EN ESTE AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA,

¡CRECIMOS!

 

Queridas/os hermanas/os,

 

Son las últimas horas del 2015. Inusualmente reina un gran silencio alrededor que me invita a la oración.

Dos sentimientos me afloran espontáneos: gratitud y esperanza. El primero por incontables bendiciones recibidas, tantos rostros encontrados y luchas compartidas. Recuerdo haber leído, entre los muchos apotegmas de los padres y madres del desierto, que "el agradecimiento es el sentimiento humano que más nos asemeja a Dios". Lo cierto es que cuando uno lee la vida en profundidad no puede sino exclamar "gracias", aún de las fragilidades.

El segundo, lo experimento como una esperanza herida: miro al futuro con la certeza del Emmanuel - Dios con nosotros - capaz de detonar los horizontes más inimaginables y recrear cielos-tierras nuevos donde finalmente descanse la paz entre los hijos e hijas del Amor. Pero desgraciadamente, según la mística de ojos abiertos, no puedo negar la dosis tremendamente engolfada de mentira, violencia, miseria, terror, corrupción, injusticia, egoísmo, soledad, náusea existencial y sufrimiento inútil¼ Entonces humildemente me abro a la paradoja del gozo cristiano, auténtico más nostálgico, porque todavía existen hermanos y hermanas que no festejan plenamente la infinita ternura del Rostro Misericordioso del Padre para toda creatura.

Sugiero utilizar estos binoculares de gratitud y esperanza para hacer una lectura de la vida de la CER durante el 2015 que concluye. Ciertamente se trata de un período especial por varios motivos: el Año de la Vida Consagrada, la Visita del Papa Francisco al Ecuador y ahora el Jubileo de la Misericordia. Igualmente se debe hacer memoria de todo aquello acontecido al interno de nuestra sociedad civil y ámbito eclesial, con sus aciertos y preocupaciones.

En lo que se refiere a las actividades más específicas de nuestra organización ha habido un trabajo intenso, hecho con generosidad y corresponsabilidad, aún reconociendo nuestros límites. Sin duda alguna la característica más sobresaliente de la CER ha sido la colaboración y ambiente de familia que se ha ido forjando a lo largo de su historia. El conjunto de empeños que, muchas veces de manera casi escondida, se realizan a lo largo del programa anual, en la sede central o en las Regionales a lo largo del país, incluye, por ejemplo, los cursos de prenoviciado, noviciado, talleres de juniorado, formación de formadores/as, pastoral vocacional, jornadas de discernimiento, escuela de acompañamiento (EDA), curso de formadoras (USGE), el trabajo del equipo de reflexión teológica (ERT), Semana Teológica Nacional, comisiones de formación permanente, iniciativas y propuestas de justicia y paz (JPIC), experiencias apostólicas intercongregacionales, retiros y ejercicios espirituales, relaciones con las varias instancias de las iglesias locales incluyendo la conferencia episcopal (CEE), servicio cotidiano de secretaría y medios de comunicación, página web y noticer, gestiones de contabilidad¼ pero, sobretodo, el diario contacto con los pueblos a los que servimos en las varias áreas de la misión.

Durante nuestra última Asamblea de Superiores Mayores hemos acordado continuar con entusiasmo los compromisos mencionados en el párrafo anterior, reforzando cada vez más la calidad en las áreas de formación y misión. Si apostamos a nuestro lema "la CER eres Tú", no como una frase rutinaria sino como un compromiso vital, entonces seguiremos creciendo en identidad y servicio profético como VC injerta en nuestro mundo de hoy. Las opciones que hemos asumido son claras (aquí las presento de forma resumida) y todas ellas enmarcadas en el Jubileo de la Misericordia:

  • Mantener la Dimensión Misionera como eje transversal.
  • Concretar nuestro compromiso CIM-Ecuador: misión intercongregacional.
  • Fortalecer nuestro empeño de JPIC acogiendo el desafío de la trata de personas.
  • Involucrarnos en las iniciativas que surjan en torno a la “Laudato Si” con su llamado urgente al cuidado de la casa común.
  • Motivar la interacción y apoyo efectivo con todas las Regionales y focalizar nuestros servicios internos en cada sector.

Permítanme motivarles a sentir la CER como parte de su familia religiosa y de sus tareas misioneras. En el fondo, no se trata sino asumir el estilo conciliar de una eclesialidad en comunión y de una misión compartida. Ojalá que todos y todas colaboremos con la oración que nos vitaliza, con el empeño en las CER en sus diócesis y vicariatos y a nivel nacional, la presencia real, el aporte económico anual y donativos (sin ellos no podemos enfrentar las demandas de gestión ordinaria), más que nada su participación y amistad¼ Les envío en Anexo un Cronograma de las actividades para el 2016, todavía muy incompleto y reducido a la se- de central¼ recíbanlo como un instrumento que les ayude a elaborar sus propias agendas.

La Junta Directiva y el Equipo que a diario les sirve en la CER con entusiasmo, les enviamos un abrazo sincero y les compartimos sin presunción pero con alegría: en este Año de la Vida Consagrada y con la Visita del Papa Francisco y con cada uno de ustedes¼ ¡LA CER CRECIMOS!

Quito, 31 de diciembre de 2015

 

P. Rafael González Ponce mccj

Presidente de la CER

 

Hna. Nardi Torres M. hdlc

Secretaria Ejecutiva de la CER

 

 

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