Quito, 2 de febrero, 2015

DÍA DE LA VIDA CONSAGRADA

Homilía de Mons. Fausto Trávez

 

Todos vibramos por lo que la Iglesia celebra este año dedicado a la Vida Consagrada. Treinta años hace, San Juan Pablo II visitaba nuestro país y cuando se reunió con las Religiosas y con los religiosos nuestras caras cambiaron de aspecto, convirtiéndose en rostros de felicidad, es que al escuchar las palabras del Papa y sentirnos parte de la iglesia, cada uno sirviendo a Dios y nuestros hermanos, con su propio carisma, sentíamos el apoyo del Vicario de Cristo y sus bendiciones. Sentíamos que se hacía realidad el pasaje del Evangelio de Juan Capítulo 17 en el que Jesús ora al padre y pide no sólo por los que estaban junto a él, sino también por todos los que van a creer en él a través da la predicación de ellos, para que todos sean uno. Allí ya nos sentíamos "uno".

 

Los miembros de la vida religiosa en la historia se han manifestado como enviados especiales a los lugares más abandonados. Constituyéndose en pioneros de las misiones, los que abren el campo para futuras actividades de la Iglesia y la Evangelización.

¿Cuáles han sido las características de los misioneros que han llegado a los cinco continentes en busca de almas y la promoción humana, cristiana, artística, intelectual y social? Seré breve en su descripción. La pobreza, la fraternidad, la oración, el trabajo, la itinerancia, y la sabiduría en descubrir las necesidades de los pueblos y en dedicarse a enseñar a la gente a vivir con decencia pero valiéndose de lo que Dios nos ha dado en cada lugar, enseñaron los primeros misioneros, con su ejemplo, al decirnos sin palabras, que vale la pena dejar patria, costumbres, idioma y familia por servir a Dios concretamente en el prójimo. En nuestra patria, tenemos que preguntarnos: ¿Quiénes fundaron las primeras Escuelas y Colegios? ¿Quiénes construyeron los primeros hospitales? ¿Quiénes las primeras obras de beneficencia? ¿Quiénes formaron artistas, escultores, pintores, arquitectos y músicos para que produjeran maravillosas obras de arte, comparable sólo con las tallas maestras de los grandes autores europeos, a tal punto que la UNESCO nominara a Quito como Ciudad Patrimonio de la humanidad? A estas preguntas y otras existe una sola respuesta, las comunidades religiosas tanto de hombres como de mujeres.

 

En actualidad vale la pena preguntarse: ¿Cómo estamos aceptando y viviendo la vida consagrada, a pesar de las dificultades propias del tiempo, de los adelantos cibernéticos que tanto poder tienen para el bien como para el mal. De los ataques de filosofías picantes que quieren hacernos perder hasta la identidad. De costumbres extrañas que se meten en las familias y la vida religiosa y causan estragos y divisiones que afectan a la misma existencia de la unidad, la paz y la fraternidad? La respuesta es simple, seguimos adelante, luchamos y oramos para que las cosas difíciles se hagan fáciles y las imposibles, difíciles, pero que a todas las venzamos. Todos nosotros amamos a nuestro tiempo, sabemos que la definición de felicidad es resolver problemas, no renegamos de él, vivimos lo que tenemos entre manos y lo encomendamos al Dios concreto, que sólo se manifiesta en el amor mutuo, en la capacidad de sacrificio y en la confianza del uno en el otro, ya que sólo en el amor concreto y la capacidad de dar la vida el uno por el otro se realiza la presencia de Dios, del omnipotente, que lo soluciona todo. Mt. 18,20.

 

Hoy es la fiesta de la Purificación de María y la Presentación del Niño Jesús en el Templo. Aquí se manifiesta el profeta Simeón y anuncia que el dolor es parte de la redención. Que una espada traspasará el alma de María y que Jesús está llamado a ser signo de contradicción. Esta es la concretización del amor y de lo que significa la vida religiosa y el efecto que produce la entrega a una vida de consagración.

 

Eucaristía, en la Iglesia de la Parroquia “La Dolorosa”

 

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