LA IGLESIA Y EL BICENTENARIO EN AMERICA

 

 

 

 

Cuando estamos celebrando este año EL Bicentenario de la independencia, en tantos países en nuestro Continente Americano. Nos preguntamos, ¿hasta donde hemos tenido en cuenta a los que han sido protagonistas en estos últimos 200 años de vida de nuestros pueblos?

 

Es el momento de echar una mirada atrás al camino recorrido, ver las huellas de las pisadas que han marcado huella en nuestros pueblos. Ver con objetividad la nueva historia que se ha construido y valorar el trabajo desde quienes hicieron la construcción de esta nueva sociedad, con rigor científico, con espíritu de verdad y con justicia ,pese al sacrificio , el amor y la esperanza de los hombres y mujeres, que supieron abrir camino para conquistar no solo la libertad de la independencia de los pueblos en un día concreto de la historia, sino aquéllos que quizá en el silencio y anónimamente y gratuitamente sembraron la semillas de un proceso de madurez humana y cristiana de estos pueblos, de los que ayudaron a estos pueblos a organizarse socialmente, poniendo los cimientos de las nuevas generaciones de las cuales han surgido los lideres y caudillos para guiar a su pueblo.

 

En esta conmemoración del Bicentenario de Independencia, podemos preguntarnos: ¿de quién dependen nuestros pueblos hoy ? ¿se sienten más libres o más dependientes? ¿ cuál es su grado de libertad ?

 

No se puede negar que en estos dos últimos siglos de historia en América, La Iglesia también ha tenido un papel preponderante en la formación y organización de los pueblos, especialmente en los territorios de misión y en el Oriente Ecuatoriano para ser más concretos.

 

No podemos olvidar el trabajo incansable de los misioneros en la fundación de nuevos pueblos y parroquias, empezando por la capital de nuestra provincia Puyo. Muchos misioneros a su paso por la selva exuberante y fecunda, fueron fundando pueblos y ciudades, no sólo en la colonización con los campesinos sino también en las comunidades indígenas

 

Junto con el Evangelio, la Iglesia misionera llevó, en su trabajo generoso y hasta heroico, la educación y preocupación de las personas de forma integral.

 

Sembraron en la mente y en el corazón, los valores humanos y cristianos, defendiendo sus derechos, compartiendo y viviendo el lento desarrollo de su autonomía, animando y acompañando su historia, estudiando y asumiendo las culturas de vida más que con su palabra con su corazón acompañando en el sufrir y en el gozar, alentando y animando en medio de la adversidad la Iglesia misionera ha sido la voz de los sin voz., hombres y mujeres se forjaron en sus aulas.

 

No es justo que, en la fiesta del Bicentenario, nos quedemos sólo en una fecha histórica del calendario cívico de un pueblo.

 

El Civismo nos debe enseñar que la civilización y el civismo se hace todos los días con nuestro vivir con actitud de servicio. Que la Patria y su amor a ella no se demuestra con discursos de palabras huecas que suenan más a vanagloria que a reconocer con seriedad nuestros éxitos y fracasos; que se hace Patria con una vida coherente y responsable, con preocupación por los más débiles y marginados, y preocuparse de las minorías que tienen los mismos derechos que las mayorías. Muchos pueblos de nuestro Oriente siguen aislados o incomunicados. Si bien hay que alabar el esfuerzo que ha hecho este gobierno en la cuestión vial en la Amazonia, lo cual aplaudimos, pero no es menos cierto que no habrá un desarrollo sustentable y un verdadero desarrollo cuando miles de hermanos indígenas no pueden entrar a sus comunidades, sino pagando unos precios altísimos, por falta de un medio de trasporte público aéreo o fluvial.

 

Que no se les incentiva a cultivar su tierra, porque no tienen un medio apto para sacar sus productos al mercado, mientras la riqueza del subsuelo de sus tierras, es apetecido y amenazado por compañías nacionales o internacionales, sin ser ellos los principales beneficiados de esta riqueza.

 

Que la fiesta del Bicentenario nos empuje a todos para hacernos una evaluación personal y comunitaria. Preguntarnos ¿Cuál ha sido nuestro aporte en estos dos siglos desde la independencia de nuestra nación hasta hoy?

 

Jesús diría “la verdad os hará libres” nada más real que experimentar que la mentira y el engaño no liberan sino esclavizan, hoy tenemos que desterrar la manipulación de la verdad, el engaño de falsas promesas o la peor mentira, decir la verdad a medias u ocultar la verdad.

 

Por todo ello, queremos -de verdad- en estas fiestas del Bicentenario agradecer a la Iglesia misionera que con su amor y entrega desinteresada levantó a los pueblos de su postración, enseñó y defendió a los más pobres de la injusticia, organizó a los pueblos y sus servicios, y mantuvo la llama de la fe y la solidaridad , la vida y la esperanza de un nuevo horizonte, para seguir escribiendo la historia, en la que también como los héroes de la Independencia gastan su vida y su sangre por esta Patria que hoy pide a Dios Paz y Libertad. Los dos pies para caminar.

 

Rafael Cob García

 

 

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