EN EL DÍA DE LA VIDA CONSAGRADA

2 de Febrero de 2016

 

Muy queridas hermanas y hermanos:

Hoy, 2 de febrero, se “clausura” el Año de la Vida Consagrada (VC), que ha sido un gran regalo que tuvo a bien darnos nuestro querido Papa Francisco. ¡Cuánto ha dinamizado a nuestras conferencias, congregaciones, comunidades, a cada una y cada uno de los consagrados! Un año que nos ha renovado en la esperanza, y en el que hemos experimentado como un renacer de primavera gracias al Espíritu que todo lo renueva. Un año, también, en el que hemos tomado conciencia de nuestra profecía, que como VC, está en el centro de nuestra identidad vocacional.

A penas el pasado 8 de diciembre iniciamos el Año de la Misericordia, y hemos recibido la invitación a pasar por la Puerta Santa. Es providencial que de alguna manera se hayan empalmado estas dos celebraciones. Entiendo que hay una invitación del Espíritu muy concreta a la VC, no sólo a salir, a despertar al mundo con ternura y compasión, sino también a vivir y “completar” nuestra profecía con la Misericordia.

La reciente Bula “Misericordiae Vultus” es muy trinitaria. La Vida Consagrada es “confessio Trinitatis”, nos dice Vita Consecrata. Es como un “espacio trinitario” donde circula el Amor del Padre y del Hijo y desde donde somos enviadas/os a la misión. Podemos decir que la VC es confesión del Padre, confesión del Hijo y confesión del Espíritu Santo. La Bula inicia diciendo que “Jesús es el rostro de la Misericordia del Padre”. Inmediatamente nuestros ojos se centran en el Origen, la Fuente de la Misericordia: Dios Padre. En este Año de la Misericordia, podemos detenernos a meditar un poco sobre lo que significa ser una VC confesión del Padre.

Confesar puede entenderse como testimoniar, confirmar, decir con la vida, que Dios es ante todo y sobre todo, Padre. Pero no sólo Padre sino también Madre, si acogemos las actitudes con las que Él mismo se identifica en la Escritura.

Una VC que confiesa la paternidad-maternidad de Dios es…

 

Creativa, no se repite sino que se deja renovar continuamente. Dedica tiempos, diálogos, espacios de discernimiento personal y comunitario para la “fantasía de la caridad”. Los procesos de reestructuración que muchas congregaciones estamos viviendo necesitan de mujeres y de hombres creativos, para hacer más significativa nuestra consagración, comunión y misión, para depositar nuestros carismas en “odres nuevos”, para responder a los clamores que el Espíritu, la misma VC y el mundo nos hacen hoy. ¿Nos percibimos como una VC creativa, que necesita dejarse renovar? ¿Los procesos de reestructuración los estamos viviendo con esta conciencia de dar una respuesta nueva a las llamadas y clamores de Dios y de la vida o solo porque ya no nos queda otra y necesitamos hacer algunos ajustes para la sobrevivencia? ¿Nos sentimos interpelados a la creatividad por esta realidad que clama?

Generativa, que impulsa procesos de vida y que dan vida, que genera fecundidad, proyectos aterrizados, muy evangélicos, de encarnación, y que por lo mismo son fuente de una gran alegría pascual. ¿Somos una VC gestora de vida o de rutina? ¿Qué procesos estamos generando, que nos llenan de esperanza? ¿Qué procesos necesitaríamos desencadenar para frenar la inercia que nos seca el corazón y lo entristece, y posibilitar la vitalidad y el aterrizaje concreto de proyectos más evangélicos, que vayan a las marginalidades existenciales y del pensamiento, que generen vida ahí donde está en peligro o ya no existe?

Una VC que sale al encuentro, que no espera a que la realidad llegue, sino que va a encontrarla en el camino, como hizo el Padre del hijo pródigo saliendo a su encuentro cuando él todavía no llegaba a casa, como hace Dios amándonos primero. La fiesta de la Presentación en oriente se llama también del “Encuentro”. Confesar que Dios es Padre-Madre significa decir con la vida misma que el amor no espera, se hace encontradizo, el amor se anticipa, toma la delantera o, como dice el Papa Francisco, primerea. ¿Cómo andamos en este salir al encuentro? ¿Tenemos presente la cultura del encuentro al interno de nuestras comunidades, en nuestro Instituto, en nuestro apostolado? ¿Somos una VC que se anticipa, que da el paso hacia la realidad, o difícil de encontrar, a veces un poco refugiada en sus nidos, en su confort o aburguesamiento? ¿Somos una VC que propicia encuentros?

