¿Qué nos dice...?

 

¿Qué le decimos…?

 

Presentación

El Equipo de Reflexión Teológica de la Conferencia Ecuatoriana de Religiosos/as (ERT-CER) quiere continuar una tarea de reflexión, iniciada con la venida del Papa Francisco al Ecuador en el año 2015, haciendo dos preguntas a la Vida Consagrada: “¿Qué nos dice la realidad y qué le decimos nosotros/as como consagrados/as?.

Somos y queremos ser una Vida Consagrada que escucha los signos de los tiempos y que se deja interpelar por las realidades de nuestros contextos políticos, económicos, culturales, eclesiales, ecológicos, sociales…, con la sensibilidad del Evangelio de Juan: “Conságralos mediante la verdad: tu palabra es verdad. Así como tú me has enviado al mundo, así yo también los envío al mundo; por ellos ofrezco el sacrificio, para que también ellos sean consagrados en la verdad” (Jn 17, 17-19), pues aunque no somos del mundo, estamos en el mundo para ser testigos de la Trinidad, con sentido crítico y con la humildad de los discípulos que proponen la alternativa del Reino de Dios.

Queremos ser una Vida Consagrada encarnada en la realidad, por lo que nos sentimos interpelados por ella, somos parte de ella y pretendemos ofrecer “la luz y la sal” del Evangelio (cfr. Mt 5,12-13) y de cada uno de nuestros carismas (que son de la Iglesia) al servicio de un mundo mejor.

 

¿”QUÉ NOS DICE”… LA COYUNTURA POLÍTICA?

La vida consagrada se deja interpelar

 

Dios nos habla a través de los signos de los tiempos; es un Kairós que nos permite ver lo que vive el Ecuador y lo que el Espíritu dice a nuestra vida consagrada. El Espíritu, que hace siempre nuevas todas las cosas, nos sigue interpelando para ayudarnos a ser fieles a nuestra vocación y a nuestra misión profética. Compartimos algunos de los signos de los tiempos:

  1. Somos parte de un Pueblo donde todavía falta una consciencia y formación política y –por tanto- se deja llevar por intereses personales y de grupo o ilusiones ideológicas. Tenemos la responsabilidad de incluir en nuestra formación inicial y permanente estrategias que nos comprometan a vivir y contagiar esta consciencia política, frente a los distintos acontecimientos de la realidad socio-política.
  2. En las situaciones conflictivas que hemos pasado, no siempre hemos respondido a nuestra misión de “expertos en comunión”, dejándonos llevar por propuestas partidistas interesadas, sin discernir evangélicamente lo bueno y malo que hay en cada opción. Nuestra experiencia comunitaria de consagrados/as tendría que ser signo profético de que las diferencias no deberían llevar a divisiones y conflictos sino a una reciprocidad enriquecedora. Esta experiencia nos urge a vivir nuestra vocación de mediadores en situaciones de tensión.
  3. Nuestra opción por los pobres en los momentos de discernimiento político no juega un papel fundamental y a veces nos dejamos llevar por intereses o necesidades institucionales. No ha llegado a cuajar en nuestra mentalidad que la opción por los pobres nos desafía –esencialmente- a ver la realidad desde el lugar social y la óptica de los marginados del sistema, para proyectar desde y con ellos posibles respuestas evangélicas.
  4. El miedo a tomar opciones de denuncia frente a tantas realidades injustas, muchas veces nos lleva a vivir al margen de la realidad. Vivir tan preocupados por nuestras tareas congregacionales nos hace correr el riesgo de oler a nuestras instituciones y no a “ovejas y a calle” (cfr. Papa Francisco). Jesús nos desafía a comprometernos con los problemas de los hermanos/as que sufren situaciones de injusticia, para buscar -con ellos- caminos hacia una convivencia más justa y fraterna.
  5. La preocupación económica corre el riesgo de afectar negativamente también nuestras comunidades, llevando a conflictos que no tienen como fondo la fidelidad a Jesús y al Carisma sino al propio interés, justificado en alguna ideología. El centro de nuestras opciones tendría que ser el Reino de Dios, la dignidad de las personas, especialmente de las más vulnerables, convencidos de que su providencia nunca falta cuando buscamos el Reino y su justicia (cfr. Mt 6,33).
  6. Nuestro pueblo ha vivido situaciones que exigían reflexiones puntuales y respuestas rápidas y frente a ellas no supimos dar oportunamente nuestro aporte por falta de valor y coraje. El amor a los hermanos y nuestra misión profética nos pide la audacia de intervenir sapiente y evangélicamente para ayudar a entender lo que pasa e indicar posturas comprometidas, buscando alternativas de solución.

