4ª CRONICA CIM

PUERTO PRINCIPE (HAITI)

15 AL 31 ENERO 2011

 

Estas dos semanas han sido muy intensas en todo lo que respecta al acercamiento a la realidad en la que trabajaremos. Hemos ido visitando los siete campamentos que tiene a cargo el Servicio Jesuita a los Refugiados (SJR) para luego ir definiendo en cuáles concretaremos nuestra presencia. Se nos ha indicado que el SJR  atiende a 34.837 personas distribuidas en 6.092 familias.

Y tenemos que compartir que las realidades que vamos observando son IMPACTANTES. La gente va sobreviviendo pero en unas condiciones de inhumanidad inimaginables. Y lo que manifiestan: “Estamos viviendo aquí obligados porque no tenemos otro lugar dónde vivir!” Tres de estos campamentos están con la incertidumbre de que los propietarios los quieren echar del lugar pues ya ha pasado un año y necesitan recuperar los terrenos: uno fue un campo deportivo; otro un parking de un Palacio del Arte; otro, un espacio abierto en un sitio donde se vendían coches… Hay que comprender que después del terremoto de enero del 2010, la gente que había perdido su casa, sus  pertenencias, su familia, no tuvo otra alternativa que ubicarse en cualquier espacio libre que encontraron. Es así que Puerto Príncipe tiene actualmente más de 800 campamentos con más de un millón de personas que todavía viven bajo tiendas y en unas condiciones que cada vez son más degradantes. Las tiendas de campaña, que normalmente sirven para una permanencia transitoria, llevan albergando a familias de hasta 11 miembros por más de un año y algunas ya están totalmente deterioradas.

De entre todos los campamentos visitados, creemos que el de Automeka es el que está en peores condiciones y tiene más necesidad. Más de seis mil personas se aglomeran en carpas que no dejan espacio ni para caminar con normalidad. ¡Entre tienda y tienda debíamos pasar de lado!. Y allí, en esas callejuelas, lavan la ropa con lo mínimo de agua posible y el agua sucia lo echan en el mismo sitio. Miles de niños que no pueden ir a la escuela deambulan por entre las tiendas y hay paradas donde las mujeres tienen pequeñas ventas. ¡ Y ya vimos las galletas de tierra que se venden para calmar el hambre! Pues la gente te dice a cada paso que tiene hambre, que no tiene nada para comer. Las ayudas humanitarias poco a poco se han ido retirando y, más aún, hasta los servicios de salud se van marchando después del año de emergencia, sin importar que los casos de cólera vayan incrementándose cada día y la desnutrición en los pequeños sea evidente.

Entre las cinco que formamos la comunidad ya hemos conocido los siete campamentos y ahora nos tocará discernir en cuáles nos distribuiremos el trabajo. Cada uno tiene sus demandas y carencias, pero parece que en los más cercanos a dónde vivimos: Henfrasá y Palá del Art, se quedará Cecilia con las clases de español, aunque Marlene y Clemencia también apoyarán en los grupos de jóvenes y mujeres, respectivamente. Pá Kolofé con 1200 personas, está relativamente cerca, a 30 minutos cogiendo un “tap-tap” y reclama también nuestra presencia. Como a finales de este mes el servicio médico los deja, piden el apoyo de una enfermera y también para acompañar a los grupos de mujeres y jóvenes. Iremos Socorro, Marlene y Clemencia. En Automeka, el que más nos ha impresionado, carece de casi todos los servicios. Nos organizaremos para ir Socorro, Marlene y Clemencia, a pesar de que necesitamos dos tap- tap y casi una hora en desplazamiento. Finalmente hay unos tres campamentos más: Haut George, Bas George, La Grotte, muy lejos de donde vivimos, tiene difícil acceso y requiere coger tres tap-taps. Lo más preocupante son la cantidad de casos de cólera y la falta de servicios médicos. Irá Socorro. Y como han pedido también clases de español, Eugenia procurará apoyar algún día, combinando con su trabajo en las oficinas del SJR.

