REFLEXIONES SOBRE LA CARTA AL PAPA DEL P. HENRI BOULAD s.j.

INTRODUCCIÓN.

1. Sentido de estas reflexiones.

Lo que quiero al presentar estas reflexiones a la carta del P. Henri Boulad s.j. que ha sido ampliamente difundida,[1] no es hacer ni una crítica ni una defensa de las posiciones y afirmaciones del Padre, quien tiene, como lo dice al principio de su carta, una amplísima autoridad para hacerlas, sino ofrecer una LECTURA DE FE de la misma. Es decir: busco y quiero ofrecer a mis amigos, “hacer una lectura de la carta hecha desde la fe.” Como lectura, busco ante todo comprender, y entender, no juzgar ni atacar sino trata de ”leer por dentro” lo que quiere decir el autor; y como “lectura fe,” me interesa descubrir lo que el Señor nos dice a través de la carta; qué llamadas nos hace para vivirlo y anunciarlo mejor y a qué compromisos nos lleva. Y yendo más lejos, lo que me interesa es que acojamos lo que el Señor nos dice a través de esta carta pues el Señor nos habla siempre por medio de los acontecimientos y en este caso, a través de esta carta no solo por la amplia difusión que ha tenido sino porque en realidad expresa una corriente hoy relativamente común. Desde hace varios años vienen apareciendo textos más o menos en la misma línea.[2] De modo que se puede decir que no es el modo de pensar de una persona sino la expresión de un modo de analizar la situación de la Iglesia de muchas personas, todas muy eminentes en la Iglesia y movidas todas por un amor muy grande a la misma Iglesia como todos lo dicen explícitamente.

Lo que me ha movido a hacer estas reflexiones es también el mismo amor y la misma pasión por la Iglesia y sobre todo la petición de los amigos que me han enviado esta carta y otros muchos que la han leído y que me han pedido mi opinión sobre ella.

2. La metodología que voy a utilizar es la de toda lectura de la realidad y de toda lectura de fe de la realidad: mirar, ver, ante todo que quiere decir el autor; cómo analiza la situación a partir de lo que normalmente se puede descubrir en lo que dice; luego opinar, juzgar y discernir a la luz de la fe, es decir de la Persona de Jesús y de la manera de pensar que nos dejó en el Evangelio y el ofrecer un actuar posible que nos lleve a comprometernos a vivir a partir de este análisis, la Buena Noticia de Jesús y a anunciarla a los que nos rodean.

MIRAR EL TEXTO.

Para hacer un análisis correcto y honesto del texto, pienso que lo primero que hay que descubrir es qué tipo de análisis quiere hacer el autor o mejor, desde donde hace el análisis. Y lo que yo descubro y me parece como muy evidente, leyendo las constataciones con las que comienza propiamente la carta, después de la presentación personal del autor, es que se hace el análisis desde cuatro puntos de vista: ideológico, ético, institucional y socio-político. Voy a ampliar este análisis que hago del texto:

A. Punto de vista ideológico:

Es lo que revela sobre todo los números 4 y 5: “el lenguaje de la Iglesia es obsoleto, anacrónico, aburrido, repetitivo, moralizante, totalmente inadaptado a nuestra época…etc. (nro. 4) “la renovación no podría hacerse más que mediante una renovación en profundidad de la teología y de la catequética que deberían repensarse y reformularse totalmente….” (nro. 5)

B. Punto de vista ético

Aparece cuando critica comportamientos errados o propone nuevas maneras de actuar. Esto lo encuentro en los números 1 y 7: “la práctica religiosa está en constante declive… (nro. 1) “En el plano moral y ético los dictámenes del magisterio… no afectan ya a nadie y solo producen dejadez e indiferencia… (nro. 7).

C. Punto de vista institucional.

Aparece en la manera como analiza la Iglesia como institución. “Noviciados y Seminarios se vacían al mismo ritmo y las vocaciones caen en picado... (nro. 2) “Muchos sacerdotes abandonan el sacerdocio y los pocos que lo ejercen, tienen que encargarse de muchas parroquia de modo expeditivo y administrativo. Muchos de ellos viven en concubinato… (nro. 3).

