según como aparece en los Evangelios, es también recuperar la memoria, como en los discípulos de Emaús, es volver a Galilea , invitados por Jesús, lugar periférico de sueños, pasión y vivencia junto a Jesús, es vencer el miedo y ser lanzados a la misión de compartir esa experiencia transformadora. Es hoy para nosotros, la superación de la crisis de la institución , la ley y el dogma, signos de muerte en nuestra Iglesia y beber del Evangelio la Vida plena para la Humanidad!

 

Es tiempo de volver a lo esencial, esa esencia que la hemos descuidado, la hemos domesticado, nos hemos, tal vez distraído de ella, a tal punto que ya no es significativa ni para nosotros, ni para el mundo…

 

Quiero creer que estamos en los tiempos que anunció el profeta Joel (cap.3), retomado por la primera comunidad cristiana (Hch. 2): “Derramaré mi espíritu sobre todos: sus hijos e hijas profetizarán, sus jóvenes verán visiones y sus ancianos tendrán sueños..”

 

Cómo estamos de visiones y sueños?

 

Volver a lo esencial de nuestra Vida Religiosa, que según sus raíces y los documentos de la Iglesia , es ser SIGNO con un valor profético. Es un testimonio profético de la primacía del Dios de Jesucristo y de los valores del Evangelio, consagrada por el radical seguimiento de Jesús y la entrega absoluta a la misión. O somos profetas o nos convertimos en funcionarias y funcionarios, con una labor, muchas veces impecable, pero sin la novedad y frescura transformadora del Evangelio.

 

La recuperación de la esencia de la VR, la sal que debemos ser para el mundo, afecta el proceso formativo de nuestras comunidades y debe incidir en él. Para ello, permítanme señalar algunos puntos que considero importantes para acentuar la dimensión profética de la Vida religiosa para la cual se forman nuestros jóvenes religiosos.

 

Vivir y desarrollar, de una manera consciente , el espíritu místico y profético que se nos ha dado con la experiencia del Espíritu, que habita en cada una-uno de nosotros.

 
 

La fuente de todo profetismo es el Espíritu del Señor. El mismo Espíritu que ungió y envió a Jesús para evangelizar a los pobres, que llamó y consagró a los profetas, está en todas y todos y en cada uno de nosotros.

 

El es el primero y principal agente de la formación. El Espíritu afecta nuestra personalidad, nos da una sensibilidad global que nos permite percibir los asuntos de Dios, los clamores de la humanidad y una fuerza que nos mueve a cumplir sus deseos. Es como un olfato espiritual que nos permite conocer dónde está Dios y dónde no está

 
 

Percibir y renovar la llamada vocacional

 
 

Sin una conciencia de la llamada personal del Señor es imposible que la religiosa o el religioso inicie un camino vocacional. Esa conciencia la descubrimos a través de los signos vocacionales , momentos de tu historia personal en los que el Señor se hizo presente invitándote a seguirle. Son momentos de fuerte experiencia vocacional, son reales y no se pueden perder y hay que hacerlos presentes y más en las épocas dificultosas.

 

A veces no somos conscientes de ellos, los perdemos y nos encontramos con vidas notablemente mediocres o con falta de sentido por lo comunitario o pastoral. Los consejos evangélicos no dicen nada.

 

Debemos renovar ésta conciencia de la llamada vocacional mediante la revitalización del espíritu profético. Teniendo siempre presente que nuestra vocación es para desarrollarse en el ámbito eclesial y del Reino, más no en el clerical.

 

Para ello propongo algunas orientaciones:

 
 

1. La oración: Nuestra oración siempre debe ser oración vocacional. Ella aviva el espíritu profético. Cuando se rompe el contacto con el Señor, perdemos la percepción de la llamada y si ésta percepción desaparece , nuestro compromiso no tiene sentido.

 
 

2. Una lectura vocacional, permanente y profética de la Palabra de Dios: Una lectura sencilla, humilde y amorosa. No domesticada, adormecedora. A veces intentamos justificar la vocación desde el ámbito humano y racional, a la larga esto nos perjudica. Siempre, es necesario situarnos en el plano de Dios, que a través de su Palabra, nos llama a dialogar con El.

 
 

3. Generar una metodología formativa profética: Es importante la referencia situacional que nos exige un proceso formativo fiel a las situaciones de las mujeres y los hombres de hoy, del tiempo presente, de la sociedad actual en la que estamos insertos y de la Iglesia a la que pertenecemos. Mons. Proaño (centenario), decía: “ Nunca puedo hablar sin antes haber oído a mi pueblo”.

 

La formación debe ser realizada en libertad y para la libertad, que ayude a la formanda o formando a ser cada vez más libre, ella o él mismo y que le prepare para la misión liberadora y profética propia del carisma congregacional. Cuando la propuesta formativa es puramente formal, de ideas y de esquemas, que no llega a encarnarse de manera real en las pobrezas del mundo, podemos encontrarnos con una versión actualizada del opio del pueblo . Donde hay apuestas firmes de compromiso del carisma hay signos pascuales evidentes.

 
 

4. Una metodología profética debe tener en cuenta los medios nuevos que ayuden a desarrollar mejor las potencialidades de la persona y asimilar los nuevos valores: ecología, interculturalidad… Buscar el equilibrio e integración de lo nuevo, sin abandonar lo válido , aunque sea tradicional. La opción por los pobres , es fuente de creatividad metodológica. Un camino que hemos de continuar ininterrumpidamente con apertura, discernimiento y decisión.

