CRONICA DE LA CIM

25 DE NOVIEMBRE 2010 A ENERO 2011

 

Desde el  25 de Noviembre hemos estado dispersas: Cecilia y Marlene en Monben Krochi; Clemencia en Karis; Eugenia sola en Puerto Príncipe hasta la llegada de Socorro el 7 de diciembre. Socorro es mexicana perteneciente a la Congregación de Misioneras Combonianas y  viene a integrarse a nuestro grupo con un compromiso de un año.

Solamente a partir del 5 de enero todas las que formamos la comunidad  CIM, enriquecida ahora por la presencia de una nueva congregación, ha podido reunirse y comenzar su experiencia, ya ubicadas en la casa de comunidad que, gracias a las gestiones de Eugenia y luego a la entrega de Socorro, la tenemos lista y arreglada. Nos agrada ver que está ubicada en una zona sencilla, en medio de la gente y muy cerca al campamento de Henfrasá, uno de los campamentos donde trabajaremos. Nos preocupa un poco la excesiva humedad que aparece por todas las paredes de la casa, pero confiamos en que no será un inconveniente que no podamos superar. La falta de agua y de luz está dentro de la normalidad de Puerto Príncipe, así que vamos asumiendo y organizándonos conforme a esta realidad. Conocemos ya los lugares donde podemos hacer las compras y poco a poco vamos abriéndonos a nuevos desafíos de este lugar en el que estamos.  Los desplazamientos los estamos haciendo en el “tap-tap” y ya conocemos bien las combinaciones que debemos hacer hasta llegar a las Oficinas del Servicio Jesuita de Refugiados o para ir a comprar. Es muy interesante poder compartir de cerca la realidad del día a día del pueblo haitiano y esta incomodidad en el transporte es uno de los medios a nuestro alcance que, además, nos resulta mucho más económico que si tuviésemos coche.

Hemos tenido las primeras reuniones comunitarias para compartir las experiencias vividas en este tiempo y  organizarnos en los turnos de animación de la liturgia, hacer la comida,  limpiezas y también las responsables para animar las reuniones comunitarias que hemos visto las podremos hacer semanalmente. Es todo un compartir y enriquecernos mutuamente. Vemos que lo que nos une esencialmente es el evangelio de Jesús y su opción por los más pequeños y marginados en este pueblo de Haití en el que comenzamos a caminar. Notamos que con la lengua nos va mejor. Entendemos más a la gente y también poco a poco nos hacemos entender. El Padre Lazard nos anima diciéndonos que es con el tiempo cuando empezaremos a dominar el kreyól y que, como dice un proverbio haitiano: “Pitit, pitit, zwazo fé nich” (“Poco a poco es como el pájaro hace el nido”).

 

Como las experiencias en este tiempo han sido muy diversas, hemos decidido que cada una escribirá lo que ha vivido y luego adjuntaremos a esta crónica. Mientras tanto, estamos ya compartiendo juntas los inicios de una vida comunitaria intercongregacional y conociendo los sentimientos de este pueblo que, con dolor y esperanza, se prepara a recordar de una manera especial a sus seres queridos muertos en el terremoto de hace un año. El SJR organizó unas jornadas de reflexión centradas en el lema “Entre el dolor y la esperanza” justamente para recogernos delante de la memoria de las víctimas de la tragedia y orar juntos por un futuro mejor para Haití. A través de ciertas iniciativas, se ha querido, sobre todo, crear un espacio abierto de reflexión para evaluar las acciones realizadas por las diferentes instituciones públicas, privadas, nacionales e internacionales, en un “después” de la catástrofe, en vías de aprender de las lecciones dejadas para abrirse a las perspectivas de un futuro más digno y humano.

Sintiéndonos parte activa  en el SJR, vimos necesario participar los cuatro días de la jornada. Y nos sentimos satisfechas de haberlo hecho. El domingo 9 tuvimos una Misa solemne animada por gente de  los Campamentos Automeka y Henfrasá. Es conmovedor ver cómo esta gente que ha perdido todo y vive bajo unas frágiles carpas de plástico, tienen ánimos de cantar y expresar su fe a través de la danza. Marlene y Clemencia participaron en los ensayos en los campamentos y  es esperanzador constatar que los rostros de las mujeres, hombres y niños/as de los campamentos ya nos resultan familiares, podemos conversar un poco en kreyól y vamos conociéndonos mutuamente. El primer día de la jornada estuvo a cargo del SJR y se analizó la realidad de los desplazados un año después del terremoto de enero del 2010 y se vio que en un año, no sólo ha sido el terremoto el que ha golpeado a este pueblo. Se han dado varios acontecimientos adversos que van agravando cada día la situación de Haití: después del terremoto los huracanes; luego la epidemia del cólera que todavía sigue activa; y para acabar la gran inestabilidad política que reina en el país a espera de una segunda vuelta en las elecciones con resonancia de fraude. Nos preguntamos, ¿será posible levantar la cabeza en estas circunstancias? Las representaciones de teatro que se hicieron en los intermedios cantaban con esperanza: “PONGAMONOS DE PIE, LA VIDA NO ESTA ROTA PARA NOSOTROS”.

