Mensaje de las I Jornadas Teológicas

Centroamericanas y Caribeñas

Guatemala, 26-29 de abril de 2011

 

Al finalizar las I Jornadas Teológicas Centroamericanas y Caribeñas, las y los participantes queremos presentar a las Iglesias y a nuestras sociedades un mensaje en el que deseamos compartir algo del conjunto de las diversas inquietudes y esperanzas que han sido las nuestras durante estos tres días de encuentro, intercomunicación y comunión.

Interpretamos la numerosa respuesta a la convocación de la comunidad teológica de nuestras regiones como señal de la necesidad sentida por muchas y muchos de escuchar cosas nuevas en medio del panorama del pensamiento teológico y de la práctica pastoral predominantes.

La semana pascual y la conmemoración del XIII aniversario del martirio de monseñor Juan Gerardi, a las pocas semanas de la Pascua de José Comblin, uno de los más lúcidos profetas en América Latina, y de jTatic Samuel Ruiz, obispo de los indígenas, han enmarcado oportunamente nuestro trabajo durante estos tres días. En ellos nos hemos dejado impactar por “las tristezas y las alegrías, las angustias y las esperanzas” de nuestros pueblos e Iglesias marcados por el martirio, por el anhelo de justicia y de convivencia feliz. Nos urge soñar alternativas futuras posibles, que queremos viabilizar en ensayos concretos y aproximativos al Reino de Dios, anunciado e iniciado por Jesús, Mesías crucificado y resucitado.

El camino que hemos escogido para el trabajo durante este triduo ha sido el del ver, juzgar y actuar: tres pasos interrelacionados que nos han permitido enfocar con mayor precisión nuestra realidad socio-política y socio-religiosa; juzgarla a partir de criterios interiorizados esbozados en los acontecimientos que han sido, hace 50 años, el Concilio Vaticano II y hace 40, la teología de la liberación formulada por Gustavo Gutiérrez, uno de sus principales pioneros. Finalmente, regresar a aquella realidad para recrearla según “la tierra nueva y el cielo nuevo” que el Apocalipsis nos presenta como horizonte y nueva creación.

El acercamiento a este camino ha sido el de integrar un lenguaje vital, en labios de los testigos populares, con una presentación más sistemática y teo-lógica. El encuentro entre ambos saberes siempre es sumamente enriquecedor y estimulante para dar razón de la esperanza del pueblo.

 

Aproximación a la realidad (VER)

Oscuridades y sufrimientos

Hemos escuchado la tragedia de las familias pobres campesinas, indígenas y ladinas, cada día más arrinconadas y desprovistas de sus territorios y riquezas naturales como el agua, es decir, de la base vital para su supervivencia física y cultural. Ha llegado también a nuestros oídos el drama de las personas que migran, expulsadas de sus países por ya no encontrar en ellos medios de subsistencia y atraídas por nuevas posibilidades de trabajo e ingresos en países del Norte. Ha resonado en nosotros el grito de Dios en el vía crucis del pueblo haitiano, no solo a raíz del terremoto y el cólera, sino de siglos de esclavitud y opresión. También nos ha impresionado la solidaridad que practican generosamente mucha gente pobre y muchos grupos eclesiales en la hora de suprema necesidad. Ante la dolorosa cotidianidad donde las mujeres casi siempre y en todo quedan como las últimas, ellas se han organizado para recuperar su autoestima y participar como verdaderas ciudadanas en diversos programas.

Obstáculos

Dificultan avanzar hacia el país soñado grandes nudos problemáticos que encadenan nuestros países: la desigualdad, la exclusión y la pobreza; la inseguridad ciudadana; la fragmentación familiar y social causada por las migraciones; los insuficientes, ineficientes e injustos sistemas educativos; la debilidad de nuestras instituciones democráticas y la falta de una ciudadanía despierta, crítica y activa en los escenarios sociales y políticos con nuevas propuestas.

