XVII Asamblea General CLAR 2009

 

horizonte inspirador

 

paRa LA VIDA CONSAGRADA en américa latina y el caribE

 

SENDEROS RECORRIDOS

Nuestra Vida Consagrada ha venido atravesando una etapa de crisis. En 1997 la Asamblea de la CLAR reunida en Lima ya percibió el denominado “cambio de época” y simbolizó la Vida Consagrada como situada en la curvatura de un túnel: nos quedábamos progresivamente sin luz, y lo que venía no se acababa todavía de percibir. Habría que acostumbrarse, se dijo, a estar en la oscuridad. También se comparaba aquel momento con la experiencia de Jonás en el interior de la ballena. En ese contexto se reafirmaron y consolidaron cinco líneas prioritarias de la CLAR.

En la Asamblea del año 2000, en medio de la confusión y el desencanto que se sentía, nos hicimos conscientes de que Jesús caminaba a nuestro lado, nos desafiaba y nos ayudaba a releer la crisis. Nos encaminamos por los senderos de Emaús (cf. Lc 24,13-35), en un proceso corporativo de discernimiento que buscaba claridad en el llamado a la revitalización de la Vida Consagrada en estos nuevos tiempos.

Tres años después asumimos la invitación de encaminarnos Hacia una Vida Religiosa Místico-Profética. Más tarde, en 2006, el horizonte se ensanchó y explicitó su misión: Hacia una Vida Religiosa Místico-Profética al Servicio de la Vida. Tratando así de responder a los retos y desafíos que se imponían por un empobrecimiento cada vez mayor que sigue lastimando a grandes mayorías en nuestra América Latina y El Caribe.

En ese trienio nos propusimos fundamentar y profundizar las dimensiones bíblica, antropológico-relacional y místico-profética; dinamizar una formación que respondiese mejor a los nuevos tiempos; animar la promoción de experiencias intercongregacionales y la recuperación de la Memoria Histórica de la CLAR en su Año Jubilar (1959-2009). También vimos la necesidad de continuar la reestructuración institucional de la CLAR, fortalecer el sentido de pertenencia de las Conferencias y Regiones y promover su articulación. Con tal propósito vislumbramos, generamos y abrimos nuevos senderos, experiencias y una serie de recursos teológicos.

Hoy, constatamos, con mayor evidencia, el agotamiento de modelos que no responden a reformas, ni a los mejores esfuerzos por mantenerlos vivos. Nos convencemos cada vez más de que la Vida Consagrada del presente y del futuro no es un vestido viejo al que se ha intentado parchar con un pedazo de tela nueva, sino que es un vino nuevo que exige odres nuevos (cf. Mc 2,18-22).

De allí la necesidad de tomar conciencia de la presencia del Espíritu en los nuevos escenarios y sujetos emergentes de nuestra realidad, reforzando la convicción de la presencia de Jesucristo en las personas empobrecidas y excluidas. Esto nos compromete consecuentemente con ellas y ellos para recrear la vida.

Intentamos responder a los actuales desafíos asumiendo un horizonte inspirador que transita del encuentro de Jesús con la Sirofenicia (Mc 7,24-30) a la experiencia de la Transfiguración (Mc 9,2-10). En efecto, Jesús al vencer sus resistencias para abrirse a este encuentro y al diálogo con la diversidad cultural, de género, racial, religiosa… vive la denominada “crisis de Galilea”: replantea su misión y recrea la experiencia fundante del Amor incondicional. Es un estilo de misión confirmado en la transfiguración: Este es mi Hijo amado, escúchenlo (Mc 9,7).

 

HORIZONTE INSPIRADOR

Conscientes de los nuevos escenarios[1] que conforman nuestro contexto socio-económico, político, cultural, religioso y eclesial,  escuchamos el llamado del Dios de la Vida a reconocer y acoger la diversidad de los nuevos sujetos emergentes[2], sus necesidades y reclamos. El encuentro entre la escucha de la realidad, “Ten compasión” (Mt 15,22) y la Palabra, “Este es mi hijo amado, escúchenlo” (Mt 17,5), ilumina e impulsa desde la acción del Espíritu nuestros procesos de opción por los pobres, humanización, comunión, revitalización y transfiguración en fidelidad creativa (VC 37) al Reino, amando hasta el martirio (Cfr. Jn. 13,1).