El lunes 10 se encargó el servicio de FE Y ALEGRIA. Toda la mañana, ponencias para reflexionar sobre el impacto del terremoto en el sistema educativo haitiano, los déficits y las oportunidades. Estremecedor escuchar las cifras de profesores, universitarios, jóvenes, adolescentes y niños/as muertos en el terremoto. Y ni qué decir de las infraestructuras perdidas. Sin embargo, la mirada hacia el futuro trataba de ser positiva y de mirar la manera de optar por una educación de calidad, a pesar de todas las carencias y necesidades. FE y ALEGRIA está llevando adelante unos proyectos muy interesantes que, justamente, está dentro de su filosofía de que “apostar por el futuro es apostar por la educación”.

El martes 11 las reflexiones giraron sobre el impacto del terremoto sobre el mundo rural y los campesinos que, aunque directamente no sufrieron daños materiales por el terremoto, sufrieron eso sí por la pérdida de miles de estudiantes que seguían sus estudios en Puerto Príncipe o de personas que trabajaban en la capital. Muchas familias lloraron la pérdida de familiares y amigos y otras muchas tuvieron que abrir sus puertas para acoger a quienes regresaron de Puerto Príncipe después de haberlo perdido todo, con lo que significa haber perdido una fuente de ingreso segura y además tener luego que compartir con los que llegaron los pocos alimentos de que disponían. Otra cosa impactante es la degradación del medio ambiente después del terremoto por la gran cantidad de basura que ha generado la ayuda humanitaria recibida, especialmente en lo que se refiere al material de plástico. Si ya de por sí la basura es un gran problema en Haití, se ha acrecentado por la presencia de plásticos, latas, cristales que aquí no tienen posibilidades de reciclarse.

El miércoles 12, día en que se recordaba la terrible tragedia de hace un año, ya desde muy temprano se sentía que ese era un día “diferente”. Prácticamente, Puerto Príncipe se paralizó para dar lugar a que la gente pudiese acudir a ceremonias religiosas o a marchas organizadas para tener un recuerdo especial por las 300.000 víctimas del terremoto. No hubo clases en los colegios, los mercados estaban vacíos, el tráfico notoriamente disminuyó. En la Iglesia en la que nosotras participamos en la Eucaristía hubo un recuerdo especial de los 17 niños y dos profesores muertos en el terremoto y que asistían a la escuela que dirigen la Comunidad de los Religiosos Memesianos.

La Iglesia, llena de gente, la mayoría vestida de luto. Como también en las ruinas de la Catedral había una celebración especial, Cecilia, Socorro y Eugenia se dirigieron hacia allá, mientras Marlene y Clemencia continuaron en lo que organizaba el SJR. A la noche nos encontramos todas y compartimos la cantidad de impresiones que se agolpaban en nuestro corazón.

Un detalle hermoso fue la decoración de nuestra pequeña capilla. Socorro, quien tenía en ese día la dirección de la oración, la ambientó con piedras de los escombros de la Catedral, con un mapa de Haití, un Nuevo testamento en kreyól y una revista con artículos sobre la realidad de Haití. Cada una teníamos en nuestras manos una pequeña piedra de los escombros y pasamos a colocarla sobre el mapa de Haití como signo de que queríamos comprometernos en su reconstrucción. Y no hacían falta muchas palabras. La imagen de un Puerto Príncipe paralizado pero que supo recordar a sus seres queridos llenando los templos católicos y protestantes, haciendo marchas de oración, llorando por el recuerdo de los seres queridos muertos, sintiendo temor e impotencia frente a un futuro incierto pero soñando en un futuro mejor,  fueron los estímulos para dar gracias a Dios por permitirnos estar dentro de esta realidad, haciendo nuestras las tristezas y el clamor de este pueblo hermano. No podemos hacernos sordas al dolor de los más pobres. Es Dios quien nos llama y que nos hace ver que todo compromiso que asumamos en el acompañamiento  a estas  personas, será un signo de ternura y de amor de nuestro Dios que no abandona a sus hijos e hijas más necesitados/as.

