Plantaciones de árboles como sumideros de carbono

 

 

 

INTRODUCCIÓN.

 

Durante décadas las políticas gubernamentales del Ecuador privilegiaron los monocultivos agroindustriales para la exportación, a costa de la destrucción de bosques nativos, de páramos y manglares y de la vida de comunidades indígenas, afroecuatorianas y campesinas. En los últimos años los remanentes de la biodiversidad del Ecuador están siendo amenazados por la identificación de una nueva fuente de ingresos: el establecimiento de plantaciones forestales destinadas a la captura de carbono.

 

El reciente interés de los empresarios y el gobierno en el mercado de las emisiones de carbono se refleja en algunos titulares aparecidos en los periódicos nacionales: “La captura de CO2 puede ser un excelente negocio” o el “Ecuador tiene una mina en sus bosques” (El Comercio, 2000). En concordancia con esto se están implementando modificaciones en los marcos legales existentes y nuevos proyectos de ley para subsidiar las plantaciones forestales y acceder a recursos derivados de los acuerdos sobre cambio climático a favor de los sectores madereros. Incluso se han creado diferentes instancias gubernamentales para ser intermediarios en la captación de esos recursos.

 

Desde hace varios años se realizan en el Ecuador proyectos de “implementación conjunta” financiados por un consorcio de empresas eléctricas holandesas en colaboración con organismos nacionales. La evaluación de estas experiencias ha dado resultado paradójicos: no sólo que no se ha cumplido con el objetivo de absorber carbono, sino que el establecimiento de plantaciones de especies forestales exóticas en zonas de alta biodiversidad han contribuido a aumentar las emisiones de CO2 al alterar la prestación de servicios ambientales de estos valiosos ecosistemas.

 

Los Bosques y las Plantaciones de Árboles en el País

 

Ecuador es considerado uno de los 12 países megadiversos del planeta. La superficie del país es de 26´079.600 has. de las cuales el 18% son áreas de conservación, el 20% territorios indígenas y afroecuatorianos y el 5% páramos. El resto son áreas que se destinan a actividades agropecuarias o que tienen bosques nativos no incluidos en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas.

 

A la Costa le queda solamente el 6% de bosques nativos y menos del 30% de manglares, mientras que en la Amazonía (que cuenta con el 70% de bosques) se ha deforestado el 30%. En la Sierra del Ecuador quedan sólo remanentes de bosques nativos y páramo; éste último representa alrededor del 5% de la superficie total del país.

 

En épocas recientes se está produciendo una destrucción acelerada de bosques en las estribaciones de la cordillera occidental en la región del Chocó ecuatoriano, es decir, en la zona noroccidental de las provincias de Esmeraldas, Carchi e Imbabura. Los bosques de estas zonas están a punto de desaparecer, como ya ocurrió con los bosques del noroccidente de Pichincha.

 

Las zonas que más se destruyen debido a la extracción de árboles para la industria maderera, a las plantaciones forestales y a la implementación de monocultivos, sobre todo de palma africana, son precisamente aquellas de mayor riqueza en biodiversidad, bosque primario y páramo. Estas zonas, ricas en bosques nativos, constituyen patrimonio forestal estatal, territorios indígenas y afroecuatorianos o posesiones campesinas.

 

La deforestación ha sido mayor en las zonas bajas del país: Costa, Amazonía y zonas tropicales de la región andina.

 

Se calcula que en el Ecuador existen unas 143.000 hectáreas de plantaciones forestales. En la Sierra 120.000 has. son plantaciones de pino y eucalipto y en la costa 23.000 has. serían de teca y pachaco. Existe la propuesta de Mitsubishi Paper Mills de invertir 48 millones de dólares para plantar 10.000 ha. de eucalipto en la Provincia de Esmeraldas en la costa del Ecuador. Esa misma compañía importa 20 millones de dólares en astillas de eucalipto del país, plantados en la década del 70 como parte de los proyectos de Desarrollo Rural Integral (El Comercio, 2000).

 
 

La provincia de Esmeraldas

 

Se estima que en esta provincia se han destruido más de 500 mil hectáreas de bosques entre 1969 y 1991, sin tomar en cuenta los manglares destruidos. Actualmente queda apenas el 6 % de los bosques originarios de la Costa Ecuatoriana.

