Tema 6

 
 

Llamados a vivir en Comunión

 

 

 

La globalización, expresión de este cambio de época en que vivimos,  implica una cultura de individualismo exasperado, desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios, centrando el desarrollo social y personal en los derechos individuales y subjetivos, debilitando los vínculos comunitarios. Se deja de lado la preocupación por el bien común para dar paso a la realización  inmediata de los deseos de los individuos (DA 44).

 
 

Las nuevas generaciones son las más afectadas. Crecen en la lógica del individualismo pragmático y narcisista, que suscita en ellas mundos imaginarios especiales de libertad e igualdad (DA 51). Emerge la subjetividad que acaba por erigir el individualismo como característica dominante de la actual sociedad (DA 479).

 
 

En lo religioso, esta cultura fomenta una búsqueda individual y en solitario de la plenitud y del sentido de la existencia; afirma la posibilidad de la salvación y plenitud humana sin instituciones religiosas, sin relaciones sociales y sin Iglesia (DA 156). Ante el individualismo, Jesús convoca a vivir y caminar juntos. La vida cristiana sólo se profundiza y se desarrolla en la comunión fraterna. Jesús nos dice “uno es su maestro, y todos ustedes son hermanos” (Mt 23, 8) (DA 110)

 
 

Por eso la santidad no es una fuga hacia el intimismo o hacia el individualismo religioso, tampoco un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América y del mundo y, mucho menos, una fuga de la realidad hacia un mundo exclusivamente espiritual (DA 148).

 
 

Las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades, como por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión, no pueden impedirnos que busquemos y contemplemos al Dios de la vida también en los ambientes urbanos (DA 514).

 
 

Ante esta realidad Aparecida, reafirma, la centralidad de la Iglesia para la salvación y su identidad como sacramento de la comunión Trinitaria.

 
 

1. Amenazas a la comunión

 
 

a.- El mercado global y los excluidos

 
 

Los problemas sociales en este mercado global se solucionan con más mercado, con su totalización. El mercado y la tecnología aparecen como el mesías que trae la salvación a la humanidad. No se debe poner obstáculos a su desarrollo. La lucha por la vida de todos y de la naturaleza, la gratuidad y la dignidad implícita de los seres humanos es vista como un obstáculo al desarrollo del sistema.

 
 

Ningún mercado puede ser competitivo y eficaz si invierte demasiado en la defensa de la vida. El sistema sólo funciona si relativiza las exigencias de un universalismo solidario. Lo absoluto sería el mercado y no la vida digna para todos.

 
 

La solidaridad sería un obstáculo para el desarrollo del mercado y una falta de fe en el “poder mesiánico” del mercado como sociedad perfecta. El imperativo categórico no es la vida, la solidaridad, sino la globalización y eficiencia del mercado y de todos sus recursos tecnológicos y financieros.

 
 

b.- Tecnología: la informática, el mundo una aldea

 
 

El avance tecnológico, sobre todo en el campo de la comunicación, ha convertido al mundo en “una aldea común”, no precisamente de familiaridad, sino de anonimato y uniformidad, ya que mientras más avanza la informática y la comunicación, entre los individuos crece la incomunicación y el aislamiento.

 
 

Por otra parte, la tecnología avanzada está en manos de las sociedades dominantes, consiguientemente, en pocas manos, y a través de los medios va “colonizando” a los países de menos desarrollo.

 
 

Además, la comunicación y a la información internacional está en manos de un pequeño número de agencias de prensa, que escogen y filtran los mensajes según los intereses de sus propietarios y de lo que quieren transmitir.

 
 

c.- Ecología: amenazas y sensibilidad

 
 

Nos preguntamos ¿Por qué nuestro medio ambiente está tan contaminado? ¿Tan destruido? ¿Por qué tantos bosques talados? ¿Por qué tantos ríos sucios? ¿Por qué la sequía en muchos sectores? ¿Por qué el aire contaminado? ¿Será acaso por la falta de “cultura de los pobres”, o será tal vez fruto de políticas económicas, de convenios entre Estados o de intereses de las  grandes transnacionales sin rostro, que lo único que quieren es hacer fortuna a cualquier costo? (DA 83-87. 473).

 
 

También la creación es manifestación del amor providente de Dios; nos ha sido entregada para que la cuidemos y la transformemos en fuente de vida digna para todos. El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador (DA 125).

 
 

Hay que darle particular importancia a la más grave destrucción en curso de la ecología humana (DA 472).

 
 

d.- Individualismo, falta de compromiso, quemeimportismo

 
 

Como sujetos inmersos en esta estructura, también vemos condicionadas nuestras relaciones por la primacía de los intereses personales, antes que comunitarios. La vida del otro no me interesa, expresado en términos como: “sálvese quien pueda”, “es mi vida”, primero yo, después yo y si sobra un espacio, también yo”, etc.