 

CONSECUENCIAS

Este horizonte nos invita a vivir en actitud de:

  • ESCUCHA[3].
  • DISCERNIMIENTO[4].
  • COMPASIÓN[5].
  • REVITALIZACIÓN[6].
  • TRANSFIGURACIÓN[7].

Este dinamismo de escucha, discernimiento, compasión, búsqueda de revitalización y transfiguración nos conduce

 

HACIA NUEVOS ROSTROS DE VIDA CONSAGRADA[8].


[1] Cada Región y Conferencia ha de subrayar aquello que le desafía más urgentemente como Vida Consagrada. La Asamblea ha explicitado: intercongregacionalidad; nuevas generaciones en la vida consagrada, aspectos de su proceso formativo inicial y permanente; necesidad de construir redes afectivas y efectivas como, p.e., el diálogo intra y extra eclesial para la comunión; nuevos paradigmas; antiguas y nuevas pobrezas; nuevas culturas juveniles; aspectos ecológicos (cuidado de la creación); cuestiones ecuménicas, interreligiosas e interculturales; complejidad de la violencia y crimen organizado; efectos devastadores de los modelos económicos vigentes; nuevas configuraciones políticas en América Latina y el Caribe; mundo global digital.

[2] Por ejemplo: protagonismo del laicado; migrantes; trata de personas; afroamericanas/os, indígenas, campesinas/os; quienes mueren antes de tiempo; personas sin voz; grupos de personas excluidas por diversidad de razones: género, raza, clase social, identidad sexual, enfermedades particulares, apariencia física; quienes tienen la vida amenazada: mujeres, niñas y niños, ancianas y ancianos, particularmente en los contextos más desprotegidos…

[3] Un primer intento se ha encarnado en los Seminarios Teológicos y el Congreso de Nuevas Generaciones, organizados por la CLAR durante el trienio 2006-2009. ¿Qué y a quiénes escuchamos? ¿Qué y a quiénes no hemos escuchado? ¿Desde dónde escuchamos? ¿Estamos en los lugares donde podemos escuchar? ¿Cómo mantenernos en permanente escucha?

[4] La Lectura Orante del Nuevo Testamento es una expresión de este anhelo: ¿Es nuestra compañera de camino? ¿Qué necesitamos discernir con mayor claridad y audacia? ¿Cómo ir más allá de nuestros temores frente a lo nuevo, lo diferente, lo desconocido?

[5] ¿Desde dónde “engendrar”  para que nuestro empeño-compromiso misionero surja desde las “entrañas” y desde un amor materno-compasivo? ¿Dónde está el secreto de un amor que nos lleve a revitalizar nuestra Vida Consagrada y abrirnos a todas las generaciones, actualizando nuevas relacionalidades en los niveles inter-personal, social, político y cósmico?

[6] ¿Cómo asumir la revitalización de nuestros carismas en Jesús de Nazaret, el Cristo, que sirve al Reino, amando hasta el extremo? ¿Qué necesitamos abandonar, profundizar y crear para dar sentido y significatividad a nuestra vida? ¿Cómo dejarnos conducir por la Ruah a través de caminos inéditos, como lo hicieron nuestras fundadoras/es? ¿Cómo desarrollar actitudes, disposiciones, nuevas estructuras y redes que nos permitan imaginar y actualizar los nuevos rostros de la Vida Consagrada?

[7] ¿Cómo sería una formación inicial y permanente que promueva el desarrollo de personas maduras, responsables, con su afectividad y sexualidad integradas, que conformen comunidades sanas y cariñosas, capaces de trascenderse en un servicio comprometido con su entorno? ¿Cómo ensayar y asumir errores y aciertos en la búsqueda por integrar explícitamente en nuestra espiritualidad, la dimensión humana que reconoce, respeta y expresa, en su trato cotidiano, la dignidad de toda persona creada a imagen y semejanza divina? ¿De qué nos hablan las personas en la Vida Consagrada que se sienten bien con el reclamo de su subjetividad, pero incómodas/os con quienes les descalifican por ese motivo? ¿Hacia dónde caminar?

[8] ¿Cómo imaginamos esos nuevos rostros? ¿Cómo son? Los escenarios y sujetos emergentes contribuyen a la realización del Reino anunciado por Jesucristo. Ese Reino se va realizando con el poder de Dios que es el amor que iguala a la humanidad en la diversidad que ha sido creada y a la cual le confía la casa común. ¿Cómo participamos en la construcción de esa igualdad?