Es difícil describir todo lo que vamos viendo. ¡Nos cuesta digerir las impresiones! Como nosotras insistimos en la necesidad de visitar todos los campamentos para hacer un primer acercamiento y diagnóstico de la realidad, desde el SJR se nos asignó un Promotor/a Social que nos acompañase en la  primera entrevista con los miembros de los Comités que, es obligado decirlo, funcionan maravillosamente tratando de mantener alguna organización y orden entre las personas de los Campamentos. Hay comités de sanidad, limpieza, mujeres, reconciliación, comunicación, educación, espiritualidad y seguridad. Cada uno hace su trabajo de manera gratuita, pero ya hay demandas de que así no pueden continuar. No tienen trabajo remunerado ni entradas de ningún tipo y ven cómo su entrega es necesaria, pero con un trabajo sin salario no les da para sobrevivir. Es de destacar que las mujeres son quienes antes del terremoto sostenían a la familia con las ventas ambulantes. Ahora también, algunas continúan haciéndolo, pero muchas LO PERDIERON TODO.  La demanda que más se deja oír es que las ayudemos con proyectos de microcréditos u otros proyectos productivos para poder montar algún negocio y poder así tener alguna entrada para comprar comida para su familia. Necesitan urgentemente salir a vender algo pero carecen del primer capital necesario para empezar el negocio. Es durísimo estar en los campamentos al mediodía, los niños/as regresan de la escuela y las madres no tienen preparado nada para darles de comer.

Los primeros días de visita fuimos llegando una a una a nuestra casa a las 3, 4 y 5 de la tarde, casi desfallecidas de hambre, pero convencidas que eso no era nada comparado con la necesidad de comida que miles y miles de personas experimentan cada día en Haití y más concretamente en los campamentos. Ya dijimos que nos impresionó ver vender las galletas de tierra. Pero eso no fue todo: a la puerta de una tienda, un mango se repartía para 5 pequeños quizá como único alimento del día; veíamos unas cuantas mujeres y hombres durmiendo a mediodía y no era que hacían la siesta, ¡no! Una mujer nos dijo que necesitan dormir para aplacar el hambre. Y por otro lado, ante el llanto de un niño que pedía comida a su madre, ella le dice que “espere”, pero son vanas promesas pues no tiene nada qué ofrecerle. Dentro de las tiendas, hace un calor sofocante, pero algunas mujeres nos hacen entrar. Es como estar en un “sauna”. Y lo que podemos observar es una carencia total de todo: en escasos 4 metros cuadrados sólo puede caber una cama donde dormirán hasta 6, 7 y  hasta 11 miembros de una misma familia. En un rincón se amontona ropa que no sabemos si es sucia o limpia, Y nuevamente el pensar cómo es posible que los domingos se vistan tan elegantemente para ir a la Iglesia. ¡Parece que van de estreno! Los niños con sus camisas limpias; las niñas impecablemente vestidas y peinadas; las madres elegantes y hasta con tacones en medio del barro que rodea a las tiendas y eso que no nos ha tocado todavía la temporada de lluvias. En alguna tienda hemos visto colgadas las tres camisas que, especialmente un amigo nuestro que viene a casa para que practiquemos el kreyól y a la vez él aprender español, se las pone para presentarse ante nosotras. Y es que su dignidad de personas reluce como el  oro que se lo descubre entre piedras y arena.

En algunos campamentos las ayudas humanitarias ya se han retirado y no tienen ni agua para beber o lavar. ¡Deben comprarla diariamente o las mujeres caminar mucho tramo para luego subir con cubos de agua sobre sus cabezas. Nos preguntamos: ¿Cómo tienen fuerzas para continuar sobreviviendo? ¿Qué hacer ante tanto dolor y necesidad? Somos conscientes de que nosotras no somos la solución de los problemas, pero diariamente en la oración, damos gracias a Dios por habernos permitido ser esos instrumentos pequeños e insignificantes en sus manos. Somos poca cosa, con muchas limitaciones, palpamos nuestra  impotencia, pero Dios nos ha permitido estar cercanas a estas personas, las más pobres entre los pobres, para escucharlas, acompañarlas, brindarles un gesto de ternura,  cercanía, solidaridad. Estamos contentas porque poco a poco comprendemos más su idioma y podemos mantener algún diálogo. Pero estamos convencidas que más importante es el otro idioma,  el del servicio y la solidaridad.