 
 

El proyecto de Dios, apuesta por lo comunitario, lo familiar, la unidad y la solidaridad. Quienes profesamos la fe en el Dios comunidad, estamos llamados y llamadas a luchar contra sistemas que estén opuestos al querer de Dios. Nuestra misión, por lo tanto, será la de comprometernos en la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, donde todos y todas tengamos los mismos derechos y oportunidades superando individualismos y quemeimportismos.

 
 
 

2. Reflexión desde la Palabra de Dios y desde Aparecida

 
 

Jesús, al inicio de su ministerio, elige a los doce para vivir en comunión con Él (Mc 3, 14); pero, además, para vivir en comunión con el Padre (1 Jn 1, 3) y con su Hijo muerto y resucitado, en la comunión con el Espíritu Santo (2 Cor 13, 13). El misterio de la Trinidad es la fuente, el modelo y la meta del misterio de la Iglesia (DA 155).

 
 

La vida comunitaria y la actividad misionera, es fruto del encuentro con Jesucristo. La pertenencia a una comunidad es constitutiva del discipulado cristiano; no hay discipulado sin comunión. La vocación al discipulado misionero es convocación a la comunión en su Iglesia; es en comunidad concreta, donde podemos vivir una experiencia permanente de comunión y discipulado (DA 156).

 
 

La Iglesia es comunión en el amor. Esta es su esencia y el signo por la cual está llamada a ser reconocida como seguidora de Cristo y servidora de la humanidad. El nuevo mandamiento es lo que une a los discípulos entre sí, reconociéndose como hermanos y hermanas, obedientes al mismo Maestro, miembros unidos a la misma Cabeza y, por ello, llamados a cuidarse los unos a los otros (1 Cor 13; Col 3, 12-14) (DA 161).

 
 

Una dimensión constitutiva de la evangelización es la invitación a la participación de la comunión eclesial y trinitaria, pues la Iglesia crece no por proselitismo sino “por ‘atracción’ cuando vive en comunión, pues los discípulos de Jesús serán reconocidos si se aman los unos a los otros como Él nos amó (Rm 12, 4-13; Jn 13, 34) (DA 159).

 
 

En el pueblo de Dios, “la comunión y la misión están profundamente unidas entre sí… La comunión es misionera y la misión es para la comunión”. En las iglesias particulares, todos los miembros del pueblo de Dios, según sus vocaciones específicas, estamos convocados a la santidad en la comunión y la misión (DA 163).

 
 

La diversidad de carismas, ministerios y servicios, abre el horizonte para el ejercicio cotidiano de la comunión, a través de la cual los dones del Espíritu son puestos a disposición de los demás (1 Cor 12, 4-12). Cada bautizado es portador de dones que debe desarrollar en unidad y complementariedad con los de los otros, a fin de formar el único Cuerpo de Cristo, entregado para la vida del mundo. El reconocimiento práctico de la unidad orgánica y la diversidad de funciones asegurará mayor vitalidad misionera y será signo e instrumento de reconciliación y paz para nuestros pueblos. Cada comunidad está llamada a descubrir e integrar los talentos escondidos y silenciosos que el Espíritu regala a los fieles (DA 162).

 
 

La comunión de la Iglesia se nutre con el Pan de la Palabra de Dios y con el Pan del Cuerpo de Cristo. La Eucaristía, participación de todos en el mismo Pan de Vida y en el mismo Cáliz de Salvación, nos hace miembros del mismo Cuerpo (1 Cor 10,17). Ella es fuente y culmen de la vida cristiana, su expresión más perfecta y el alimento de la vida en comunión. En la Eucaristía, se nutren las nuevas relaciones evangélicas que surgen de ser hijos e hijas del Padre y hermanos y hermanas en Cristo (DA 158).

 
 

En nuestra Iglesia, existen numerosos católicos que expresan su fe y su pertenencia de forma esporádica, especialmente a través de la piedad a Jesucristo, la Virgen y su devoción a los santos. Los invitamos a profundizar su fe y a participar más plenamente en la vida de la Iglesia, recordándoles que en virtud del bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo (DA 160). Ante la tentación, muy presente en la cultura actual, de ser cristianos sin Iglesia y las nuevas búsquedas espirituales individualistas, afirmamos que la fe en Jesucristo nos llegó a través de la comunidad eclesial y nos invita a ser la familia universal de Dios en la Iglesia Católica (DA 156).

 
 

3. Aplicación pastoral    

 
 

La Diócesis, presidida por el Obispo, en comunión con las otras Iglesias particulares y bajo el pastoreo supremo del Papa, es el primer ámbito de la comunión y la misión (DA 169).

 
 

La maduración en el seguimiento de Jesús y la pasión por anunciarlo requieren que la Iglesia particular se renueve constantemente en su vida y ardor misionero. Sólo así puede ser, casa y escuela de comunión, de participación y solidaridad (DA 167); comunidad misionera, en la que la variedad de carismas, ministerios, servicios y organizaciones se orienten en un mismo proyecto, capaz de dar respuesta a los nuevos desafíos.