 

Las zonas de San Lorenzo y Eloy Alfaro, ubicadas en la parte norte de la provincia de Esmeraldas, han sido objeto en los últimos años de una deforestación impactante. En dos años se han deforestado 8.000 hectáreas de bosques primarios para desarrollar plantaciones palmícolas y se proyecta comprar 10.000 hectáreas para plantaciones de eucaliptos y en los actuales momentos están plantándose 2.000 has. de teca y eucalipto como parte de los mecanismos de compra de emisiones de CO2.

 

En estas zonas los empresarios han creado estrategias de compra, arrendamiento de tierras y otras formas que les garanticen el acceso y control sobre ellas.

 

La presión sobre estas zonas tiene un nuevo ingrediente: el proyecto de carreteras Esmeraldas-San Lorenzo y la marginal de la Costa, que atraviesan zonas de bosques nativos y tierras de comunidades afroecuatorianas, facilitando la extracción y transporte de madera y beneficiando exclusivamente a quienes realizan plantaciones forestales y monocultivos industriales, como las palmicultoras.

 
 

Impactos Sociales y Ambientales de las Plantaciones de Árboles

 

En Ecuador las plantaciones forestales no contribuyen a la absorción de carbono. Al contrario, determinan un incremento neto de liberación de carbono por la pérdida de la cobertura vegetal original y porque con el aumento de la temperatura los suelos a la vez emiten el carbono absorbido, a lo que hay que agregar que cuando se corta la madera el carbono volverá indefectiblemente a la atmósfera.

 

En el Ecuador las plantaciones se han realizado preferentemente en páramos. Los páramos absorben más carbono que una plantación, pues tienen la capacidad de almacenar carbono en los suelos, algas, hongos y otros microorganismos. En el caso de PROFAFOR (proyecto de implementación conjunta de las empresas eléctricas holandesas en el Ecuador) se considera que en el mejor de los casos una plantación de árboles podría absorber 80 Tm C/ha, mientras que por la destrucción del páramo se liberaría más de 1000 Tm C/ha (Vidal, 1999).

 

Las plantaciones de especies exóticas introducidas en los Andes del Ecuador, principalmente de Pinus radiata, afectan un ecosistema vital para la vida de las comunidades y los usuarios del agua: el páramo. La función más importante de los páramos es el almacenamiento y distribución de agua, siendo la fuente de abastecimiento de agua dulce más importante del país.

 

En talleres comunitarios realizados por Acción Ecológica en la provincia de Bolívar se han identificado algunos efectos de las plantaciones con especies exóticas en la fauna: desaparición y disminución de insectos beneficiosos y de fauna autóctona y hospedaje para aves, pero no de “alacena” por lo que estas se alimentan de las semillas para cultivos. En el cantón Salinas, donde existen plantaciones masivas de pino en estado maduro, se puso de manifiesto que las fuentes hídricas se están secando y que cada vez cuesta más el abastecimiento de agua (Vidal, 1999). Las plantaciones de árboles son áreas propensas a incendios y, por tanto, a la veloz fuga de emisiones, a plagas y con ello a la pérdida de vegetación.

 

Si bien en plantaciones maduras se dan escasos ejemplos de regeneración natural, en la mayoría de los casos no hay ningún desarrollo de sotobosque. Las hojas de pino no se descomponen por la baja temperatura, los organismos no los aceptan como alimento, al no poder digerir sus hojas y quedan en el bosque como una capa densa. Los suelos bajo las plantaciones de pino se vuelven más ácidos, de textura más gruesa y menor contenido de humedad, materia orgánica y fósforo (Hofstede, 1997).

 

Las propuestas de políticas forestales crean un subsidio a los empresarios medianos y grandes, que condicionará cualquier propuesta forestal de pequeña escala, con lo que provocan la acumulación de recursos y tierras en manos de un sector: el maderero.

 

Tampoco resuelven las necesidades específicas de la población local y, por el contrario, hacen que la población local abandone sus prácticas agrícolas y de conservación y que se afecten otros bosques por los desplazamientos de la población. Al privilegiar con las plantaciones el objetivo de producción de madera, se restringe los usos para agroforestería y pastoreo, tradicionalmente realizados por las comunidades.

 

A los problemas económicos, ambientales y sociales hay que añadir la violencia, pues las zonas se vuelven más violentas por la necesidad de contar con guardias armados o protección de la fuerza pública para “proteger” las plantaciones.