 

¿”QUÉ DICE LA VC”… A LOS NUEVOS GOBERNANTES?

Un mensaje de esperanza a quienes asumen el gobierno del Ecuador.

 

Como Vida Consagrada, queremos compartir la misión del Siervo de Yahvé de hacer que la justicia llegue a nuestro Ecuador; no queremos gritar, tampoco romper la caña doblada ni aplastar la mecha que está por apagarse, sino hacer florecer la justicia en la verdad. (cf. Is 45, 1-6).

En esta perspectiva, queremos dejarnos iluminar por el Espíritu y sugerir humildemente, a quienes hemos elegido para guiar nuestro pueblo, algunas reflexiones sobre lo que Dios quiere, para el bien de sus hijos en nuestro Ecuador.

  1. El Ecuador es un pueblo que tiene necesidad de superar toda división y sed de unidad, de paz, de diálogo. Su sentido religioso nos motiva para vivir la esperanza de que “es posible” construir una sociedad plural, donde se busca el respeto y el diálogo para el buen vivir “Sumak kawsay”.
  2. Las diferencias culturales e ideológicas enriquecen la identidad de nuestro país: quienes lo gobiernan tendrían que crear un clima de auténtico diálogo para el bien común.
  3. Nuestro Ecuador es uno de los países donde hay más desigualdad a nivel económico. Sería importante buscar caminos de justicia social para llegar -poco a poco- a un país con pobres menos pobres y ricos menos ricos. Se trata de no aumentar las medidas de ayudas paternalistas, sino de fomentar la capacidad de superación que tienen los pobres, protagonistas en la construcción de la sociedad que Dios quiere.
  4. Todos tienen la necesidad de sentirse escuchados y de participar, realmente, en las decisiones. Es el sentido de una auténtica democracia. Es responsabilidad del gobierno promover un estilo de relaciones interpersonales respetuosas del pensamiento del otro, con libertad de expresión.
  5. El mal de la corrupción sigue afectando peligrosamente a nuestro país a todos los niveles. Una acción decidida para exigir honestidad y transparencia tendría que ser una constante por quienes gobiernan y por quienes manejan la economía y los bienes del Estado.
  6. El Señor nos ha dado un país lleno de riquezas naturales para el bien de todos, en el presente y para el futuro. La necesidad de recursos económicos, para obras de interés nacional, no puede justificar una explotación sin límite de nuestra “casa común”. Los efectos de la explotación de empresas extractivas extranjeras o nacionales, exige un replanteamiento por parte del gobierno para proteger el agua, el aire, la biodiversidad y todos los recursos de nuestra “madre tierra”.
  7. A todos los niveles, se cometen voluntaria o involuntariamente errores, aún a nivel político. Los errores deben servir para aprender, en la medida que se reconozcan y se acepten propuestas de cambio auténtico.

 

La fe del pueblo ecuatoriano nos ayuda a caminar con esperanza hacia un futuro de paz, reciprocidad, justicia y solidaridad y dignidad para todos y todas, respetando los dones que Dios nos ha dado y buscando la realización del proyecto de Dios. La Vida Consagrada está llamada a compartir, con respeto y con amor, los momentos de alegría y sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas “bienaventurados del Reino” (cfr. Mt 5,2-11).

 

Mayo 2017