Actualidad eclesial

Vivimos una situación eclesial donde los planteamientos de la teología de la liberación y el modelo de la Iglesia de los pobres continúan presentes y activas, pero con el riesgo de que esta realidad sea ahogada por teologías, espiritualidades y pastorales que funcionan como puntales del sistema vigente. Ante muchos fenómenos de la realidad social, nuestras Iglesias se encuentran a veces desfasadas y “perplejas”, sin lucidez pastoral y evangélica, inseguras de su identidad y hasta atrapadas en procesos de involución. No promueven el papel que las laicas y los laicos están llamados a cumplir como Iglesia en la sociedad. Por otra parte, hay sectores eclesiales que con programas sociales y palabras proféticas están presentes en ella, aunque generalmente con poco efecto en las políticas públicas. Hay una silenciosa y solidaria Iglesia de los pobres en línea liberadora, apoyada por muchas religiosas, Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y centros de formación para el laicado.

 

Una mirada de fe sobre la realidad (JUZGAR)

Espiritualidades

La espiritualidad y la teología de muchas personas y comunidades creyentes implican un juicio sobre aquella realidad social y eclesial descrita el primer día de las Jornadas. El segundo día, nos inspiró la frescura y sabiduría de las CEBs, de la espiritualidad garífuna, de los mayas y otros pueblos indígenas y afroamericanos. Nos conmovió el testimonio de un joven haitiano comprometido en procesos de lectura bíblica popular. Como pedagogo nato, ayuda a su comunidad a leer el evangelio y ponerlo en práctica.

Kairós

Comprendimos el Concilio Vaticano II como un kairós: como un tiempo favorable que irrumpe inesperadamente y después de 400 años de tiempo desfavorable. Una de las cosas buenas que el Concilio hizo posible fue devolver la Biblia al pueblo, accesible ahora en sus propios idiomas. Anteriormente, se temía que la Palabra de Dios cayera en manos de personas no ilustradas. Recuperó la expresión bíblica y el concepto eclesiológico de “Pueblo de Dios”.

El kairós que irrumpió con el Concilio, prolongado en la Iglesia de los pobres en América Latina, corre el riesgo de agotarse. Los documentos, si no van acompañados por cambios estructurales profundos, no modifican el modelo eclesial de cristiandad construido con apoyo del poder y del dinero. Nos ha llegado claramente el llamado a comprometernos, teológica y pastoralmente, en todos los ambientes y campos del espacio social, construyendo una Iglesia de los pobres, sal y luz en el mundo actual pluralista y globalizado.

 

Llamados a transformar la realidad (ACTUAR)

Pequeños proyectos

En este camino de la Iglesia de los pobres brotan signos de la novedad del Reino. Se trata de experiencias pequeñas pero significativas por su auto-sostenibilidad y empoderamiento de los pobres. Iluminaron este tercer momento de las Jornadas las tiendas de abastecimiento comunitarias; programas de alimentación saludable y económica en base a la soya; y la defensa del territorio ante la amenaza voraz de empresas nacionales e internacionales de minería, hidroeléctricas y otros megaproyectos. Nos sorprende tanta creatividad en la solución de los problemas desde abajo.

Teología de los nuevos tiempos

Es hora de perder el miedo y profundizar nuestra fe en Dios. Los y las mártires son el espejo en el que la teología india nos invita a vivir juntos un nuevo amanecer que propicie la armonía y la integración como nuevo concepto de fraternidad. La necesidad de elaborar una agenda teológica a futuro nos lleva a abrirnos a un Dios vivo y libre, contrario a la visión de un dios atrapado en dogmas, ritos, normas morales y patriarcalismos. Es tarea de todos y todas construir esta nueva agenda encarnada, incluyente, dinámica, propositiva, ecuménica y en diálogo con diferentes espiritualidades y pensamientos. ¡Que nadie se quede atrás!

En el momento eucarístico final, celebramos la historia y la vida compartida en estos días, en comunión con nuestros pueblos y cantando su esperanza.

 

Maríapolis, Guatemala

29 de abril de 2011

 

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