Durante las jornadas hemos conocido amucha gente que trabajará con nosotras en el SJR. Con Lazard tuvimos una reunión para definir el compromiso que cada una tendremos en los campamentos. Se quedó que elaboraremos bosquejos de posibles proyectos para el trabajo con mujeres y la problemática de género y salud y que se encargarán Socorro y Clemencia; animación pastoral con jóvenes lo llevará Marlene; apoyo en la Secretaría del SJR lo asumirá Eugenia, juntamente con el trabajo de enseñar español en los campamentos también a jóvenes que están interesados; Cecilia se encargará de dar unos cursos de español a los empleados del SJR y de Fe y Alegría. Hemos marcado algunos días de reunión para sentarnos a elaborar un proyecto pastoral con otras religiosas y los novicios jesuitas que conformarán con nosotras el Equipo Pastoral.

Entre las personas que hemos conocido últimamente está el P. Mateo Aguirre, un jesuita español misionero muchos años en África, y especialista en la organización del trabajo pastoral en  campos de refugiados, desplazados, emigrantes en los países en conflicto donde los Jesuitas trabajan. Viene enviado desde la sede central del SJR en Roma para que colabore en Puerto Príncipe en la coordinación del trabajo en todos los campamentos que el Servicio atiende. Se ha manifestado gratamente impresionado con nuestra presencia como comunidad intercongregacional y más de una vez nos ha repetido que para el SJR es “un lujo” tenernos a nosotras trabajando en el equipo. Ha venido  a visitarnos a nuestra casa, se ha interesado en conocer cómo surgió esta iniciativa de la CIM, qué motivaciones nos acompañan, si se nos ofreció el trabajo en el SJR o nosotras lo solicitamos. Nos ha animado a continuar sin desfallecer pero pisando bien la realidad, a programar pero siendo conscientes de que aquí no se puede ir de prisa. Vamos dándonos cuenta de que en esta realidad de Haití,  un compromiso de trabajo por seis meses  prácticamente no te  permite insertarte en la realidad y,  por el contrario, es un desperdicio de tiempo, de energías, de posibilidades. Espontáneamente ha dicho que él también quisiera integrarse en nuestro grupo intercongregacional y que estaría dispuesto a vivir, aunque sea en una tienda, en la entrada de casa. ¿Será que el Espíritu nos está pidiendo abrirnos a otra alternativa? Ponemos en manos del Señor y ya nos imaginamos con una CIM mixta.

Dentro de la comunidad vamos conociéndonos para amarnos mejor. En la última reunión comunitaria decidimos revisar nuestro proyecto comunitario pues  creemos que Socorro podrá enriquecerlo con sus aportes y además asumir ella también un rol dentro de la animación compartida. Al integrarse más tarde, ella no participó en la  elaboración del proyecto. Además creemos que, aunque vamos funcionando bien sin una hermana concretamente designada como responsable o representante de la comunidad, es necesario que alguna de nosotras asuma este servicio para representar a la comunidad en instancias oficiales; en caso de necesidad tomar las decisiones inmediatas que implican a la comunidad; ser la interlocutora oficial de las hermanas cuando se requiera informaciones, evaluaciones, etc. Nos hemos dado un tiempo para discernir en oración para que esta decisión sea fruto de un consenso comunitario y una respuesta a estos deseos de vivir la corresponsabilidad e interdependencia. Cuando hayamos decidido quién asumirá el servicio de representante de la comunidad, les comunicaremos con cariño.

Como tratamos de ser comunidad de puertas abiertas, a nuestra casa van llegando amigos y amigas que comparten con nosotras buenos momentos y además saborean también las comidas que, la que está de turno, ha preparado. Cuando son haitianos, es una buena ocasión para practicar el kreyól. Si hablan español, nos alegramos de compartir experiencias vividas en esta tierra y evaluar nuestro proceso de inserción. Acabo esta crónica comentando que Eugenia y Socorro han tenido también sus clases de kreyól aquí en casa con profesores que puntualmente han venido por la mañana y por la tarde. Como desde la próxima semana nos iniciaremos en el trabajo directo en los campamentos, ya han decidido que las clases acabarán el 15 de enero. En el momento en que comencemos a trabajar en los proyectos directos con las mujeres, jóvenes y niños/as de los campamentos, sabremos evaluar hasta qué punto estamos preparadas con el kreyól. El esfuerzo lo hemos hecho todas. Creemos que es lo importante para EMPEZAR!

 

Puerto Príncipe, 15 de Enero de 2011