LA CIM UNA EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU

En actitud de discípula del Maestro quien nos va formando día a día, durante toda la vida, comparto con ustedes

Lo que ha significado para mí la experiencia misionera en Haití

Cecilia Guarderas R.

 

Me nace del corazón decir que los seis meses (del 09 de Noviembre 2010 al 07 de Mayo de 2011) ha sido para mí una profunda EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU DE DIOS QUE ACTÚA EN MI VIDA, como también en la VIDA de TODAS LAS HERMANAS que formamos la CIM (Comunidad Intercongregacional Misionera).

Inicio puntualizando lo que ha sido para mí esta experiencia, luego la voy ampliando, manifestando lo que ha significado para todas las hermanas de la CIM, sabiendo que lo que acontecía en una de las hermanas, repercutía necesariamente en todas.

Un paso de Dios en mi vida. Un regalo de su providencia, de su ternura y misericordia liberadora, y por lo tanto,

Una oportunidad para servir a los hermanos haitianos, tanto en las oficinas del S.J.R. como en LOS CAMPAMENTOS.

Una experiencia profunda de lo que supone el despojo, la desinstalación, el abandono, la exclusión, a la vez que

Un renacer CONSTANTE A LA ESPERANZA.

Una experiencia de la confianza de Dios en mi, al encargarme ser portadora de la vivencia del Espíritu que renueva todas las cosas, también el o los estilos de vida religiosa. Que lo basa en la certeza de su acción en el corazón abierto a sus mociones; allí, en medio de las hermanas de la comunidad que buscan ser fieles a la misión común recibida, que para ello, buscan espacios de discernimiento personal y comunitario y las decisiones las toman por consenso, con el anhelo de crear situaciones y espacios de equidad, de igualdad, de justicia, de reconciliación, de auténtica fraternidad, de libertad, de comunión, de corresponsabilidad, donde todas tienen palabra, lugar, “ voz y voto”, donde nadie es excluida.

Naturalmente que esta vivencia ha supuesto un aprendizaje de todas, un despojarnos de esquemas mentales, de costumbres anteriores, para dar paso a lo que el Espíritu nos estaba pidiendo, por ello, y por muchas cosas más, puedo afirmar que, LA CIM para mi ha sido de verdad UNA EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU.

Entre las muchas cosas más… que afirman que ha sido una experiencia del Espíritu que pide un estilo de vida religiosa diferente, más evangélica, más cercana a la Palabra, a los pobres, a la ¡¡¡VIDA QUE CLAMA!!! está el haber podido servir a Jesús reconocido en cada hermano/a Haitiano en situación de desplazado/a. En poner en juego toda creatividad posible, personal y comunitariamente, para ver cómo se le puede acompañar, servir, defender… siendo signos del amor y la ternura misericordiosa de Dios, desde la coherencia y el estilo de vida comunitaria inserta que hemos optado.

Nuestra oración y súplica frecuente, esperanzada, ha sido “PADRE AYÚDANOS A AYUDAR” A SERVIR A ACOMPAÑAR, A DEFENDER, haciéndonos eco de los OBJETIVOS GENERAL y ESPECÍFICOS de la CIM, como de la mística de los Jesuitas, con quienes hemos trabajado en equipo, formando parte de las diferentes comisiones de Pastoral Social y haciéndonos presentes en los campamentos: Henfrasá, Palais de l’ Art., Automeka, Parc Kolofé, en la Grotte, Haut George y Bas Georges.

Ante la impotencia experimentada en muchas ocasiones, de salir al encuentro de tantos desafíos descubiertos: el HAMBRE de niños, jóvenes, ancianos, LA FALTA DE TRABAJO, la FALTA DE VIVIENDA DIGNA y que cada día que pasa se hace más invivible porque el calor agota y en muchas ocasiones la tempestad penetra por todo lado a las pequeñas tiendas y el lodazal ya no deja lugar ni para sentarse, ni para dormir, etc., etc.… Ante esa impotencia, en varias ocasiones hemos llorado con ellos, … pero también hemos orado y encontrado fortaleza al descubrir entre todos/as algún rayo de luz, de esperanza…

Seguiremos conversando… por hoy y para concluir les afirmo que las hermanas de la CIM hemos recibido una llamada de Jesús para vivir esta experiencia, que nos une y nos hace partícipes de una misión común…

Hemos recibido la fuerza y el valor significativo de una presencia misionera intercongregacional, como pequeña semilla hundida en la tierra, que aporta desde lo pequeño al advenimiento del Reino en Haití.

Una experiencia de la presencia actuante del Dios de la Vida en mi propia vida y en la vida de mi comunidad (CIM).

Un constatar que la renovación de la V.C. se va haciendo en la medida que nuestro ser va asumiendo en el día a día a CRISTO, presente en los marginados, los excluidos y nos decidimos a acogerlos en el corazón y nos disponemos a caminar con ellos.

Un reconocer que es Cristo que está allí, excluido del Banquete del Reino y no podemos ni debemos quedarnos con los brazos cruzados, que mientras tengamos el regalo de la vida, la debemos gastar en procurar el advenimiento de la civilización del amor, de la justicia, de la libertad,… del REINO, también para los hermanos sufrientes del pueblo hermano de Haití.

Yo he tenido que regresar a los 6 meses a Ecuador porque me había comprometido con mis hermanas Mercedarias a reincorporarme a las labores que venía desempeñando en la Provincia, pero, gracias a Dios que las demás hermanas de la CIM continúan, inclusive faltando un mes para mi retorno, se incorporó un nuevo miembro para reemplazarme.

DESEO CON TODA EL ALMA QUE LA PRESENCIA DE LA CIM EN HAITÍ CONTINÚE POR MUCHO TIEMPO, PUES EL PROCESO DE RECONSTRUCCIÓN PERSONAL Y COMUNITARIA DEL PUEBLO, TOMARÁ BASTANTE TIEMPO Y JESÚS SIGUE INSISTIENDO: “HE VISTO EL SUFRIMIENTO DE MI PUEBLO… YO TE ENVÍO… YO ESTOY Y ESTARÉ CONTIGO!

¿TE ANIMAS A ESCUCHARLO Y A DARLE UNA RESPUESTA? ¿TE ANIMAS A INCORPORARTE A LA CIM?

Mayo de 2011