LOS MOTIVOS DEL INDIO Y DEL POBRE

EN LOS 500 AÑOS

(*)PALABRAS EN LA CLAUSURA DEL ENCUENTRO MESOAMERICANO

“500 AÑOS DE MARTIRIO Y ESPERANZA”.

CLAI, MEXICO, D.F. 22 DE MAYO DE 1992.

Eleazar López Hernández

Equipo de Cenami.

 

1. En este año de 1992, se cumple medio milenio de haberse iniciado en Abya Yala el modelo de sociedad que vige hasta nuestros días y que ha sido la causa estructural de la postración en que se hallan los pueblos originarios de este Continente, los hermanos trasplantados violentamente de África y los hijos mestizados de ambos.

2. Qué palabra podemos traer a cuento en esta hora de la historia, los atribulados hijos de estos pueblos y los acongojados discípulos de Cristo, que, por sangre, somos parte de los victimados; pero, por opción religiosa, compartimos también la infamia de ser parte de los victimarios? ¿Qué palabra podemos decir ahora, que sea expresión adecuada de nuestro dolor y angustia y, al mismo tiempo, a la medida de nuestra lucha y esperanza?

3. 500 años son un momento privilegiado de reflexión total, un momento de poner en la balanza del juicio histórico de Dios y de los hombres, a los actores, a sus hechos, sus intenciones, al mundo construido por ellos, que ahora cargamos todos como herencia del pasado. Hoy es el momento de exigir consolidación de aciertos y enmienda de errores para construir un mundo nuevo a la altura de los anhelos de nuestros pueblos.

4. Ante la cínica pretensión de quienes quieren celebrar con bombos y platillos estos 500 años, viendo únicamente los aspectos que ellos consideran positivos, pues les favorecen como a “vencedores”, los pobres de este Continente, -indios, negros y mestizos-, levantamos la voz airada para señalar que existe otra cara de la moneda: la visión que los supuestos “vencidos” tenemos de la misma historia. Porque, no cabe duda, que a cada triunfo de los “vencedores”, corresponde una derrota de nuestros pueblos; a cada conquista, una pérdida; a cada logro, un despojo.

5. Espada y cruz se dieron la mano para destruir culturas y civilizaciones florecientes de Amerindia y para levantar de sus cenizas la sociedad colonial de amos y de esclavos, que en los 500 años transcurridos se ha mantenido en esencia la misma hasta nuestros días.

6. Como en el tiempo del exilio babilónico los vencedores nos convocan hoy a cantar nuestros antiguos cantares como cantos de victoria para ellos. ¿Cómo cantar en la opresión el destino de muerte a que nos conducen? ¿Por qué en los altares, junto a las ofrendas pecaminosas de productos arrebatados violentamente a los pobres, quieren que pongamos nuestras flores ancestrales que ellos insistentemente han mancillado y han pretendido marchitar hasta matarlas para que la flor de ellos prevalezca?

7. No, no estamos dispuestos a unirnos a coros de mentiras y falsedades. Queremos que brille la luz de la verdad sobre estos 500 años. Porque sólo ‘la verdad nos hará libres” a todos.

8. Nuestro dolor es grande y podríamos echar encima de los hijos y herederos actuales de los ‘vencedores” los vómitos de nuestro resentimiento acumulado. Decir por ejemplo: “haga allá penitencia Fray Diego de Landa y sus compañeros, del mal que hicieron a nosotros que hasta la cuarta generación se acordarán nuestros descendientes de la gran persecución que por ellos nos vino”, como de hecho dijeron los líderes mayas de Yucatán en 1567. También podríamos decir lo que recientemente representantes indígenas le expresaron al Papa Juan Pablo II cuando visitó Perú: “nosotros, indios de los Andes y de América, decidimos aprovechar su visita para devolverle su Biblia, porque en cinco siglos no nos ha dado ni amor, ni paz, ni justicia. Por favor, tome de nuevo su Biblia y devuélvala a nuestros opresores porque ellos necesitan sus preceptos morales más que nosotros”.

9. Estos y otros gestos de dolor podemos hacer hoy con todo derecho. Pero los sentimientos negativos no agotan el espacio de nuestro corazón adolorido. En él hay también y en mayor medida, reservas infinitas de fe, de esperanza y de amor que estos 500 años de oprobio no han podido destruir.