 
 

5. Contenidos formativos radicales, proféticos y martiriales: Las y los acompañantes, desde el primer momento de la formación, deben suscitar en los formandos –as la conciencia de que la vida que van a abrazar o ya han abrazado es , siempre y en su totalidad profética. La propuesta debe ser clara y radical, sin ambigüedades ni atenuaciones en sus exigencias.

 

Otro aspecto es la calidad de la vivencia de los valores que se han propuesto. Ha de ser una vivencia exigente, radical y en profundidad. No puede darse un proceso formativo desde la mediocridad de vida pues apagaría la fuerza profética los valores del proyecto congregacional. En el acompañamiento en demasiadas ocasiones los jóvenes presentan éste conflicto, ambigüedad…

 

Estos valores vividos y personalizados son respuesta a los desafíos actuales del planeta y de la Iglesia. En ésta situación de despertares, conflictos, cambios, convulsa situación, pluralismo que vivimos, nos preguntamos por el modo más profético de vivir nuestro seguimiento de Jesús. De ésta manera seremos verdaderamente signos proféticos.

 

Pero cómo ser signos proféticos y pascuales si estamos desconectados de la vida? Muchas comunidades están cerradas a los desafíos de éste tiempo histórico. Se encuentran pesimistas, desconfiadas, seguras…Son como llamadas perdidas en nuestro celular!. Ser humano es un desafío y querer ser humano con otros es hacer frente a un conjunto de desafíos impresionantes. Renunciar a ser humanos es morir. Y como consagrados-as lo que deseamos es vivir y apostar por la vida!

 

Aquella comunidad, congregación que se enfrenta a los desafíos , que busca respuestas a los interrogantes , que se plantea un discernimiento continuo para buscar la voluntad de Dios en el presente está en la dinámica pascual, de vitalidad.

 
 

6. Formación para ser profetas, profetizas y mártires.

 
 

Debemos ir formándonos con los rasgos de la personalidad de los profetas y profetizas:

 
  • Con una profunda experiencia del Dios de la Vida y de todos los pueblos. La verdadera profecía nace de Dios. Nos apasionamos por El.

  • Siendo portavoces de Dios.

  • Siendo personas radicales y coherentes, viviendo nuestra vocación hasta la muerte.

  • Personas que buscan nuevos caminos de actuación del Evangelio para trabajar con audacia en la construcción del Reino según el propio carisma.

  • Antes que el número de candidatas-os, es mucho más importante una formación de calidad a las candidatas-os ya presentes, una formación personalizada, profundamente del Reino, congregacional y exigente.

 

Sin éstos aspectos no seremos signos proféticos , ni podremos responder a los desafíos actuales de la misión. Nos preparamos con el atrevimiento, la audacia y la confianza.

 
 

No creo ni apuesto por una vida consagrada nostálgica, creo que no tiene futuro y que es pan para hoy y hambre para mañana. Nuestra vida consagrada del presente tiene que sentirse a gusto en el presente, tenemos que tener mentalidad de presente y vivir, responder al mundo de hoy. No podemos quedarnos fuera del juego en la vida del pensamiento, del debate, de las culturas, de la actualidad, porque entonces no interesará a nadie.

 

Creo que un signo pascual puede y debe ser en una congregación , situarse con los pies en Ecuador y en el momento presente. Sondear el ritmo y el latido de la vida de nuestra gente para responder con la misión. Cuáles son sus sueños más nobles y profundos? Cómo podemos ser y generar Buenas nuevas? Vino nuevo en vasijas nuevas.

 
 

Ser signo es, más que ser visibles, ser legibles. Nuestra sociedad puede vernos y no entender nada. De lo que se trata es de que sepan leer, entender, preguntarse… Podemos tener una gran visibilidad pero una bajísima legibilidad. Cuántos simples cristianos,as, podrían explicar el sentido de una mitra? O alguien de ustedes? Sin embargo, casi todos podrían relacionarla con los obispos. La ven pero no la entienden. De esto hay muchísimo hoy en nuestra Iglesia. Signos visibles pero no legibles. Y las interpretaciones pueden ser de las más variadas…

 
 

Cuando era más joven me resultaban extrañas las palabras de Jesús: “A quien tiene se le dará; a quien no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. Ahora puedo vislumbrar la sabiduría que encierra. Relacionando con el tema que estamos abordando me parece muy clara y lúcida. En la comunidad o congregación donde existen varios signos pascuales, proféticos , una capacidad de búsqueda y apertura, la vida y la convocatoria pueden ser importantes. Allí donde los signos misioneros pascuales y proféticos escasean o han desaparecido…podemos imaginar un proceso de estancamiento o muerte lenta. Porque los signos de Vida se llaman y se convocan entre sí y generan expectativas y deseo de cambio en quienes los perciben cerca.

 

Creo que no tenemos que temer a la falta de vocaciones sino a la muerte del Carisma, que es del Espíritu y no exclusivamente de nuestra congregación. La Pascua para nosotros sería la disposición a morir a muchos esquemas mentales, relacionales, apáticos, miedosos, afectivos.., para entrar más de lleno al parto de un nueva Vida Religiosa. Creo que sentimos los dolores del parto y seguramente habrá parto y será niña: una Vida Religiosa, criatura del Espíritu, signo místico y profético para éste tiempo.

 
 

Pascua es Misión: Vivir como resucitadas y resucitados es creer y apostar por la fuerza revolucionaria de lo pequeño y cotidiano, la transformación del corazón, la creación de una nueva relación solidaria y planetaria, el compromiso con una democracia social y cósmica, con la dignidad humana y planetaria que Jesús inauguró con su Resurrección.

 

 

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