¿Cómo acompañar la vivencia del celibato hoy?

 

María Julia Ardito

 

 

 

 

 

 

La Junta Directiva de la CER, la Comisión de Formación Permanente y la Coordinación de Formadores/as comparten, con los acompañantes, animadores/as de comunidades y formadores/as, uno de los desafíos más fuertes de la vida consagrada actual: acompañar la vivencia del celibato.

 

Contamos con el aporte de una persona especializada que colabora con la vida religiosa del Perú y de otros países, y forma parte de la Escuela de Acompañamiento Espiritual “Emaús” de Lima; su nombre es María Julia Ardito, op.

 

Pretendemos fortalecer una de las opciones de la CER, asumida en la Asamblea General 2009: Formación Permanente. Y especialmente queremos responder a la necesidad de buscar criterios y estrategias para el acompañamiento personal de quienes están dedicados/as, con gran empeño y servicio, a los/as hermanos/as de la congregación en las comunidades locales, la formación inicial y la formación permanente.

 

 

 

 

INVITACIÓN

 

Días: Miércoles 3 y jueves 4, noviembre 2010

 

Horas: De 08h00 a 17h00

 

Lugar: Casa de la CER en Quito (García de León Oe4-33 y Ruíz de Castilla, dos cuadras al norte del parque Italia

 

Expositora: Hna. María Julia Ardito, op

 

Organiza: Junta Directiva, AFICER y FP de la CER

 

Participantes: Acompañantes, animadores/as y formadores/as.

 

Costo: veinte dólares (20 $) por persona

 

 

MARÍA JULIA ARDITO

Dominica de Argentina, María Julia vive en Perú hace 11años en una comunidad en el altiplano con población aymara. Es psicóloga con una especialización en sexología

 

"Como podemos hablar de espiritualidad si la persona no va a tener palabra propia. Palabra que brote con autoridad y libertad y capaz de crear relaciones y comunidades. Palabra que este abierta a convivir y disentir en la diversidad.  Creo que esto es integrar y es espiritualidad."

 

ENTREVISTA

 

¿Háblanos un poco de tu trabajo?

 

Trabajo desde mi profesión en dos líneas: una es toda en la área de formación y capacitación desde la psicología pero integrando todo lo que es psicología y espiritualidad, o sea la integración de la persona, me cuesta distinguir lo plano de lo psicológico e de lo espiritual, creo que la concepción desde mi experiencia de acompañamiento es la integración de la persona en todas sus dimensiones, no podría disociar. Soy psicóloga y predicadora, entonces como dominica encuentro el gusto y el sabor de la integración total de la persona, la predicación y el acompañamiento. Trabajo en el acompañamiento a la vida religiosa femenina y masculina hace 20 años: con cursos a formadores y también a formandas y formandos; con acompañamiento personal en el proceso de discernimiento y en el proceso de personalización.

 

 

 

¿Y la secunda línea de trabajo?

 

Es la área de formación y capacitación en los de psicología, sexología y afectividad con laicas y laicos, con muchas instituciones y con las organizaciones de mujeres, de jóvenes, de parejas en los departamentos de Puno y de Cuzco donde he trabajado todos estos años. El proyecto interesante que tenemos ahora, religiosos, varones y mujeres de diferentes carismas, y laicos y laicas también de la zona aymara hemos fundado una institución civil que es un centro de espiritualidades, justamente en plural porque la propuesta es el dialogo intercultural, se llama el centro de espiritualidad Emaús. Tiene sede en la zona andina pero no trabajamos solo allí…

 

 

 

¿Cuáles son las actividades?

 

