ENVÍO CIM

María Eugenia Ramírez (presidenta de la CER)

Hace ya 8 meses que  la Conferencia de Religiosas/os del Ecuador, haciéndose eco del clamor del pueblo haitiano ante la tragedia del terremoto y deseando RESPONDER A DIOS- EN COMUNIÓN- ALLÍ DONDE LA VIDA CLAMA[1], convocó a la vida religiosa del país a una MISIÓN INTERCONGREGACIONAL, para acompañar el proceso de reconstrucción de este pueblo  hermano cuando el acontecimiento dejara de ser noticia.

Queremos creer, como nos dice la Clar, que una Vida Consagrada nueva es posible: encarnación viva de la mística, la profecía y la esperanza; al servicio de la vida amenazada, en sintonía con la creación; con un estilo de vida más minoritario pero más significativo y evangélico. La respuesta de estas hermanas y la acogida de sus congregaciones a esta apuesta por la vida es para nosotros motivo de esperanza y expresión concreta de que nuestra vocación de frontera, itinerante y misionera sigue latente en el corazón de la vida religiosa.

Con ellas, con el envío de estas caminantes soñadoras, queremos responder al clamor por la vida en Haití. Y esta Jornada Mundial de las misiones, queremos regalarles una Palabra y una bendición:

“He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para librarlo y lo conduciré a una tierra nueva y espaciosa, una tierra que mana leche y miel (Ex. 3, 7-8)

Nuestro Dios sabe ver, oír, bajar y conducir. Tiene ojos, oídos, manos y pies a la hora de conmoverse ante el dolor de su pueblo. Por ello, vamos a pedirle todos juntos que bendiga a estas hermanas,

Que bendiga sus ojos: para que sepan ver y reconocer la vida que brota, aún en las situaciones más difíciles. Para que puedan descubrir al Resucitado, como María Magdalena, aún en medio de las piedras, los escombros y la muerte.

Que bendiga sus oídos, para que escuchen no sólo los clamores de este pueblo sufriente, sino también los cantos, las flores que crecen, los murmullos de la primavera que avanza.

Que bendiga sus manos, para reconstruir con sus pequeños esfuerzos, una nueva historia y un nuevo pueblo; que les de manos acogedoras, tendidas para prestar ayudar, para hacer cadenas, para estrechar al hermano, para ofrecer ternura y consuelo, para sembrar sueños.

Y que bendiga sus pies, que  sigan a su Señor por esos caminos de “abajamiento”, para que, desde abajo, desde dentro, puedan caminar junto con el pueblo haitiano y experimentar con ellos, la entrañable misericordia de nuestro Dios.

Con ustedes, Cecilia, Eugenia, Clemencia y Marlene, vamos todos y todas nosotras. Son nuestras embajadoras de la esperanza.

Que el Señor, las bendiga y las guarde. Que el Señor les muestre su rostro y tenga piedad de ellas. Que el Señor les dé un corazón inquieto para rastrear sus señales, y les conceda la paz y el gozo de cumplir su voluntad.

 



 

 



[1] Parafraseado el lema de la CLAR 2009-2011:: “Escuchemos a Dios donde la vida clama”