CIM EN HAITI

 

EXPERIENCIA EN KARIS

DE CARMEN ROSA PEÑARANDA Y MAGDALENA NIEVES

04 de Noviembre al 16 de Diciembre 2011

 

Llegamos  el 25 de octubre a Haití y sentimos que nuestros sueños se van haciendo realidad. Toda la comunidad de la CIM nos recogió en el aeropuerto. Desde luego nos hicieron sentir como en casa desde el primer día, pues no faltó ningún detalle fraterno.

Al día siguiente, bajo el calor de Haití, en los tap, tap, rumbo a la oficina de SJR. El padre Lazard, nos acogió con cariño y nos presentó la obra y el proyecto que lleva el SJR. Nos motivó a que emprendamos esta primera misión aprendiendo el idioma por 6 semanas en Karis, una región muy alejada y de difícil acceso. Además nos comunicó que, de acuerdo a las experiencias y capacidades de cada una, nos encargaríamos, la Hna Carmen Rosa de la Pastoral con los jóvenes en los campamentos en los que trabaja el SJR y la Hna Magdalena de la sistematización de los proyectos desde los  mismos campamentos.

Los primeros días en Puerto Príncipe aprovechamos para acompañar a las hermanas y conocer el trabajo que ellas hacen. No salimos de la impresión  de ver  la vida de tantos hermanos nuestros que viven en condiciones inhumanas, bajo una carpa envejecida y soportando el calor intenso  de Haití. Y con ello, la insalubridad, la falta de trabajo y el hambre que muchos tienen que pasar. A pesar de tanta pobreza, reflejan el rostro de Dios encarnado, un Dios con nosotros, un Dios creativo, que crea y recrea. Admiramos la capacidad de los jóvenes que al instante se inventaron cantos, poesías y dinámicas para darnos la bienvenida y despedir  a las otras hermanas que regresaban ya a Ecuador después de su misión cumplida.

Damos gracias a Dios porque El continúa su obra a través de la CIM, de cada una de las hermanas que realizan su trabajo misionero con una actitud de entrega silenciosa, desde lo pequeño, sencillo,  sin protagonismos, intentando devolver la dignidad a hombres y mujeres como hijos/as, de Dios desde la formación integral. Su testimonio de vida nos evangeliza, nos anima y nos impulsa a poner nuestras vidas en las manos de Dios y entregarnos con generosidad en la construcción del Reino.

Con ilusión y temor salimos el 4 de noviembre rumbo a Karis. El viaje fue largo e hicimos noche en Wanamed, donde nos acogieron los Padres Jesuitas. Al día siguiente muy temprano, continuamos el recorrido, impresionadas por los caminos por los que pasábamos, pero más aún por el olvido en que están sumergidos  estos pueblos del noreste de Haití.

En Karis, nos hospedamos en casa de Madanm Amós. Todo estaba preparado: el profesor, la agenda de trabajo y el plan de alimentación. Ahí empezamos a despojarnos de nuestro idioma, de nuestra mentalidad para poco a poco entrar en esta cultura diferente a la nuestra, acogiendo desde la fe, sin entender nada, pero con el propósito de aprender este nuevo lenguaje y descubrir las semillas de vida encarnadas en esta realidad.

Dentro del plan de estudio estaba las visitas a todo el pueblo con el objetivo de conocer esta realidad con su cultura. Nos impactó el sinnúmero  de alumnos en las instituciones educativas, que son varias y todas en manos privadas, en condiciones de pobreza extrema. Los maestros dando lo mejor de ellos, con medios muy pobres. Los alumnos con un solo cuaderno. Esta ciudad no tiene luz; agua solamente tienen pocas familias; cocinan con carbón una o dos veces al día. Sin embargo, existen algunas organizaciones: Hospital con equipo de médicos cubanos. ONGs, que impulsan proyectos alternativos para enseñar a cultivar la tierra y sobre todo a trabajar organizados. Esto último es un sueño que cuesta mucho alcanzarlo. Son pequeñas semillas que generan esperanza en hombres, mujeres y jóvenes. Con todos estos elementos nos parece que ahí hay más vida que en Puerto Príncipe.

En medio de tanto olvido y pobreza, al no tener luz, no tienen la influencia de la TV y se mantienen valores: conversar en  familia, estudiar  alrededor de un foco que algunas familias tiene por un par de horas gracias a los paneles solares, reunirse a rezar en diferentes casa en torno a una vela.

Los domingos salen vestidos impecables a la celebración de la Eucaristía donde animan coros diferentes de jóvenes, hombres y mujeres. Esto y otras actividades nos dio una visión del modo de ser de la cultura haitiana. Nosotras, haciendo camino, fuimos incorporando los valores a nuestra vida y los pusimos en la oración diaria, para que Papa Bondye vaya purificando y fortaleciendo nuestro deseo de responder al llamado que El  nos hacía a diario.

Damos gracias a Dios por este tiempo de adviento, un privilegio para nosotras vivir en este contexto de escucha, esperanza, vigilancia, acompañadas por María, que no escatima momento para decir Sí.

Ya de regreso a nuestra casa de la CIM en Puerto Príncipe estamos agradecidas y dispuestas a hacer  lo que se pueda. Somos instrumentos en las manos de Dios. El gran desafío sigue siendo practicar el idioma.

Con cariño nos despedimos muy agradecidas,

 

Magdalena NievesEsclava del Sgdo. Corazón

Carmen Rosa PeñarandaLa Asunción