Unos de los servicios de este centro son el área de investigación y de publicación. Somos Dominicas del smo nombre de Jesús, del Rosario, Maryknoll, religiosos/as del Sagrado Corazón, Benedictinos y laicos y laicas de la zona también. Unos de los proyectos es la escuela de acompañamiento espiritual, esta escuela tiene un servicio que es más abierto, latinoamericano y del Caribe, es un mes de “internado”, en Chuchito, y lo hacemos también en la costa por los que no pueden subir. Es una escuela intensiva. La hacemos también durante de 9 meses para los laicos/as y los sacerdotes y religiosas andinos en Puno. La propuesta de la escuela es redescubrir como el acompañamiento espiritual es un ministerio que el pueblo en si mismo tiene y las distintas culturas también. Por eso una de las entradas es el dialogo intercultural e interdisciplinario. Los participantes vienen de Chile, Perú, Bolivia, México, Argentina, Salvador, Brasil, Nicaragua, Colombia etc cada uno desde su experiencia cultural, hace el aporte para descubrir si existe este ministerio del acompañamiento desde la familia, desde la experiencia laical, de la experiencia indígena también. Nos hemos reunido con los sacerdotes indígenas (los yatirisaymaras y los pacos- quechuas), con los padrinos y madrinas, y aprendimos con ellos a descubrir el ministerio de acompañar que existe comunitario, personal y grupal en las culturas andinas. La escuela espiritual trata de ayudar y capacitar con más elementos a los que son enviados o deciden de hacer la experiencia porque sienten que esto es su lugar de servicio en la comunidad, hacen el curso (9 meses o el mes intensivo) y después de dedican desde Emaús a este servicio de escucha. Nosotros como institución estamos acompañando a víctimas de violencia, de violencia en general, violencia sexual y violencia política. Han sido 20 años de guerra interna en el Perú y han dejado victimas, sobre todo por la comunidad indígena quechua, o sea los 70% de los que han muerto, han sido asesinados y abusados. La iglesia sur andina se ha sumado al proyecto que tiene el país en el acompañamiento a las victimas cuanto sea en las reparaciones judiciales como el al reparación a nivel psicológico…

 

 

 

Es interesante lo que hacen, creo que la violencia destruye una persona a su interno… ¿me pregunto como el acompañamiento puede sanar estas heridas tan profundas?

 

Creo que la violencia vivida en los abusos cotidianos, la violencia sexual o política, especialmente cuando no se puede ver el agresor y no se sabe ante quien defenderse, deja sin palabra a la víctima. La violencia… es pre-dialógica … No permite Palabra, al no poder poner palabra, al no poder simbolizar a través de la palabra… quien es víctima no puede salir sola. Recuerdo a una persona que estuve acompañando durante dos años en su proceso de integración como dirigente, como animadora, su capacitación, terminar los estudios, tratamos todos estos temas por dos años. En ningún momento salió lo que ahora te cuento: comienza la Comisión de la Verdad y la reconciliación en el país, viene esta persona y me dice: “¡María Julia a mi me pasó esto!” Al escuchar públicamente lo que viví, el ver públicamente que otros ponían en palabra que esto lo había pasado, rompí inmediatamente aquel mecanismo que había obrado para sobrevivir y decir “a mí también me pasó, tengo derecho a decirlo”. A partir de entonces pudo poner en palabra, pudo decir a mí también, vinieron y me abusaron, se llevaron a mi padre y a mi madre, vivíamos una incertidumbre cada día…

 

Por eso digo no solo como Dominico y Dominica la riqueza de que significa colaborar porque la victima salga del lugar de víctima. Hay una cuota de derecho y de responsabilidad de la víctima y ahí tenemos que llegar, es posible salir del lugar de victima poniendo en palabra. Si alguien se mantiene en este lugar de víctima, no es solamente una cuestión estructural, porque de hecho la es, ha habido violación social que se mantiene, conviene en un país en una comunidad tener victimas. Por eso creo que el acompañamiento, además de hacerlo desde los necesarios cambios sociales, hay que hacerlo personalizado para que la persona pueda realmente liberarse y no seguir reproduciendo su situación de víctima o victimario. Hay una capacidad humana para poder salir de este lugar aunque parezca el último...

 

 

 

¿Qué significa que la victima tiene una cuota de responsabilidad?

Lo que quiero decir hablando de cuota es la potencialidad que hay en la persona que esta estigmatizada con el rótulo de víctima. Esto es un tema, el de la responsabilidad, muy delicado, muy estereotipado y con poco fundamento, puede ser un manejo para seguir oprimiendo. La responsabilidad es devolver la dignidad a la víctima, no pierde como persona el espacio para poder decidir salir de ese estigma. Por ello es importante el acompañamiento pues este momento solo lo puede madurar y hacer posible la misma persona, no depende de mensajes racionales o esfuerzos de voluntad se trataba de un proceso de curación hasta que pueda decir su propia palabra y así cambiar de lugar en el vínculo.

