“El Evangelio es solidaridad”

 

Entrevista con el arzobispo de Tegucigalpa y presidente de Caritas internacional

 

 

 

El cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa y presidente de Caritas internacional, comparte en esta entrevista con los lectores de ZENIT-El Observador una serie de reflexiones sobre la institución de ayuda católica que preside, la justicia y el documento que emitió la Conferencia General del Episcopado de América Latina y el Caribe, celebrada en Aparecida de 2007.

 

 

--¿Caridad y globalización son compatibles?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: No sólo son compatibles, sino que la caridad tiene que globalizarse. Cristo nos dejo el amor al prójimo; Juan Pablo II nos decía que en un mundo donde sólo se globaliza la economía, hay que globalizar la solidaridad y la muestra más grande de solidaridad es el amor.

 

--¿Cuál es la responsabilidad de los países desarrollados con respecto a los subdesarrollados?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Es la corresponsabilidad, esto debe ser en dos vías, de los países desarrollados a los subdesarrollados y viceversa. No solo se trata de ayudas humanitarias como se les llama por temor a decir la palabra caridad, parece que esta devaluado este concepto. Nada más distorsionado, lo primero que nos dijo Benedicto XVI es "Dios es amor" y no debemos tener complejos de inferioridad al llamar las cosas por su nombre: la caridad es la cumbre del cristiano, es lo más grande.

 

--¿En dónde se juntan las palabras solidaridad y Evangelio?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Ya de por sí el Evangelio es solidaridad, es la Palabra hecha carne que viene a hacerse uno de nosotros y se vuelve Buena Notica, se vuelve Evangelio. El Santo Padre en el primer volumen sobre Jesucristo decía: el Reino no es un lugar, no son cosas, el Reino es una persona, es el Señor Jesús. Allí estamos todos reunidos: solidaridad, caridad y Cristo.

 

--¿Cuál es la relación entre justicia y medio ambiente?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: La campaña que se hace en Caritas Internacional no es simplemente ecología, porque en nombre de la ecología se cae en el ecologismo que es una ideología más, muchas veces pervertida en panteísmo que incluso se convierte en anticristianismo. En Caritas hablamos de justicia con la creación, justicia con el ambiente. La cumbre de Copenhague fue, tristemente, un fracaso porque los grandes del mundo no se quieren comprometer en su responsabilidad con la creación.

 

Por eso Caritas sostiene que no es sólo preocuparse por el ambiente, es Justicia con la creación. Dios nos puso en las manos la creación no para ser déspotas, ni para ser abusadores, puso la creación en nuestras manos como administradores. No podemos heredar un mundo depredado, debemos heredar una creación convenientemente administrada por la justicia.

 

--¿En qué lugares del mundo hay focos rojos en la relación justicia y paz?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Es difícil decir dónde está la frontera, porque ya lo decía el documento de Puebla: por el corazón de cada uno pasa una línea fronteriza del bien y del mal, tristemente en todas partes encontramos que el misterio de la inequidad se mantiene activo, es una de las cosas en donde debemos estar siempre vigilantes, poder identificar ese espíritu maligno para derrotarlo a fuerza de bien. Creo que en todas partes del mundo se puede encontrar a aquellos que desean hacer el bien y a los que se gozan en el mal. De tal manera que la llamada de la conversión es a todos, no podemos señalar a nadie, debemos tomar lo que nos toca de esa llamada a la conversión.

 

--¿Qué papel debemos desempeñar los católicos para que Justicia y paz se besen?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: En primer lugar darnos cuenta de que no se opone la caridad con la justicia. El Papa Benedicto XVI, en la primera encíclica, nos habla de esto. En los años setenta cuando todas las ideologías miraban hacia el socialismo, decían "No se debe dar por caridad lo que corresponde por justicia;, estaban equivocadas, la justicia y la caridad van unidas. Cuando hay justicia llega la paz, no se puede construir la paz en la injusticia, no se puede construir la paz en el odio.

