Cuidar la casa grande

Mons. Julio Parrilla, Obispo de Loja

El Comercio, 28 Abril 2012c

 

Los oispos del Ecuador le hemos estado dando vueltas al tema de la minería, tanto pequeña y artesanal, cuanto a gran escala. Amantes de la Creación y de la condición humana no podemos vivir de espaldas al debate (o a la falta de debate) que afecta a nuestro pueblo y a nuestras comunidades cristianas. Los conflictos sociales, cada día, son más agudos y numerosos, marcados por el irrespeto a los derechos colectivos, por la criminalización de la resistencia de los pueblos, por la promulgación de leyes sin consulta legislativa previa, por la inexistencia de consultas ambientales a los afectados.

Lo que más duele es ver como la Creación es tratada como un objeto de comercio o un botín de guerra. Por eso el Papa Benedicto -no hace mucho- decía con enorme clarividencia: “Si quieres cultivar la paz, custodia la Creación”. Mal que le pese a gobiernos, transnacionales o explotadores mineros, la Iglesia tiene una responsabilidad ética y pastoral que le lleve a proclamar, a tiempo y a destiempo, el valor y la dignidad de la vida humana y la necesaria sustentabilidad de nuestro planeta. Por amor a Dios y al hombre, nos toca defender un modelo productivo al servicio del desarrollo humano, capaz de distribuir de forma equitativa los bienes de la “Madre Tierra”. Como cristianos nos adherimos al “Sumak Kawsay” que, de forma entusiasta, proclama nuestra Constitución.

Este lindo preámbulo no puede quedar en palabras. Y, aunque en estos tiempos los exhortos no siempre son gratos al poder, quisiera hacer algunas exhortaciones a quien los quiera escuchar: Respeten la vida y la salud de las comunidades más vulnerables, como también la salud y la seguridad de los trabajadores de las minas. Hagan la consulta previa a las comunidades prevista en la Constitución. Busquen las medidas apropiadas de protección del ecosistema y no se dejen condicionar por las empresas petroleras y mineras... Informen a la ciudadanía tanto de los beneficios y de los prejuicios, libres de toda presión económica y política... Busquen el modo de contrarrestar los impactos negativos de cualquier explotación para las personas, la fauna o la flora, y tengan cuidado con el arsénico, el cianuro, el plomo y el mercurio... Y no se olviden de los problemas sociales que se originan en torno a las minas: la violencia, el alcoholismo, la drogadicción, la prostitución...

No se trata de decir simplemente minería sí o minería no, de forma acrítica y superficial, sino de informarse bien y de tomar decisiones inteligentes por parte de todos los actores sociales implicados, La vida y la salud de las personas, así como el equilibrio del medioambiente son más importantes que todos los metales. Podemos vivir sin oro pero sin agua, jamás.

La tierra es la única casa grande que tenemos. Cerca de siete mil millones de seres humanos habitamos en ella. Cuidarla es algo más que hacerla productiva... Es garantizar la vida propia y la de los herederos.

 

jparrilla@el comercio.org