 

 

 

LOS PAÍSES INDUSTRIALIZADOS SON LOS MAYORES CONTAMINADORES

 

Para evitar reducir sus emisiones se han inventado un nuevo recurso: comprar oxígeno con el Mecanismo de Desarrollo Limpio

 

MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio) = MDL (Mecanismo de Dudosa Limpieza)

 

 

 

Mecanismo de Desarrollo Limpio:

 

Con el Protocolo de Kyoto se establece el comercio de emisiones, figura creada para comerciar con carbono, como mecanismo para negociar la capacidad de absorción con las emisiones de gases. Esto puede hacerse con dos tipo de instrumentos de comercio de emisiones:

 

a. el Mecanismo de Desarrollo Limpio para los países no desarrollados.

 

b. La implementación conjunta para los países industrializados.

 

Plantaciones Forestales en los Andes Ecuatorianos para Mitigar las Emisiones de Carbono de los Países Bajos.

 

El primer proyecto experimental de implementación conjunta realizado en el Ecuador es el de PROFAFOR (Programa FACE de Forestación) para el establecimiento de plantaciones forestales en los Andes Ecuatorianos a fin de mitigar las emisiones de carbono de Holanda, convenio establecido en junio de 1993. El convenio es con la federación de empresas holandesas de electricidad que crea en 1990 la Fundación FACE (Forest Absorbing Carbon dioxide Emissions) con la meta de plantar 150.000 ha en el mundo, la mitad de ellas en el país.

 

En el Ecuador el programa tiene como objetivo plantar 75.000 has de árboles entre los 2.400 y los 3.500 metros de altitud para absorber 35 millones de toneladas de CO2. Esta cifra es obtenida de datos sobre productividad del Pinus radiata disponibles en la literatura de Nueva Zelanda y Australia, al no existir datos confiables sobre productividad de pinos y eucaliptos a la altura en la que se plantarían en el Ecuador. Hasta la fecha se han plantado 22.000 ha en la Sierra, y se ha iniciado un proceso de plantaciones en la Costa con teca y eucalipto. Se calcula que se estarían plantando actualmente unas 2.000 has.

 

PROFAFOR no compra tierra ni árboles: invierte en una función singular de los árboles: su capacidad de secuestrar carbono. Establece contratos que equivalen a controlar las tierras y sus árboles por 100 años. Estos se hacen con comunidades campesinas e indígenas, con sectores privados y entidades legales como Fundación Natura. Dicen que pagarán en la sierra 250 USD por hectárea de especies exóticas plantada y 350 USD por especies nativas (El Comercio, 1999). Esto si cumplen sus metas, las que han resultado erróneas. En realidad pagan 165 USD/ha a propietarios privados y 130 USD/ha a organizaciones campesinas, lo que resulta discriminador (Vidal, 1999).

 

PROFAFOR ha sido cuestionado por impulsar plantaciones eligiendo especies exóticas como pino y eucalipto en la Sierra. Desde 1996 impulsa el proyecto ECOPAR para el estudio de los páramos y la investigación de alternativas para la plantación de especies exóticas y nativas. A pesar de este cuestionamiento, PROFAFOR continúa trabajando con diferentes comunidades y particulares en 8 provincias de la sierra ecuatoriana sembrando pino y ahora se encuentra en la Costa en la Provincia de Esmeraldas sembrando teca y eucalipto.

 
 

Protocolo de Kioto: las Plantaciones como Sumideros

 

El comercio de emisiones supone una serie de injusticias:

 

Permite la evasión real de las reducciones de emisiones por parte de los países altamente contaminantes, pues para ellos es más barato invertir en plantaciones que hacer cambios tecnológicos y reducción de consumo de combustibles fósiles en los países responsables del Cambio Climático. Las plantaciones, por otra parte, no cumplen con el objetivo de absorber CO2.

 

Admite que los países ricos tienen más derechos que los pobres a utilizar los recursos del planeta, pues no solamente se acepta que ha sido un derecho la libre ocupación de la atmósfera, sino que ahora pasará a ocupar las tierras agrícolas y de bosques de los países del Sur con sus plantaciones.

 

Establece nuevas presiones sobre los países del Sur, pues estos deberán sustituir su producción de alimentos por plantaciones para absorber la contaminación de los países industrializados y además deberán sacrificar sus bosques para que en su lugar se planten árboles.

 

Traslada la responsabilidad de la conservación a los países del Sur. Al vender las cuotas de emisiones, los países del sur asumen la responsabilidad por la contaminación de la atmósfera.

 

Los principales productos de exportación de los países del sur son dinero y materias primas, así se ha ido acumulando la deuda ecológica. El dinero que los países del norte destinarán al comercio de emisiones provendrá, como siempre, de esta fuente (Acción Ecológica, 2000a).