D. Punto de vista socio-político.

La crítica se hace sobre el puesto que hoy ocupa la Iglesia, sobre la “desbandada de fieles que se retiran de la Iglesia, sobre su influencia actual en la sociedad y sus relaciones con las otras confesiones religiosas: ”Gran número de cristianos se vuelven hacia las religiones de Asia…(nro.6). “La Iglesia católica, que ha sido la gran educadora de Europa durante siglos, parece olvidar que esta Europa ha llegado a su madurez. (nro.8). “Las naciones más católicas de antes han dado un giro de 180º y han caído en el ateísmo… (nro. 9). “El diálogo con las demás Iglesias y religiones está en preocupante retroceso…(nro. 10).

PROPUESTAS DEL AUTOR

Dado este análisis, es apenas normal que tanto la manera como mira lo que él llama la reacción de la Iglesia y la crítica que le hace a esa reacción (texto que sigue al nro. 10 de las constataciones) como las propuestas que hace el autor, vayan en la misma línea: son propuestas ideológicas, éticas, institucionales, que terminan, lógica y consecuentemente, con la sugerencia de “convocar un sínodo general a nivel de la Iglesia Universal…” (penúltimo parágrafo).

QUÉ PENSAR DE TODO ESTO. CÓMO DISCERNIRLO. CÓMO LEERLO DESDE LA FE, ES DECIR DESDE LA PERSONA Y LA PRÁCTICA DE JESÚS.

En primer lugar, diría que desde esos puntos de vista el análisis no sólo es correctísimo sino que inclusive se queda corto. De hecho el autor dice que ese análisis no es exhaustivo. De modo que no tendría nada que decir y me uniría a este análisis. Mis reflexiones, que son más preguntas que afirmaciones o refutaciones, van por otros lados y buscan descubrir dónde está realmente el problema de la Iglesia y por tanto desde dónde hay que buscar las soluciones eficaces.[3]

Las preguntas que haría y las repuestas que propondría son las siguientes:

PREGUNTAS Y PROPUESTA DE ACCIÓN.

1. Lo que ofrece el texto ¿son unos SÍNTOMAS de la situación o un DIAGNÓSTICO de la situación? “Lo primero y definitivo en la búsqueda de una sanación y de una solución de un problema es hacer un DIAGNÓSTICO acertado. Éste consiste en la identificación una enfermedad. Lo primero que impide esto es confundir el diagnóstico con los SÍNTOMAS, con los SÍNDROMES, que son la manifestación de una enfermedad”[4]. Me parece que todos esos análisis son correctos como síntomas, pero que no van al fondo del problema y por eso pienso que las soluciones que propone tampoco van a enrutar la Iglesia por donde se debe enrutar.

2. El problema de La Iglesia ¿será de orden ideológico, ético, institucional y socio político o será más de fondo? ¿No será que se perdió la referencia primordial a la persona de Jesús? Todos en la Iglesia nos referimos a Jesús como punto de referencia, como justificación de lo que hacemos, pero ¿no estaremos olvidando que Jesús es punto de referencia pero ante todo la CLAVE de comprensión de lo que hacemos? Por Jesús justificamos todos, todo. Pero ¿leemos nuestros compromisos desde la persona de Jesús? ¿No estará el mal de la Iglesia ahí: en que perdimos la centralidad de Jesús? A Jesús lo suponemos en todo pero muy raramente se explicita como clave para leer lo que vivimos.

3. Jesús ¿puso su aporte y el sentido de su Misión en lo ideológico, lo ético, lo institucional, lo socio-político o en una referencia radical al Padre y el Reino, es decir a los pobres? ¿No es desde ahí desde donde hay que partir? ¿Y no podemos decir, como he oído miles de veces, cuando pregunto:” en todo lo que me dices: dónde aparece Jesús?” Me responden: “¡eso se supone! Si no fuera por Jesús no estaría hablando… ¿Esto basta? Creo que no porque, por una parte la relación con la persona de Jesús, como la relación con cualquier persona, no se puede suponer. Si no se explicita continuamente, se muere, y, por otra parte, porque Jesús situó su aporte más allá de estos planos, sin despreciarlos.”Ustedes pagan el diezmo del anís…..y olvidan la justicia, la ternura y la buena fe…Es esto lo que hay que practicar sin olvidar el resto” (Mt.23,23) ¿No habrá que empezar por ahí y esto nos llevaría necesariamente a lo ético, ideológico etc.?

