NUEVAS GENERACIONES DE VIDA RELIGIOSA JOVEN

Nuestros carismas un don para la Iglesia

Catalina Codd

 

Elementos de los objetivos:

  • Animar e integrar a las nuevas generaciones de vida religiosa
  • Encuentro Intercongregational
  • Dialogo y comunión
  • La dimensión mística y profética de los carismas
  • Servicio de la Iglesia

Parto de unos textos de la Iglesia que fundamentan este tema:

«La vida consagrada, arraigada desde antiguo en los pueblos de América Latina, es un don que el Espíritu concede sin cesar a su Iglesia como ‘medio privilegiado de evangelización eficaz’» (EN 69; DP 739) y “constituye un elemento decisivo para su Misión” (DA 216).

Todo la Iglesia por su naturaleza es misionera (Código c 781). Cristo ha enviado a anunciar la Buena Noticia a todos. Por consiguiente, la tarea evangelizadora es responsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios – Vida Religiosa incluida. (DA 365)

1 Los carismas en clave misionero

Los carismas en la Vida religiosa son dones del Espíritu para la humanidad, para servicio de la Iglesia y del mundo. Son dones ministeriales que dan fuerza muy especial a la evangelización, también son dones espirituales especiales que el Señor nos da para edificar el cuerpo místico de Cristo que es la comunidad

Así la Vida Religiosa es enriquecida con muchos carismas, cada uno privilegia un rasgo de Cristo. Cada congregación o grupo busca a actualizar/avivar/vivir en estos tiempos lo que aprende de Jesús: su oración, la lucha por la justicia, el cuidado por los pobres, la inclusión de los marginados, la libertad para todos, el amor incondicional.

De esta forma la Vida Consagrada es un don del Padre pero un don MULTIFORME (AP 216.. …..Se expresa…….)

Esto es una riqueza para la Iglesia porque ningún carisma se da en solitario sino en comunión y complementariedad.

La intercongregacionalidad se da a partir de una clara identidad carismática de cada instituto religioso particular. Las diferentes comunidades religiosas insertas en la Iglesia han recibido del Espíritu, por medio de sus fundadores, un carisma particular.

El carisma consiste en una peculiar experiencia del Espíritu que comporte un estilo propio de santificación y de apostolado. Cada comunidad vive el radicalismo de Evangelio con diferentes matices carismáticos; cada carisma religioso testimonia alguno de los aspectos del misterio de Cristo en la vida y en la actividad de la comunidad religiosa.

El carisma es un germen de vida que cada comunidad religiosa debe vivir, custodiar, profundizar y desarrollar constantemente en comunión con la Iglesia que tiene el derecho de conocer los diversos carismas, de defenderlos y apoyarlos y buscar la inserción “diferenciada” de los religiosos y personas consagradas en la vida y la misión de las comunidades cristianas que forman parte de la iglesia particular.

Nuestro carisma fundacional pertenece a la Iglesia. Es un camino para vivir el evangelio que se puede concretar en diferentes formas de vida. En este nivel de comprensión descubrimos el carisma fundacional como lugar de encuentro de religiosas/os como invitación a vivir la comunión para la misión desde diferentes identidades. (Comunión de comunidades)

2. La dimensión mística y profética de los carismas y la misión

La experiencia de Dios en la persona humana es esencialmente pro­fética. El verdadero profeta es un místico y la mística auténtica debe derivar en profecía. Escucha a Dios y habla en su nombre en favor de su pueblo, anunciando buenas noticias: (Is 40, 1-2)

Los profetas del AT anuncian y denuncian porque parten de una profunda y familiar experiencia de Dios en sus vidas. La persona se siente tocado por un Dios, muy cercano que confía en él para que sea “signo de contradicción y de esperanza” en un mundo conflictivo y desanimado.

La mística-profética es el rostro siempre actual del seguimiento de Cristo de todo discípulo-misionero: en su persona y en su inser­ción en una comunidad de referencia y en la misión evangelizadora de la Iglesia.