 
 

Las Parroquias necesitan renovarse a fin de que sean de verdad espacios de la iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión (DA 172).

 
 

La parroquia, deben esforzase por convocar y formar a los laicos misioneros, y a través de responder a las exigencias de la misión en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos (DA 174).

 
 

Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB’s) son una célula inicial de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización, han ayudado a formar cristianos comprometidos con su fe en medio de la sociedad, abiertos al surgimiento de nuevos servicios y ministerios laicales, a favor de la vida en la sociedad y en la Iglesia.

 
 

Tienen la Palabra de Dios como fuente de su espiritualidad y la orientación de sus Pastores como guía que asegura la comunión eclesial. En comunión con su obispo e insertas en la pastoral diocesana, las CEB’s son un signo de vitalidad en la Iglesia particular. Junto a grupos parroquiales, asociaciones y movimientos eclesiales, pueden contribuir a revitalizar las parroquias haciendo de ellas una comunidad de comunidades (DA 179).

 
 

Como respuesta a las exigencias de la evangelización, hay otras válidas formas de pequeñas comunidades, e incluso redes de comunidades, de movimientos, grupos de vida, de oración y de reflexión de la Palabra de Dios. Todas las comunidades y grupos eclesiales darán fruto en la medida en que la Eucaristía sea el centro de su vida y la Palabra de Dios sea faro de su camino y su actuación en la única Iglesia de Cristo (DA 180).

 

 

 

Para trabajar en grupos:

 
 

* ¿Nuestros planes pastorales, diocesanos-parroquiales, parten de la consideración y reconocimiento de diversos dones y carismas presentes en la jurisdicción?

 

* ¿Cuáles son los principales obstáculos para su integración en la vida de la Iglesia diocesana o parroquial?

 

* ¿Cuáles son nuestras principales actitudes que impiden la construcción real-efectiva de la comunión eclesial?

 

 

 

Lectio Divina

 
 

Mt 18, 1-20

 
 

El Reino de Dios trae consigo un cambio de perspectiva: los que son mayores deben servir a los pequeños; las fragilidades del otro deben ser preocupación de todos los hermanos y hermanas; en otras palabras, el reino se hace visible en la calidad de comunidad que formemos.

 
 

1. Lectura: ¿Qué dice el texto?

 
 

* ¿Cuál es el problema que nos plantea el texto?

 

* ¿Cuál es la actitud que la comunidad debe asumir para enfrentar los conflictos internos?

 

* ¿Cuáles son las etapas de discernimiento comunitario que nos señala el texto?

 
 

La comunidad nos exige superar la tentación de formarse a imagen de la sociedad egoísta, y explotadora en la que vivimos, donde el criterio de convivencia es la competencia, el prestigio, el poder y los bienes materiales (Mt 4, 1-11).

 
 

Esta parábola es un juicio a la comunidad. Escandalizado con la hipocresía, algún miembro de la comunidad se aleja... Pero Jesús no va a permitir que eso ocurra, deja las 99 ovejas y va en busca de la oveja perdida. El juicio de Jesús es duro: hay más alegría al encontrar la oveja extraviada, que por las 99 que no se habían perdido. Pero todavía hay más: lo que nosotros pensábamos que estaba perdido, no lo estaba, ¡se encontraba junto al Padre! (18, 10).

 
 

Cuando la comunidad toma la decisión de expulsar al hermano, no lo debe hacer con ligereza, sino en sintonía con el Espíritu de Jesús, actuando de acuerdo a la regla del Padre: que ninguno se pierda (Ez 18, 23-32). Con la exclusión del hermano, pareciera que se soluciona el conflicto, pero eso se opone a la propuesta del Buen Pastor (Mt 11, 27; Jn 10, 11). La comunidad está llamada a buscar al hermano, así como el pastor busca la oveja perdida.

 
 

2. Meditación: ¿Qué me dice el texto?

 
 

*  ¿Cuáles son los valores que debemos cultivar en la comunidad?

 

* ¿Cuáles son los “valores” que nos propone hoy la sociedad?

 

* ¿Cómo juzgamos la presencia de niños y niñas en nuestras comunidades?

 
 

3. Oración: ¿Qué le digo a Dios?

 
 

Vamos a reunirnos en grupos de cuatro. Cada uno, escribe en un papel, las acciones personales que causan escándalo en la comunidad, lo dobla y lo entrega a otra persona del grupo; ésta, sin leer el papel, hace un momento de oración pidiendo perdón por los errores de su hermano. Luego, todo el grupo se reúne, reza el Padrenuestro y comparten la paz.

 
 

4. Contemplación: ¿Cuáles son mis compromisos?

 
 

*  ¿Cómo podemos vivir nuestra coherencia de fe?

 

*  ¿Cómo promover la unidad y el sentido comunitario en nuestras familias?

 

*  ¿Cómo practicar el mandamiento principal de amar a Dios y a los hermanos?

 

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