VIDA RELIGIOSA
Agenda de la XLII Asamblea General de la CER - 2017 (2)

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¿Qué nos dice y qué decimos... sobre la realidad del Ecuador (2)

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Canonización de Faustino Míguez

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Afiche de la semana teológica 2017

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Congreso de la CER Manabí

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LITURGIA
Búsqueda creativa

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En actitud de conversión

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Creer en el amor

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Los pobres son de Dios (22 octubre 2017)

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Invitación (15 octubre 2017)

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GENERALES
Cuestionario para el Sínodo de jóvenes

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6º Boletín de prensa de Caritas Ecuador

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Divulguemos la Encíclica Laudato Si

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Cambio climático: 12 claves de la cumbre de París

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Jornadas nacionales de Pastoral Social

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NOTICER
Convocatoria  Asamblea Anual de Superiores/as Mayores

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La Supervivencia Amazónica es Presentada en un Libro

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Afiche del Domund 2017

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Canonización del P. Faustino Míguez

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Encuentro de AFICER 2017

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AVISOS
Comunicado de la Red Contra la Trata de Personas

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Invitación a Retiro con el P. Luke Rodrigues sobre ecología

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Anudando (Espacio de Formación Integral de las Mujeres)

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Talleres del Centro Bíblico Verbo Divino

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Las siete palabras de Cristo en la cruz

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ECLESIAL
Simposio internacional sobre "Amoris laetitia"

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Homilía en la Misa por los fieles difuntos

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Sínodo de la Amazonía

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Visita ad limina de los Obispo del Ecuador

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Abrirse a la posibilidad de perdonar

Abrirse a la posibilidad de perdonar

CONGRESO CONTINENTAL DE TEOLOGIA

ALGO MÁS QUE UN CONGRESO

 

Del 7 al 11 de octubre de este año, 2012 se ha celebrado en la Universidad UNISINOS, de los SJ, en Sâo Leopoldo, RS, Brasil, el Congreso Continental de Teología, a los 50 años del Vaticano II y 40 años de la teología latinoamericana y caribeña. La organización, precisa y delicada, ha estado a cargo de Amerindia y otras agencias latinoamericanas, bajo la dirección general de Agenor Brighenti, el buen teólogo brasileño, al frente hoy de Amerindia.

Este Congreso se vino preparando desde hace tres años, a partir de Congresos Regionales a lo largo y ancho de la geografía americana y caribeña. No fue algo improvisado, sino maduramente reflexionado y minuciosamente preparado. Fue una alegría coincidir con las fechas inaugurales del Sínodo Romano para una nueva evangelización, al inicio del Año de la Fe. Era un signo más de la comunión eclesial, en la que pastores y rebaños buscan apasionadamente la realización del Reino de Dios, la pasión de Jesús.

En el Congreso se hicieron presente 750 participantes, laicos y laicas, religiosas y religiosos, sacerdotes y obispos (17, provenientes de México, Chile y Brasil), católicos y protestantes de diversas confesiones (sobre todo anglicanos), latinoamericanos, caribeños, europeos y hasta asiáticos. Esta diversidad, alegre y armoniosa, fue una manifestación, espontánea y gozosa, de la auténtica catolicidad.

Más allá del Congreso, esta asamblea cristiana fue un verdadero Kairos, es decir un momento de gracia, de comunión, de esperanza… Antes de reseñar otros momentos importantes del encuentro, conviene resaltar esta impresión profunda con la que todos salimos del encuentro. Resonaban en el ambiente las últimas palabras, sinceras y dolorosas, del Cardenal Martini antes de morir el 1º de septiembre (2012), sobre la necesidad de superar el distanciamiento de la Iglesia cansada… 200 años por detrás de la realidad… Pero también las de Aparecida: “ La Iglesia necesita una fuerte conmoción que le impida instalarse en la comodidad, el estancamiento y en la tibieza, al margen del sufrimiento de los pobres del Continente. Necesitamos que cada comunidad cristiana se convierta en un poderoso centro de irradiación de la vida en Cristo. Esperamos un nuevo Pentecostés que nos libre de la fatiga, la desilusión, la acomodación al ambiente; una venida del Espíritu Santo que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza” (DA 362). Esperanza y alegría podrían resumir adecuadamente lo vivido en UNISINOS.

Esperanza y alegría, en efecto, enmarcaron el Congreso, en todos sus aspectos: en el de la participación entusiasta de todos y todas en todos los eventos que comenzaba con la primera Eucaristía del día, a las 6,30 am, hasta la última Conferencia de la noche que se iniciaba a las 20 pm; en el de la liturgia inaugural de cada jornada, de preparación creativa y delicada, estética y religiosamente estimulantes; en el de las relaciones cordiales, sin distinciones –algunos destacaban la horizontalidad y otros la libertad-, verdaderamente comunitarias en el mejor de los sentidos evangélicos… Se salía con la impresión de que el Congreso era punto de llegada de búsquedas múltiples y plurales, y también punto de partido para un nuevo quehacer teológico, pastoral… que recomenzara desde Cristo, como nos recomendó Benedicto XVI en su primera encíclica y recogió vigorosamente nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña (DA 12). Todo ello, fieles al Espíritu que sopla hoy de manera fuerte y nueva. Varios conferencistas subrayaron la importancia, teológica y vital, de una pneumatología que arranque también de presupuestos culturales, espirituales, doctrinales de nuestras Iglesias latinoamericanas.