 

El Ecuador se prepara para incentivar las plantaciones forestales y captar recursos dentro del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) mediante la presentación de nuevos proyectos de ley como el de Desarrollo Forestal Sustentable del Ecuador.

 

En esta propuesta de ley se establece que se subsidiará: plantaciones forestales con fines de protección y con especies nativas hasta el 100% con fines productivos; y con especies exóticas en tierras de vocación forestal hasta el 75% y con fines productivos en tierras agrícolas hasta el 50%. Con esto se subsidia a empresas privadas con fines comerciales y se las pone a competir con la actividad agrícola.

 

Para la aplicación de políticas ambientales derivadas de los acuerdos sobre Cambio Climático diversas instituciones compiten, duplican funciones y no se ponen de acuerdo por querer ser intermediarios y lograr captar los recursos del mercado de emisiones. Así el Ministerio de Relaciones Exteriores y su Cancillería, el Ministerio del Ambiente, el Ministerio de Energía y Minas, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología están en la batalla por su relación directa con este ámbito.

 

En 1997 se creó la Oficina de Implementación Conjunta (OEIC), adscrita al Ministerio de Agricultura, que debía conformarse por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio del Ambiente, la Secretaría General de Planificación, con la coordinación de una ONG designada, la Corporación de Cooperación y Desarrollo (CCD), la que no cumplió las funciones de coordinación necesarias para esto. El Ministerio del Ambiente, a su vez, creó la Oficina Ecuatoriana de Desarrollo Limpio (OEDL), que no ha coordinado actividades con la OEIC (Vidal, 1999). La creación de estas dos instancias ilustra la caótica situación al seno del Gobierno Ecuatoriano en cuanto a su política sobre cambio climático.

 
 

Conclusiones y Recomendaciones

 

El proyecto de implementación conjunta desarrollado en el Ecuador no ha tenido los resultados esperados; por el contrario, ha causado impactos negativos en el ambiente y en comunidades en donde se ha instalado. Ha demostrado su ineficiencia para absorber carbono y tiene saldo en contra por las emisiones que ha provocado.

 

Las plantaciones forestales con especies exóticas son una amenaza real a la biodiversidad, al afectar páramos y bosques nativos. Atentan también contra la soberanía alimentaria del Ecuador afectando zonas comunitarias que proveen a las comunidades de agua, alimentos y plantas. En lugar de productos como el arroz, los campesinos de la costa tendrán ahora teca, balsa, laurel y eucalipto.

 

Los marcos legales, en vez de proteger el ambiente y garantizar los derechos colectivos de la población, son modificados por presión del FMI y Banco Mundial para profundizar el ajuste estructural. En este sentido, el Ecuador acaba de aprobar la Ley para la Promoción de las Inversiones y la Participación Ciudadana que promueve y permite nuevos y graves niveles de afectación al patrimonio natural del país, desconoce la legislación ambiental existente y elimina el derecho de las comunidades indígenas y campesinas para decidir sobre proyectos que puedan afectar su vida (Acción Ecológica, 2000b).

 

Para evitar el calentamiento global, países como el Ecuador deben mantener su petróleo en el subsuelo, invertir en formas de energía limpia, recuperar los manglares en la costa, proteger las cuencas hidrográficas y conservar sus bosques nativos.

 

 

 

Bibliografía

 

Acción Ecológica 2000 “Los madereros han encontrado dos formas de enriquecimiento: La nueva ley forestal y el mecanismo de desarrollo limpio”. Alerta Verde (Boletín de Acción Ecológica). No. 89, abril.

 

Acción Ecológica 2000b: “Posición de Acción Ecológica frente a la Ley Trole 2”.Alerta Verde (Boletín de Acción Ecológica). No. 95, agosto.

 

El Comercio 1999: “Los pinos secan el suelo y dañan el páramo”. 2 de noviembre, Quito.

 

El Comercio 2000: “Ecuador tiene una mina en sus bosques”. 25 de marzo, Quito.

 

El Comercio 2000 “La captura de CO2 puede ser un excelente negocio”. 22 de junio Quito.

 

Hofstede, R. 1997: “El impacto ambiental de las plantaciones de Pinus en la sierra del Ecuador”. Resultado de una investigación comparativa. Proyecto ECOPAR. Universidad de Ámsterdam, Ámsterdam.

 

Vidal i Oltra, V. 1999: “La aplicación de políticas sobre cambio climático en el sector forestal del Ecuador”. Universidad Autónoma de Barcelona. Bellaterra.

 

 

 

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