10. “Aunque manos criminales han secado nuestras hojas, han cortado nuestras ramas y han quemado nuestro tronco, (los indios de hoy) somos un árbol de Ceiba que no se resigna al destino de muerte que nos han querido imponer en estos 500 años. Nuestras raíces se abrazan fuertemente a nuestra Madre Tierra y por eso no es posible matarlas; y con el servicio amoroso de los Aj Q’íij, los Al

Tziij (sacerdotes mayas), de los Mayordomos, Cofrades, Fiscales, Alferez y demás cargos religiosos introducidos por el Cristianismo, con los aportes reflexivos de los sabios y sabias del pueblo y con la luz de los Teólogos Indios de hoy, de esas raíces brotará de nuevo un árbol frondoso que dará sombra y abrigo a nuestra gente y será también nido de todas las aves del cielo. Esta es la fe y la esperanza de quienes nos hemos reunido aquí en el Aniversario 499 de la llegada de los europeos a nuestro Continente” dijeron los Teólogos Indios del área mayense el año pasado.

11. Los pueblos indios, negros y mestizos no estamos aniquilados. A pesar de los 500 años seguimos existiendo y constituímos en varios países la masa mayoritaria de la población y en otros, somos el sustrato humano más consistente de la sociedad.

12. En los pueblos indios, negros y pobres en general de este Continente, se cumple al pie de la letra lo que San Pablo decía a la comunidad cristiana de Corinto: “Somos muy aguantadores; soportamos persecuciones, necesidades, angustias; azotes, cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir, días sin comer... En nosotros está la verdad y la fuerza de Dios. Luchamos con las armas de la justicia tanto para atacar, como para defendernos. Unas veces nos honran y otras nos insultan; recibimos tantas críticas como alabanzas. Pasamos por mentirosos aunque decimos la verdad; afirman que nos desconocen aunque todo mundo nos conoce, nos creen muertos aunque estamos vivos, nos llueven los castigos, pero no nos pueden aniquilar. Nos toman por afligidos, pero estamos contentos; nos tratan como a pobres, pero sorno causa de enriquecimiento de muchos; pareciera que ya no tenernos nada, pero seguimos poseyendo todo” (II Corintios 6, 4-10)

13. A pesar de la agresión que hemos sufrido durante los 500 años y a pesar del peligro de extinción a que estamos sometidos en la coyuntura actual, los pueblos indios, negros y mestizos seguimos teniendo esperanzas; porque creemos en la bondad innata de la naturaleza y de los seres humanos, por cuanto que todos, al provenir del mismo Padre y de la misma Madre, pertenecemos a la misma familia, somos hermanos. Por eso aún hoy seguimos sosteniendo que los hombres blancos y barbados que llegan y llegan a nuestras tierras, son “Teules” es decir, divinos porque vienen de Dios; y como a tales los seguimos tratando. No somos nosotros quienes les negamos su procedencia divina. Son ellos mismos los que a menudo se olvidan de su radical vinculación a Dios y, al tratarnos como a esclavos, niegan con los hechos la hermandad de origen que nos une.

14. Los pueblos indios, negros y mestizos tenemos motivos para hacer de estos 500 años una gran celebración. Pero no los mismos motivos que los de los “vencedores”: En 500 años ellos no nos han podido matar. Estamos vivos y somos portadores de un proyecto de vida válido no solo para nosotros, sino también, para todos los seres que poblamos el planeta.

15. Alabado sea el Señor, Nuestro Dios, Padre y Madre, que nos ha dado la capacidad de resistencia y de lucha en todo este tiempo de pruebas. El, que nunca nos ha abandonado, estará también con nosotros hasta la victoria final. Llegaremos a ver la resurrección esperada, el xochitlalpan y la tierra sin males que nuestros abuelos soñaron. 500 años son prueba de que nuestra lucha es invencible. Este mundo con sus mentiras y falacias, con sus proyectos modernizadores y sus neoliberalismos de muerte, pasará; pero la Palabra de Vida revelada por Dios a nuestros pueblos y acogida con fe por los pobres, no pasará.

 

Contador de Visitas

contador

Av. Garcia León 215(Oe4-33) Ruiz de Castilla 593 2 3202759 / 3202193 / 3202265