Los contenidos fueron profundos, enriquecedores, bien articulados. En la sesión inaugural del domingo, 7, intervinieron Agenor Brighenti, gran inspirador de todo el caminar antes y durante el Congreso, y el obispo brasileño Dom Demétrio Valentini quien acompañó todo el tiempo los trabajos, siendo él mismo responsable de un seminario sobre “Teología y renovación eclesial”.

El lunes, 8, estuvo centrado en las “Nuevas interpelaciones y preguntas”; el martes, 9, en las “Hermenéuticas cristianas”; el miércoles, 10, en “Praxis y mística” ; y el jueves, 11, jornada conclusiva, en las “Prospectivas para la teología”.

A lo largo de estos días se presentaron Conferencia generales, para todo el Congreso, por la mañana y al acabar el día. Además, por la tarde, se celebraron veinte Talleres, continuados durante tres días, sobre diversos temas que tenían que ver con el desarrollo de la teología latinoamericana en diversas perspectivas, muy ricos, animados por especialistas bien conocidos. Y a continuación, unos paneles abiertos, de intereses actuales. Esta logística supuso delicada organización, libre participación y enriquecimientos mutuos. Todos los materiales del Congreso serán publicados más adelante, primero de forma virtual y luego impresa Por eso no es cuestión ahora de presentar los ricos y variados contenidos, algo imposible, por lo demás. Cabe, sí, destacar que hubo acercamientos bíblicos y hermenéuticos; sistemáticos y metodológicos; desde las perspectivas sociales y también científicas; por parte de teólogos sacerdotes y laicos, hombres y mujeres, católicos y protestantes… Una gama variada, muy rica, de la cual parece importante resaltar aquí la figura de Gustavo Gutiérrez.

Gustavo –hoy Fray Gustavo Gutiérrez op- es una persona bien conocida cuya presencia se esperaba con interés y emoción. Y agradecimiento, por supuesto, pues los cuarenta años de su obra Teología de la libración era un punto de referencia importante para el Congreso. Pero cuando se disponía a viajar, una caída le impidió venir (“los accidentes son siempre accidentales”, nos diría con buen humor al empezar su intervención). Esta intervención tuvo lugar por video-conferencia. Su aparición en la pantalla supuso un aplauso largo, interminable y emocionante, con toda la asamblea puesta en pie. No en vano es considerado el padre de la teología de la liberación. Con su estilo habitual, profundo, comprometido y hasta en ocasiones agudamente irónico, Gustavo subrayó la irremplazable centralidad del pobre en el proceso de la teología de la liberación. Cuando le preguntaron, en nombre de los jóvenes, qué se podía esperar de ellos en el desarrollo de esta teología, Gustavo respondió casi lapidariamente “vigor, rigor y cercanía al pobre”. Gustavo, en fin, trajo a la asamblea el recuerdo emocionado de José Comblin (“el maestro”) y de Ronaldo Muñoz, recientemente fallecidos, que tanto han contribuido con su vida y con su obra al desarrollo de la teología de la liberación.

Más allá de la cortesía, parece también importante señalar la presencia y contribución de Andrés Torres Queiruga, teólogo venido expresamente de España para intervenir en el Congreso, invitado por sus organizadores.. Su primera intervención tuvo como título Teología y nuevos paradigmas, enriquecedora, aportando nuevas visiones a nuestro quehacer teológico. En la segunda conferencia abordó el tema de la Teología latinoamericana y teología europea: interpelaciones mutuas, cuestión no exento de serias confrontaciones interculturales. El talante académico, la personalidad cercana y llena de simpatía, del profesor emérito de Santiago de Compostela, fueron muy apreciados. De él resuena todavía su expresión mística y profética: Dios ni quiere, ni sabe, ni puede hacer otra cosa que amar.

La teología de la liberación vive, y goza de buena salud. Fue ante todo importante y gratificante el encuentro de tres generaciones de teólogos de la liberación, la primera de las cuales, encabezada por Gustavo, era generosa y cariñosamente apodada la de los dinosaurios. No se dan aquí listas que pueden resultar incompletas y por ende peligrosas. Pero entre todos y todas –un buen grupo de teólogas, laicas y religiosas- hubo una continua y muy rica conversación. Fue particularmente importante la reunión de estudiantes de teología para tomar acuerdos y compromisos que posteriormente compartieron con el pleno, y fueron calurosamente acogidos y apoyados.

La teología de la liberación continuará mientras haya pobres y pobreza. El título del Mensaje Final, “Cerca de Dios… cerca de los pobres”, tomado casi literalmente de Aparecida (392), señala esta centralidad bíblica y teológica, subrayada ya desde Medellín (1968). Además, esta teología se abre creativa y esperanzadamente a nuevos horizontes, inolvidables hoy día: el de la ecología, el de la justicia y la paz en un mundo que globaliza la pobreza, el de la mujer, el de la teología indígena y afro-descendiente… Se soñó, en fin, con una Iglesia como la quiso Juan XXIII y configuró el Concilio: Luz de las Gentes, Pueblo de Dios, en comunión con las tristezas y alegrías de nuestros pueblos…, matizado todo ello por nuestras Conferencias Episcopales (Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida) la última de las cuales nos invita, una vez más, a un nuevo Pentecostés que renueve nuestra alegría y nuestra esperanza. Eso quiso y vivió el Congreso Continental de UNISINOS.

 

Cecilio de Lora sm

 

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