 

--Desde su experiencia, ¿Los católicos tenemos conciencia de la dimensión social de la Iglesia?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Creo que conciencia hay pero debe ser educada. La comunidad cristiana debe ser formada en lo que significa la dimensión social de la caridad, es necesaria esta instrucción porque las ideologías imperantes en el mundo van en sentido contrario.

 

El mismo Santo Padre nos ha hablado del individualismo, tendencia contraria al Plan de Dios, el cual es salvarnos en comunidad, en Pueblo de Dios. Esto tiene unas implicaciones sociales muy grandes, no se puede decir que se ama a Dios a quien no vemos, si no amamos al prójimo a quien sí vemos. Por eso la Iglesia nos ha dado el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, no como un libro más, sino como una asignatura pendiente en todos los bautizados, que debemos interiorizar para poner en práctica.

 

--¿Cómo responder a aquellos que califican las políticas de Caritas de asistencialistas, entendiendo por esta palabra el sentido más negativo del concepto?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Los que hablan de asistencialismo jamás han dado ni un centésimo para servir al prójimo, lo he podido comprobar, hablan y desprecian pero ellos no colaboran. Una persona que sabe lo que es amar al prójimo y servirlo aun con una pequeña limosna, ese nunca hablara de asistencialismo. Que sigan hablando de asistencialismo los que nunca se asisten ni a sí mismos.

 

--El santo Padre habla de la importancia de la asistencia católica, sin embargo conocemos algunas Caritas diocesanas en Europa en donde sólo hay profesionalización y el espíritu de amor se pierde, se quedan con el puro tema de la ayuda eficaz, ¿Cómo conciliar la vertiente del amor y de la ayuda eficaz?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: En el último congreso con todas las Caritas europeas tocamos ese tema. Las que han caído en la idea de que servir en Caritas es un empleo más son pocas, la mayoría de las Caritas vienen de países que ya no tienen tan prosperidad económica, por tanto Caritas no es una fuente de empleo porque la mayoría de los que participan en Caritas son voluntarios. En España, por ejemplo, hay seis mil parroquias organizadas y en cada una de ellas trabajan centenares de voluntarios. Nuestro trabajo es darles la teología de la caridad para que se comprenda que no somos una ONG más, somos una organización de fe y por la fe es que servimos al prójimo con amor.

 

Para la conjunción de amor y ayuda eficaz habrá una respuesta adecuada para la próxima asamblea que será en mayo del año próximo.

 

--¿Qué papel desempeña el voluntariado dentro de Cáritas?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Es central. Caritas no podría existir sin el voluntariado, porque muchos entienden que Caritas es simplemente acudir a emergencias, esa es una de las partes pero la función principal de la Caritas es educar a cada Cristiano en las dimensiones sociales del amor, mostrar que uno no puede encerrarse a vivir su cristianismo de una manera individualista. Todos los programas educativos son de prioridad y todas las Caritas tienen programas de formación y de educación para los cristianos, el ideal es que todas las parroquias pueden tener también organizadas su pastoral social en la cual entra Caritas.

 

--¿Qué características debe tener la Caritas del Siglo XXI?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Las mismas que tiene desde el principio, porque Caritas es amor, el amor no cambia, más bien debe crecer. Si hay alguna característica debería ser que ahora amamos más que antes, porque en las cosas del dinero quien tiene mucho dinero y da mucho dinero no se queda con nada; en las cosas del amor quien tiene mucho y da mucho cada día tiene más.

 

El Plan de Dios es que frente a la creación seamos administradores, frente a Dios seamos hijos, y frente a al prójimo seamos hermanos. El mundo a Dios lo toma como un enemigo, al prójimo lo toma como adversario, a la creación la ve con sentido de explotación. Entonces eso tiene que cambiar, debemos ser más corresponsables, más solidarios y más llenos de amor.