Próxima, cercana. Dios Padre-Madre se hace próximo en el camino de la vida, en la historia de salvación. Se involucra con nosotros, y por eso nos comprende. Se involucra y se acerca de tal manera que nos envía a su propio Hijo. Nos acaba de decir el Papa Francisco[1] a la VC, que necesitamos la proximidad. El ser consagradas o consagrados no es para alejarnos y tener todas las comodidades, sino para acercarnos y entender la vida, los sufrimientos y los problemas; acercarnos a tantas realidades y personas que sólo se comprenden desde la proximidad. Ser consagrada/o no significa sobresalir de los demás, estar dos o tres niveles arriba; significa cercanía física y espiritual con la gente, conocerla. Nos invitó a cuestionarnos ¿cuál es el primer prójimo entre los consagrados?, y a reconocerlo primeramente en nuestra misma casa, con quienes están enfermos o ancianos. Un modo de alejarnos, de no ser prójimos, es el “terrorismo de los chismes” que consiste en tirar una bomba y luego irse tranquilo. Si me dan ganas de criticar a alguna hermana o hermano “muérdete la lengua”, dice el Papa. Si hay que corregir a alguien decirlo a la persona, y si no es prudente, decírselo a quien lo pueda resolver. ¿Cómo andamos en proximidad, cercanía? ¿Nos sabemos hacer prójimas y prójimos empezando por casa?

Obediente. La obediencia es propia de quien se sabe hija e hijo y consiste en la donación del corazón. Esta obediencia supone escucha, diálogo, pero al final, rendirse al querer de Dios. Es una obediencia que va contra la semilla de la anarquía de la voluntad, que es hija del demonio, nos dijo también el Papa Francisco, haciéndonos retomar el sentido de la obediencia como profecía. Con la obediencia que es un don, puedo decir al mundo que hay algo más bueno y bello a lo cual todas y todos somos llamados: la Voluntad del Padre.

Llena de Esperanza. “La esperanza no defrauda” nos dice el apóstol San Pablo. Dios Padre-Madre es el Dios de la esperanza, de la promesa; es el que inicia la obra y la lleva a su cumplimiento. Pero muchas veces esta esperanza se vuelve difícil, nos dijo el santo Padre. Ante el momento que vivimos como VC, ante la escasez de vocaciones le decimos al Señor: “¡Señor! ¿Qué sucede? ¿Por qué el vientre de la VC está así de estéril?”. Y nos invitó a tener la actitud de Ana, aquella mujer del Antiguo Testamento que oraba y pedía un hijo: “Señor, quiero un hijo”. Nos invitó a orar con esta intensidad, a reconocer que nuestras congregaciones, que la VC tiene necesidad de hijas e hijos y que confiamos en que el Señor es un Padre generoso y no faltará a sus promesas.

Con María, agradecemos al Señor este Año de la VC que nos ha llenado de tanta esperanza y alegría. La tarea ahora comienza, celebremos cada día nuestra hermosa vocación, y entremos en este mar de la Misericordia que es el corazón del Padre. Que como VC dejemos transparentar este amor en lo cotidiano de nuestra vida, esta paternidad-maternidad de Dios, a través de la ternura, del consuelo, de la proximidad, de una misión en salida, habitada y movida por la vida que llevamos dentro y así seamos confessio Patris. Que el mundo pueda decir al ver a la VC: “Creo en Dios Padre-Madre que nos ama infinitamente, que sale a nuestro encuentro, se aproxima, se conmueve y se involucra en nuestra historia”. ¡Salgamos a prisa, al encuentro de la vida, como María! Así sea.

 

Mercedes Leticia Casas Sánchez, F.Sp.S.

Hija del Espíritu Santo

Presidenta de la CLAR

PROT: 3.1.1-02

 

Hna. Luz Marina Valencia López, STJ

Secretaria General

Confederación Caribeña y Latinoamericana de Religiosas/os - CLAR

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