DECLARACIÓN FINAL DEL SEMINARIO SOBRE CRISIS FINANCIERA INTERNACIONAL, CAMBIO CLIMÁTICO Y SU IMPACTO EN LOS POBRES

Departamento de Justicia y Solidaridad, CELAM,

Lima, 3 – 7 de mayo 2009.

(extractos)

REÁMBULO

 

De manera reiterada los Obispos latinoamericanos han manifestado su preocupación ante la crisis actual, compleja por sus múltiples dimensiones, y han insistido en la responsabilidad de todos para promover el bien común y la humanización de las estructuras políticas y económicas[i]1. …al enfrentar la crisis actual que afecta a nuestras sociedades, no estamos ante un mero problema técnico financiero. Se trata de un problema humano y ecológico, en sus causas y en sus consecuencias, que como tal no resulta en absoluto ajeno a la misión y vida de la Iglesia, sino que, por el contrario, es parte constitutiva de la tarea evangelizadora.

 

VER

 

Constatamos que vivimos una crisis, que impacta en la reducción del crecimiento económico, el aumento del desempleo, la reducción del comercio e inversiones externas e internas, la disminución de la liquidez así como de los recursos para el gasto social,  el incremento de los precios de los alimentos y los medicamentos con sus secuelas de profundización de la pobreza y desigualdad. A esta situación nos ha llevado principalmente el actual modelo económico centrado en el consumismo, en un sistema financiero especulativo y el afán incesante de obtener cada vez mayor lucro.

 

Los pobres y excluidos viven una mayor vulnerabilidad ante estas situaciones; son ellos los más expuestos al estancamiento de la economía y pérdida de empleos, a los riesgos que trae el cambio climático en cuanto a la escasez de agua, sequías, inundaciones, desastres naturales.

 

Lamentamos que las medidas anti-crisis que se vienen tomando en la región, principalmente políticas fiscales y monetarias, busquen únicamente el funcionamiento de las economías en el corto plazo, no tengan verdadera proyección de largo alcance, no cuestionen a fondo las bases del modelo económico y estilo de desarrollo que es el “caldo de cultivo” de esta crisis, no incorporan las urgentes respuestas frente al cambio climático ni las necesidades regionales de integración.

 

Más injusto todavía es que los pobres no tengan voz ni representación en las discusiones y toma de decisiones. En la práctica los Gobiernos siguen siendo defensores de los intereses de los grupos más poderosos. En las propuestas oficiales anti crisis hay una enorme desproporción entre los recursos que se destinan al fortalecimiento de instituciones financieras y grandes empresas, con respecto a lo que se dedica a políticas sociales, especialmente en apoyo a los más pobres. En este sentido es clamoroso que hoy se estén discutiendo diversas medidas de rescate de grandes empresas financieras e industriales sin  discutir a fondo el impacto en los empobrecidos y excluidos, en las razas y culturas de nuestro tiempo así como en las generaciones futuras.

 

JUZGAR

 

El contexto actual nos exige interpelarnos crítica y autocráticamente desde el Evangelio, la Doctrina Social de la Iglesia y la lectura de los signos de los tiempos: ¿qué nos plantean los tiempos actuales? ¿qué estamos haciendo y qué respuestas nos exigen? También nos desafía a responder desde el Evangelio y buscar definitivamente un nuevo proceso de desarrollo verdaderamente humano, integral, solidario.

 

Necesitamos vivir nuestra vocación profética cuestionando el estilo de vida consumista y depredador que quiebra la solidaridad de la familia humana y que nos impide ver el planeta como casa común. “La creación, en efecto fue sometida a la vanidad, no espontáneamente sino por aquél que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre de dolores de parto” (Rom 8, 20-22).

 

Por eso es imperioso recuperar una mirada del Planeta como casa y no como mera fuente de recursos a extraer y explotar.

 

Desde esta perspectiva es necesario caminar hacia un estilo de vida solidario, austero, que incluya a empobrecidos y excluidos y se plantee con firmeza el cuidado de la creación.

 

ACTUAR

 

Los tiempos actuales nos exigen hacer un serio análisis de estas situaciones con la gente, desde las parroquias hasta los niveles subnacionales y nacionales. Es necesario analizar con ellos y ellas la crisis económico financiera y el cambio climático, sus conexiones, causas y consecuencias y los responsables de las mismas.  Más aún, “Hay que buscar que los delitos ecológicos sean punibles de sanción penal en los tribunales de derechos humanos. No debe haber impunidad para quienes provocan depredación, contaminaciòn irreversible y muerte de comunidades humanas”[ii].

 

Los mayores esfuerzos para salir de la crisis deben realizarlos quienes se enriquecieron más, acumulando riquezas. Por ello mismo las medidas anti-crisis no deben ser “más de lo mismo”; las correcciones deben involucrar principalmente a los causantes de ella, por lo que se hacen necesarias políticas regulatorias principalmente del sector financiero y del mercado de valores. Es necesario para ello que el FMI y el Banco Mundial reorienten sus objetivos en el marco de una reforma fundamental, convirtiéndose en verdaderas instancias de apoyo al desarrollo humano integral.

 

Debemos urgir a los cristianos y cristianas que tienen liderazgo en lo económico, político y ambiental, a que contribuyan activamente a la humanización de las estructuras y por el bien común desde los niveles locales, subnacionales hasta los nacionales y continentales.

 

Es necesario exigir que se adopten políticas públicas activas para proteger y promover el trabajo y el empleo con los consiguientes ingresos dignos; así mismo aumentar la urgente inversión social especialmente a favor de las poblaciones empobrecidas y excluidas.

 

Tenemos que caminar definitivamente hacia sociedades austeras, solidarias en lo económico y sustentables. Para ello debemos trabajar por políticas públicas con visión de desarrollo alternativo y largo plazo, con una nueva arquitectura financiera basada en la justicia económica y que incorpore la dimensión ambiental. Es preciso tomar conciencia de que todo esto implica un cambio cultural profundo y por eso mismo es necesario que las poblaciones participen protagónicamente en esta transformación.

 

En este camino es fundamental recuperar los conocimientos y valores ancestrales de nuestros pueblos originarios, en su relación con la naturaleza y el medio ambiente.

 

Como Iglesia nos sentimos interpelados a actuar acompañando, involucrándonos en acciones más palpables de denuncia, movilización, elaboración de propuestas, renovando nuestra opción por los pobres.

 

Es tarea de las  Pastorales Sociales – Cáritas implementar las conclusiones de Aparecida en clave de Misión Continental en la perspectiva que nos plantea DA 474-c, “buscar un modelo de desarrollo alternativo, integral y solidario, basado en una ética que incluya la responsabilidad por una auténtica ecología natural y humana, que se fundamenta en el evangelio de la justicia, la solidaridad y el destino universal de los bienes, y que supere la lógica utilitarista e individualista que no somete a criterios éticos los poderes económicos y tecnológicos.”

 
 

[i] Cfr. Mensaje del CELAM ante la crisis actual, Bogotá 7 febrero 2009 y Simposio CELAM – MISEREOR: “El Bien Común global ante la escasez de recursos”, Ciudad del Vaticano, 7 de marzo del 2009.

[ii] Cfr Simposio CELAM – MISEREOR: “El Bien Común global ante la escasez de recursos”, Ciudad del Vaticano, 7 de marzo del 2009.