4. Este olvido de la primacía de Jesús, ¿será culpa ante todo de las estructuras deficientes etc. de la Iglesia, o ante todo de un cambio de mundo, no tanto de una época de cambio sino de un cambio de época, como lo dice el documento de Aparecida? Todo el mal que padecemos, ¿no tendrá su causa fundamental en que hemos pasado de un mundo sacral a un mundo secula, de un mundo fundamentalmente creyente a un mundo socialmente ateo y que este cambio es ante todo cultural y no se debe primordialmente a un mal comportamiento ético, a una deficiente ideología o a unas instituciones desfasadas? Y si es así, la solución estará simplemente en tomar en serio la expresión de Juan XXIII cuando lanzó el Concilio: ¡VOLVER A LAS FUENTES!, explicitando muy concretamente que la fuente de la fuente de la Iglesia está en la Persona de Jesús y no, ante todo, en ideas nuevas, etc. Por eso lo que necesita cada cristiano, cada comunidad, cada sacerdote y toda la Iglesia en general es VOLVER A LA PERSONA DE JESÚS y desde ahí recrear el resto… “ Es esto lo que hay que practicar son olvidar lo otro”.

5. Desde esta perspectiva, quizás podríamos y deberíamos mirar la situación de otra manera: no tanto como dice el autor al comienzo, que “nos estamos precipitando hacia un abismo y sólo faltan cinco para las doce”, sino, por el por el contrario, que al abismo caímos en el año 380 cuando la Iglesia aceptó ser la Religión del Imperio y perdió, por una parte, su objetivo, anunciar a Jesús, tarea que asumió el Estado al obligar a toda persona a hacerse cristiana si quería ser ciudadana del imperio y, por otra, los medios que le había dejado Jesús: cambió los medios pobres –los del no poder-, por los medios de poder. ¿No estaremos más bien, desde el Vaticano II, con la propuesta de Juan XXIII, de VOLVER A LAS FUENTE, empezando a salir del abismo?

6. Si el criterio de la vida y de la práctica de la Iglesia es Jesús, como identidad del cristiano, ¿sí estaremos tan mal? ¿Qué y quién le impide a cualquier cristiano laico, religioso o sacerdote, vivir hoy radicalmente de Jesús? Los que hoy pueden ser perseguidos por la Jerarquía: ¿qué están arriesgando?[5] Toda incomprensión de la Iglesia como jerarquía, en cualquier sentido, ¿no será una ocasión de “salir felices por haber sido considerados dignos de sufrir ultrajes por el nombre de Jesús” ( Hech. 5,41)?

7. Lo más vivible en todas estas pérdidas que ha tenido la Iglesia en los últimos años como escasez de vocaciones, retiros, abandonos, escándalos etc., son la pérdida de todo el poder social que tuvo hasta la década del 60. Lo que nos duele, ¿no será en el fondo que hoy ya no tenemos como cristianos o como Iglesia el poder social que tuvimos durante 1600 años? Se dice con frecuencia que la Iglesia y los cristianos ya no son como tales, significativos en la sociedad. Pero perder poder en todo sentido, ¿es algo grave o un favor que nos hacen?

8. La renovación de la Iglesia, que todos anhelamos y necesitamos, ¿vendrá de nuevas reuniones, sínodos, concilios, o de volver cada cristiano a la primacía de Jesús? El mal ¿no estará en que desde el año 380 cambiamos la relación primera, original, que rigió la Iglesia desde el principio: “Persona-Jesús- Iglesia por la otra: Persona-Iglesia-Jesús? Y que, por tanto, lo que hay que buscar hoy ¿no es ante todo “reformar la Iglesia” sino volver a la relación primera?

9. ¿No será que hemos confundido: rehacer la persona y la sociedad desde dentro, desde abajo, como lo quiso Jesús, lo que implica movimiento, acción, con la otra “por dentro, por abajo”, lo que implica intimismo, individualismo?