El jueves 20 de enero por la noche, vino a visitarnos el P. Wismith Lazard, Director del SJR en Haití. Venía a preguntarnos ¿Cómo nos encontrábamos en esta primera temporada en Haití? Las 5 que formamos la comunidad del CIM coincidimos en decir que nos encontrábamos MUY BIEN, contentas por este regalo de Dios de poder estar cercanas a estas personas que más sufren en los campamentos.  Nos sentimos privilegiadas por poder acompañar, servir, optar por la dignidad de las personas y ser conscientes de que cualquier lucha por la justicia y por el retornar los derechos a un pueblo olvidado, es también hacer vida el Evangelio liberador de Jesús.

El  viernes 21 de enero, dentro de un clima de oración compartida y pidiendo al Espíritu Santo sus luces para poder culminar unos días de discernimiento que nos habíamos marcado para escoger a quien sería la representante de nuestra comunidad, decidimos por consenso y escuchándonos las motivaciones que cada una exponía, que la representante de la CIM durante este año sería SOCORRO LOPEZ, la hermana MisioneraComboniana mexicana que se integró a primeros de diciembre a nuestra comunidad. Creemos que prestará muy bien su servicio de representar a la comunidad en instancias oficiales; en caso de necesidad, tomará las decisiones inmediatas que implican a la CIM y será nuestra interlocutora oficial cuando se requiera, informaciones, evaluaciones, etc.

El sábado 22 de enero tuvimos la primera Eucaristía en nuestra casa y el P. Mateo Aguirre, enviado por los Jesuitas desde Roma como delegado en el trabajo en los campos de refugiados, fue quien compartió con nosotras estos momentos. Desde este día tenemos ya a Jesús Eucaristía en un sencillo cofre, artesanía típicamente haitiana,  en nuestra Capilla que será un referente importante en nuestro caminar como misioneras en Haití.

En la semana del 24  al 28 hemos tenido una serie de reuniones en el SJR para escuchar la evaluación de este año de todo el trabajo pastoral y social que se ha hecho en los campamentos. Todo muy interesante para conocer la dinámica del lugar en el que trabajaremos. En un primer momento nos preocupamos pensando que el trabajo pastoral se reducía sólo al aspecto sacramental sin contar el elemento de compromiso y de transformación de una dura realidad inhumana. Sin embargo pronto entendimos que por respeto a ciertas mentalidades  se exige el mantener ciertas formas tradicionales, pero poco a poco hemos propuesto se integre la pastoral en el trabajo que el equipo de Promotores Sociales lleva adelante, conscientes de que no se puede desligar la tarea de evangelización de la promoción  y la búsqueda de la justicia y el hacer vida la Palabra con la promoción de los Derechos Humanos. Nuestro compromiso con las mujeres, los jóvenes, niños/as, la atención en el área de salud y la enseñanza de  español a quien lo necesite, no quiere desligarse de nuestro ser de cristianas y de mujeres consagradas comprometidas con la causa liberadora del Evangelio.

