CANONIZACIÓN DE

FAUSTINO MÍGUEZ DE LA ENCARNACIÓN,

Un nuevo santo proclama la Iglesia este domingo 15 de octubre

 

1831 – 1925

Sacerdote escolapio, fundador del Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora, Religiosas Calasancias.

 

El Papa Francisco canonizará al Beato Faustino Míguez de la Encarnación, Sch. P., este domingo 15 de octubre de 2017.

¡La santidad es el adorno de su casa!, canta el salmista (Salmo 93). La canonización del P. Faustino Míguez es el reconocimiento de que su gran belleza, como persona y como creyente, está en el seguimiento fiel y radical a Jesús en medio de los niños y jóvenes.

Nuestro querido P. Faustino no nació santo, se fue haciendo santo. Fue un hombre con una gran pasión por Dios, que llenó su vida de fuerza, de «coraje» porque como dice el Papa Francisco, «la santidad es un camino; no se puede comprar, no se vende. Es un camino en la presencia de Dios que debo hacer yo: no puede hacerlo otro en mi nombre».

El camino hacia la santidad para el P. Faustino Míguez se inicia el 24 de marzo de 1831 en Xamirás, Orense, España y culmina con la ofrenda de su vida a Dios el 8 de marzo de 1925 en Getafe (Madrid), donde descansan sus restos mortales.

Nacido en el seno de una familia cristiana formada por Benito y María, Manuel, al igual que sus tres hermanos –Mª del Carmen, Antonio y José–, realiza los estudios elementales en la escuela de su pueblo natal. Manifiesta entonces su deseo de ser sacerdote y sus padres lo envían a la preceptoría en el Santuario de Los Milagros, célebre santuario mariano de la provincia de Orense, donde estudia Latín y Humanidades.

El encuentro casual con un sacerdote escolapio en Los Milagros abre su mirada a un horizonte más amplio: ser sacerdote y maestro. Así, en 1850 ingresa en el noviciado de las Escuelas Pías en S. Fernando (Madrid) y viste el hábito el 5 de diciembre de ese mismo año. A partir de aquí cambia su nombre por el de Faustino de la Encarnación.

En su etapa de formación realiza los estudios de Filosofía y Teología, profesa solemnemente como religioso escolapio en 1853 y empieza su ministerio educativo en el mismo colegio de S. Fernando en 1855 como maestro de niños pequeños. Recibe su ordenación sacerdotal el 8 de marzo de 1856. Desde este momento, Faustino Míguez inicia un recorrido vital marcado por su convencimiento de que quien hace voto de enseñar lo hace de aprender; así, trabaja incansablemente, estudia con tenacidad y entusiasmo, investiga y se prepara cada día para desempeñar adecuadamente su misión educadora.

Cuba, Madrid, Getafe, Celanova, Sanlúcar de Barrameda, El Escorial, Monforte de Lemos… son los destinos en los que afirma como escolapio, soy del pueblo y para el pueblo, y a este consagra su vida a través de sus facetas educadora, científica, sacerdotal y fundador.

La escuela es para él lugar de encuentro con su Señor, servido y amado en los pequeños, desde la Piedad y las Letras les abre horizontes de cultura, Escolapio de todos los niños, su entrega y cercanía se manifiesta de manera especial en su inclinación hacia los más débiles y necesitados. No pasa de largo ante las necesidades humanas, en Sanlúcar de Barrameda, cuando es destinado a esa localidad por segunda vez, con una mirada más profunda, descubre y palpa la marginación de la mujer en el ámbito educativo. Urgido por el Espíritu, que le concede corazón de samaritano y ojos de profeta, responde a la llamada de Dios y funda el Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora en 1885 para la formación de las niñas y promoción de la mujer, alma de la familia y salvación de la sociedad, de la que han de formar la parte más interesante.

Faustino Míguez, un enamorado de la educación como lo fue su fundador, S. José de Calasanz, tiene muy claro que mientras haya en la tierra un corazón, una conciencia, un carácter, una voluntad humana, será bello, digno y divino, formarlos en el amor de lo que es verdadero y honesto, en el entusiasmo de lo que es noble y generoso. Esta convicción abre su mirada a la expansión de la obra educativa iniciada en Sanlúcar y así, teniendo como criterio la dedicación preferente a las niñas pobres, la misión de las Calasancias Hijas de la Divina Pastora se extiende por diferentes lugares en: España, Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Nicaragua, Ecuador, Guinea Ecuatorial, Camerún e India.

En el P. Faustino Míguez descubrimos una santidad tejida de cotidianeidad, de pasión por la escuela, de amor y entrega a la niñez y juventud, de sencillez de vida, de mirada amorosa y llena de posibilidades para los demás, de pequeños gestos en el día a día, hechos desde la entrega y el Amor. Contemplar y gozarnos con la santidad del P. Faustino ha de despertar en nosotros esa llamada a la autenticidad que Dios nos hace, día a día, en cada momento.

También la canonización del P. Faustino es para nosotros la confirmación de que el carisma calasancio de Hijas de la Divina Pastora es un don del Señor a su Iglesia. Un don que se convierte en desafío para todos aquellos que nos sentimos atraídos por él en nuestro caminar creyente. Un don que nos urge a aportar lo mejor que tenemos para que hoy, en nuestro mundo, el carisma calasancio siga aportando frescura, novedad, creatividad como lo hizo en sus inicios, de la mano de este nuevo santo que la Iglesia va a proclamar, el P. Faustino.

 

 

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