10. La renovación de la Iglesia y de cada cristiano ¿no vendrá por empezar dándole una primacía a la oración, a los más pobres que están a nuestro lado, a una lectura diaria de la vida y de los acontecimientos desde el Evangelio? O ¿a esperar a que desde arriba, desde un nuevo Concilio o Sínodo, nos dictaminen cuáles son las nuevas leyes, las nuevas normas, las nuevas estructuras que debemos seguir para ser fieles a Jesús?

11. Salir del abismo ¿será posible ya y ahora o dentro de un tiempo cuando tengamos nuevas ideas etc? ¿Qué nos impide salir ya del abismo o, mejor, continuar la salida que ya empezamos? ¿Qué y quién nos impide hoy poner a Jesús como el absoluto de nuestras vidas y construir desde ahí nuevas ideas etc? Y esto de ninguna manera es una invitación al anarquismo, o al desprecio de la autoridad o de las leyes. Es simplemente recuperar la originalidad de nuestra fe y de nuestra vivencia cristiana. ¿No será ésta es la hora de tomar en serio lo de Jesús: NO SE ANGUSTIEN!! ( repetido tres veces), BUSQUEN PRIMERO EL REINO DE DIOS Y SU JUSTICIA Y LO DEMÁS SE LES DARÁ POR AÑADIDURA? ( Mt.6,25)

12. Finalmente, en la práctica y para empezar ya, ¿no será lo primero poner en nuestra vida en primer lugar a los pobres y desde ahí construir la Iglesia y la sociedad? ¿No será la solución VOLVER A NAZARETH por donde comenzó Jesús….?

 

Federico Carrasquilla.

Sacerdote diocesano.

75 años de edad y 51 años de ministerio sacerdotal.

 

RESPUESTA DEL P.BOULAD. Febrero 13/2010

Muchas gracias, P. Federico por su apoyo y su estímulo.

Oramos para que la Iglesia sea un vínculo de comunión entre los humanos y un camino místico de unión con Dios.

Unidos en la oración y en la misión.

Saludo fraterno.

Su hermano en Cristo

 

Père Henri Boulad s.j.

Résidence des Jésuites.

Alexandrie. Egipte.


[1] Personalmente me han llegado por internet de la parte de amigos, cinco copias!!

[2] Cito algunos ejemplos:, la Carta de 300 teólogos españoles llamada “Crisis en la Iglesia”, los textos también muy difundidos del P. José Ma. López Vigil cmf. Y muchos otros, sobre todo los que escriben sobre la situación de la Vida Religiosa.

[3] Sobre todo porque personalmente no tengo ninguna autoridad social para hacerlas: soy un sacerdote diocesano, de 50 años de sacerdocio, que he vivido desde 1967 en los barrios populares de Medellín y prestando servicios a grupos de laicos, sacerdotes, religiosas y religiosos; que he sido sancionado con dos de las tres grandes castigos que la Iglesia le puede dar a un sacerdote: suspensión a divinis por tiempo indefinido y expulsión por inepto, según sentencia del Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis, del cargo eclesiástico que desempeñaba. Estos castigos fueron anulados por la Signatura Apostólica. Nunca, en ningún sentido, he ocupado un cargo importante socialmente. Mi gran título de gloria o mejor, la gracia más grande que el Señor me ha dado es el haber podido gastar toda mi vida en servicio de los más pobres de mi pueblo partiendo no tanto de hacer obras sino dándole la primacía a una presencia contemplativa.

[4] Etienne Xavier Dr. El Plan Matriota. Pág.57-58. Edit. Temis. Bogotá.2008

[5] Lo digo, sin jactarme, por propia experiencia: todo lo que me ha pasado personalmente: quién y en qué me han impedido vivir exclusivamente de Jesús y del pobre, ¿no ha sido todo lo contrario? Por la vigésima parte de lo que he hecho o dicho quemaron vivos a Savonarola y a Giordano Bruno en su época…. Y hoy, ¿qué efecto social tienen las sanciones de la Iglesia?

 

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