Para la elaboración de los futuros proyectos de pastoral y de promoción social tendremos el asesoramiento de una cooperante que ha venido de España. Tenemos esperanza que después del diagnóstico que hagamos de la realidad de los campamentos y después de escuchar las demandas más urgentes, podremos elaborar algunos proyectos con los que podamos dar respuesta a los distintos requerimientos de las personas con quienes contactemos. Es importante darnos cuenta que el ir entrando en esta dura realidad nos plantea muchos retos. Las necesidades sobrepasan cualquier acto de buena voluntad. Nos podemos sentir impotentes ante tanta miseria e inhumanidad, sin embargo, las palabras del Evangelio sobre el grano sembrado, la semilla de mostaza, la levadura en la masa…anima nuestra entrega. Es Dios quien hará fructificar nuestra pequeñez y debilidad, nuestra impotencia y limitación. Con amor queremos ser signos y canal para que la ternura de Dios llegue a estas personas, realmente pobres y desvalidas. Cada día que visitamos los campamentos nos damos cuenta del inmenso valor que tiene una sonrisa, una caricia, una actitud de escucha, un compartir la misma piedra para sentarnos a la sombra. Y a este propósito,les compartimos también que vivimos muy cerca de las Hermanas Misioneras de la Caridad de la M. Teresa de Calcuta. Las hemos ido a visitar algunas veces y su entrega nos edifica. Tienen acogidos a muchos niños huérfanos, abandonados por sus madres o acogidos temporalmente por estar en una situación de desnutrición impresionante. Y allí están, con las puertas abiertas para recibir a voluntarios/as que quieran dar ternura a esos pequeños, aunque sea por un instante. Creemos que podremos trabajar juntas, derivando algunos niños/as de los campamentos a los que visitamos, aunque las demandas superarán las posibilidades.

El sábado 29 de enero asistimos a una Jornada para celebrar el Día de la Vida Consagrada. Nos reunimos unas 300 religiosas/os, primero en una Eucaristía toda en francés y luego en una ponencia muy interesante en kreyól, para motivarnos a encontrar el sentido profético de la Vida Religiosa Haitiana, la necesidad de desinstalarse para dar credibilidad y sentido a la búsqueda del reino. Consideramos que las palabras del P. Firto Régis, c.s.c. pueden ser una interpelación constante y , Dios quiera, sea un motor para encontrar en la vida religiosa esa actitud del samaritano, la audacia profética de Elías, la disponibilidad de Nicodemo, la valentía de María que canta la liberación de su pueblo. El trabajo en equipos nos sirvió para  entender nuevamente dónde se ubica la vida religiosa en Haití y lo mucho que debe recorrer si quiere optar por un compromiso de evangelio con los más pobres y necesitados y no solamente centrada en la atención de colegios privados, sorda al clamor de un pueblo que sufre. A muchas religiosas les sorprende nuestra experiencia de intercongregacionalidad. No llegan a entender el hecho de vivir en una comunidad, religiosas de distintas congregaciones. Nos preguntan qué cómo es posible ser fiel a lo específico de cada Instituto. Nuestra respuesta es siempre la misma: lo que nos une y hace caminar juntas es el Evangelio de Jesús y su opción por los preferidos del Reino: los más pequeños y desvalidos, sin perder de vista que nuestros carismas tienen allí su fuente de inspiración Nos enriquecemos con la diversidad de la riqueza que cada una trae y nos alegramos de poder vivir en comunidad sin perder lo específico de cada una.

Hemos terminado el mes de enero y las que salimos de Ecuador ya llevamos casi tres meses en Haití. Y Socorro, que vino desde México, dos meses ¡Nos parece, por un lado, que fue ayer que llegábamos a Puerto Príncipe cargadas de interrogantes y totalmente desorientadas! Por otro lado, nos da la impresión de que ya somos parte de este pueblo y nos sentimos contentas de haber encontrado nuestro lugar. Recién ahora creemos que podremos iniciar nuestro trabajo haciendo un buen diagnóstico de la realidad para detectar bien las demandas y poner las bases en la elaboración de los proyectos que, como un grano de arena, pero serán la contribución para que el nuevo Haití en el que sueña tanta gente sea una hermosa realidad. Tenemos la exigencia de hablar y entender la lengua para comprender mejor lo específico de la cultura haitiana. Hemos hecho progresos, pero aún nos falta mucho. Para las hermanas que se preparan a venir en el mes de mayo, les invitamos a plantearse que 6 meses es muy poco tiempo para integrarse en una realidad como la de Haití.

La próxima crónica quizá girará sobre nuestra experiencia concreta en el trabajo que desde el SJR se nos encomienda. Agradecemos las oraciones de todas las personas que nos acompañan en nuestro caminar misionero y confiamos una vez más en esa fuerza que nos impulsa a continuar con gozo y gratitud.

MESI ANPIL, ANPIL!

 

Puerto Príncipe, 31 de enero de 2011