La Iglesia y especialmente la Vida Religiosa, desde la centrali­dad de la persona de Cristo, tiene como misión los aspectos siguientes:

1° ANUNCIAR la comunión de Dios con la humanidad y de las personas entre sí en Jesucristo (Is 9,1). Isaías anticipa la alegría del Reino de Dios, perso­nificado en Jesús, que está presente y actuante en medio de nosotros: (Jn 8,12). Y una señal de su presencia es: “los pobres son evangelizados”. Esta es nuestra misión: ofrecer la buena Notica a los pobres y excluidos de la sociedad

2° DENUNCIAR las injusticias, producto del pecado personal y social. Desde la experiencia personal de Dios se indican con claridad las señales de la maldad en el corazón de la persona, de todas las personas y en las estructuras de pecado que afectan a la so­ciedad, especialmente a los pobres. Cf. Ezequiel un profeta que anunció un futuro mejor para su pueblo y lo hizo después de haber denunciado durante años (Ez 33, 25). El profeta es la persona con carisma, capaz de discernir a través de los signos de los tiempos, el clamor de los pueblos, de la tierra la palabra más actual de Dios.

3° DISCERNIR los “signos de los tiempos”: como religiosos/as debemos vivir la mística de “los ojos abiertos” y “oídos atentos” para contemplar la realidad y escuchar la voz del Señor que nos habla por medio de su palabra y de los acontecimientos cotidianos de la humanidad y de ma­nera especial de los que nos rodean.

4° ACOMPAÑAR las desesperanzas y desalientos: (DA 398). No podemos olvidar que el mismo Jesús lo propuso con su modo de actuar y con sus palabras: (Lc 14,13; DA 397).

3. Dialogo y comunión para la misión

El dialogo es la marca de un rasgo esencial del ser humano: la apertura al otro. La noción de dialogo nos invita a vivir en relación y en el intercambio y así descubrir a nosotros mismos como individuales y como congregaciones. Necesitamos de los otros para identificarnos. Nos construimos por los intercambios y los encuentros. ¿Qué sería de nosotros sin aquellos a quienes conocemos.

En el dialogo no solo hay dos sujetos (yo-tú) sino también un “nosotros” – una experiencia de fraternidad una experiencia de “juntos buscando la vida”. Apunta a la relación y a la igualdad antes que al egoísmo o a la exclusión. Es reconocer a los otros como iguales.

“La comunión que los consagrados y consagradas están llamados a vivir va más allá de la familia religiosa o del propio Instituto. Abriéndose a la comunión con los otros Institutos y las otras formas de consagración, pueden dilatar la comunión, descubrir las raíces comunes evangélicas y juntos acoger con mayor claridad la belleza de la propia identidad en la variedad carismática, como sarmientos de la única vid. Deberían competir en la estima mutua (cf. Rm 12, 10) para alcanzar el carisma mejor, la caridad (cf. 1Co 12, 31).(Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica 32)

“No se puede afrontar el futuro en dispersión. Es la necesidad de ser Iglesia, de vivir juntos la aventura del Espíritu y del seguimiento de Cristo, de comunicar las experiencias del Evangelio, aprendiendo a amar la comunidad y la familia religiosa del otro como la propia. Los gozos y los dolores, las preocupaciones y los acontecimientos pueden ser compartidos y son de todos” (Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica 32)

DA 156

DA 5: Titulo: La Comunión de los discípulos misioneros en la Iglesia

DA 5.1 Llamados a vivir en comunión

154. Jesús al inicio de su ministerio elige a los doce para vivir en comunión con Él (cf. Mc 3, 14).

155. Los discípulos de Jesús están llamados a vivir en comunión con el Padre (1Jn 1, 3) y con su Hijo muerto y resucitado, en “la comunión en el Espíritu Santo” (2Cor 13, 13).

156. La vocación al discipulado misionero es con-vocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión.

4. Conclusión: Nuestros carismas un don para la Iglesia

La Vida Religiosa regala muchos carismas en la Iglesia. Tan sólo en sus epístolas, San Pablo menciona un total de veinte dones especialmente recibidos para el bien de la comunidad. Podemos subdividirlos en tres categorías

1. Dones referentes a la instrucción de los fieles: el carisma de apóstol, de profeta, de doctor, de evangelista y de exhortador, la palabra de sabiduría, la palabra de ciencia, el discernimiento de espíritus, el don de lenguas, el don de interpretar las lenguas (Cf. Romanos 12, 6-8; Efesios 4,11).

2. Dones relacionados con el alivio de los fieles: el carisma de limosna, de la hospitalidad, el don de asistencia, el de la fe, las gracias de curaciones, el poder de milagros.

3. Dones relacionados con el gobierno de la comunidad: el carisma de pastor, el de aquel que preside, los dones de ministerio (diakonía), los dones de gobierno (Romanos 12,6-8). Y hay muchos más carismas que la Vida Religiosa regala a la Iglesia.

 

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