 

--En Aparecida se habló de un cambio de época, ¿Cómo encuentra usted a tres años de Aparecida el llamado a la misión permanente?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Va caminando con distinta velocidad, en algunos lugares se ha dedicado el primer año a estudiar el documento y en ese paso he visto progresos en muchas diócesis y también indiferencia en otras. Hay algunos que aun no se han enterado de Aparecida.

 

Quisiera que todos sintiésemos esa necesidad de vivirlo porque es un documento precioso, ahí vemos inspiración del Señor. Ya se hizo un lanzamiento oficial de la Misión Continental, que será un proceso. En algunos lugares va dando buenos frutos, uno de ellos es la corresponsabilidad entre las diócesis, no podemos pensar que la diócesis es un potrero con cercas donde no se puede mover nadie, las fronteras del amor no son barreras. Hay más conciencia en nuestro continente de ser corresponsables.

 

El proyecto descansará básicamente en el celo pastoral de los obispos y de los sacerdotes porque el laicado está dispuesto, pero necesitamos que los pastores estemos llenos del corazón de San Pablo: "Hay de mí sino evangelizo".

 

--Hay un tema importante: la conversión pastoral...

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga: Para mí es una de las cosas geniales de Aparecida, pone el dedo en la llaga. Después de Vaticano II tomamos algunas cosas y nos quedamos haciendo más de lo mismo. Resulta que el Espíritu Santo no trabaja así. El Espíritu lo primero que hace es desinstalarnos, un sacerdote en una parroquia haciendo más de los mismo termina haciendo nada porque este cambio de época nos esta pidiendo cosas distintas.

 

En Santiago de Chile hicieron una encuesta, en una escuela le pedían a los niños que hicieran un dibujo de la Iglesia, había un denominador común: todos los templos estaban cerrados, el cura nunca aparecía. Allí los niños nos dicen muchas cosas, yo creo que no podemos seguir haciendo más de lo mismo.

 

Aparecida enfatiza la formación en la fe, o sea la catequesis, allí encontramos una de las lagunas en la pastoral. En mis parroquias he preguntado ¿Cómo está la educación de la fe? Y exclaman "¿Qué es eso?, otros dicen "No tenemos colegios católicos".

 

Según la Iglesia, el párroco es el primer responsable de la educación en la fe de sus fieles y nos dice el directorio de la catequesis que debe ser la educación progresiva y sistemática de la fe; esto no se cumple, la catequesis es episódica y pre-sacramental, muchas veces es tan elemental que uno encuentra catequistas muy buenas personas pero dando una preparación deficiente. Una de las líneas de la conversión pastoral es que el párroco debe sentirse el primer responsable de la formación de sus fieles. Todavía no hay conciencia de eso.

 

--En muchos países la Iglesia se convirtió en clientelar, ¿no es así?

 

--Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga. Todo el continente tiene esta problemática, estamos esperando que vengan a nosotros y cada vez bien menos porque no están motivados, ya es hora de salir. Debemos llevar al Señor a sus ambientes, aquí es donde encontramos una de los grandes defectos de la pastoral: no hemos llegado a evangelizar a la política y a los políticos, entonces cuando algunos que se llaman buenos cristianos entran en la política lo primero que olvidan es el evangelio.

 

Yo fundé una universidad católica que ahora tiene 14 mil alumnos. Con muchos esfuerzos hicimos una facultad de ciencias políticas y no se ha inscrito nadie, porque no se considera que para ser político se requiere formación, todos creen simplemente se necesitan saber todas las mañas. La asignatura pendiente es formar auténticos políticos.

 

No hay muchos políticos dispuestos a dar la vida por el Reino, pero hay bastantes que sucumben ante el dinero fácil. Cuando se trata de perpetuarse en el poder no importa si se atropella una constitución. Todavía estamos en pañales frente a la política del bien común.

 

 

Por Jaime Septién y Omar Arcega

 

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