 

¿Cuando una víctima realmente sale? Cuando reconoce esto reconoce su fuerza, no sólo era el victimario el que tenía todo el poder sobre mí, era yo también que estaba atrapada, entonces vuelve la experiencia de poder y dignidad que sentía perdida, ahí puede soltarse. En el acompañamiento psicológico la victima sale cuando internamente reconoce una alianza con la violencia externa y tenemos que acompañar hasta ahí, a este fondo, de otra forma se sigue reproduciendo la cadena del mal.

 

 

 

¿Por qué es tan importante estar presente?

 

Creo que tenemos acompañar a recobrar la palabra, para eso que tenemos que hacer trabajo social y comunitario, esta mujer ¿cuando toma conciencia de que puede decir una palabra? Cuando escucha a otros y otras que empiecen a poner en voz alta lo que han vivido y han sentido, esto ya le permite decir “a mí también” y desde entonces asumir un cambio de lugar. Para eso capacitamos personas para hacer la escucha: ¿Quiénes son los que van a hacer la escucha? Lo que han ya vivido este proceso de liberación personal, lo que se hacen en Emaús, ellos logran cambiar de lugar, no tienen que explicar lo que han pasado pero dicen esto a mi me ha servido, me cambió la vida, ya miro y siento de otra manera, no le cambió las circunstancias pero si, se sitúa de otra manera la relación de pareja, en familia, es un cambio cultural con la sociedad y con la organización. Estos que han hecho la experiencia quieren hacer lo mismo con otros. Lo que aseguramos es una atención gratuita, es un espacio de escucha confidencial, totalmente gratuito, donde no se dirige la vida, es un espacio donde la persona dice la palabra y hace el gesto que quiere y que puede decir en ese momento, para nada directiva, por eso requiere de nosotros una capacidad de apertura y un espacio muy amplio para no imponer sutilmente lo que la persona según mi criterio tiene que descubrir, ver, sentir y decir en este momento.

 

 

 

Imagino que requiere un trabajo personal de parte de quien escucha muy grande…

 

Sí, porque podemos estar violentando, generando más violencia y que la victima diga la palabra que yo quiero que diga y me “muestre” el cambio que yo creo que tiene que hacer. Tenemos que ser testigos del alumbramiento que se da de su propia palabra, desde allí puede ser un ser político, puede empezar a dialogar desde si, desde su propia palabra y crear vínculo social diferente.

 

Lo que siento que se genera en muchas instituciones y en muchas relaciones nuestras y desde nuestras vidas religiosas es que seguimos sosteniendo estructuras que mantienen hombres y mujeres sin palabra propia, bajo colores muy agradables y ritos ricos y muy preciosos. Pero la vida religiosa y el acompañamiento es permitir que cada uno pueda decir su palabra y cambiar de lugar, yo se que la palabra brote de dentro. Entonces preparar hombres y mujeres que puedan acompañar significa un escucha con una capacidad contemplativa de respecto de la intimidad y de la historia del otro y entonces un escucha muy abierta, muy contemplativa, muy atenta, asegurando la confidencialidad.

 

¿Cuáles son los frutos de nuestro trabajo? tenemos otro criterio: no se puede evaluar los frutos y los pasos en la vida de una persona después de 10 o 15 entrevistas… No estamos preocupados en recoger frutos o en tener algo que diga que esta persona está bien, que vale la pena… Todo eso requiere ser muy pobre porque no puede mostrar a otros los frutos de tu tarea y de tu ministerio de escucha. En cuanto a la escuela creemos que el fruto es que en este momento son las personas de lengua quechua y aymara las que han hecho este proceso y ahora acompañan a las que han sufrido como víctimas en las comunidades andinas. Además profesores y animadores cristianos que llevan adelante los talleres de escucha para otros grupos y comunidades andinas. Y en la casa Emaús en Puno los que atienden a las personas que buscan ser escuchadas son diariamente los que han hecho años atrás la escuela.

 

 

 

María Julia, ¿has jamás pensado a ti misma como “victima” de esta misma realidad social y política?

Siento al vivir allí hemos compartido, como comunidad, la experiencia de tanto sufrimiento históricamente tan larga, un sufrimiento muy antiguo, opresiones muy viejas con la gente con la que vivo, en las comunidades, hay una injusticia social muy grande.

 

 

 

¿Puedes compartir una experiencia?

Pues siento la violencia desde la misma iglesia aquella que ayer se comprometió con el pueblo pobre en su camino de participación y liberación. Aquella que caminó en diálogo junto con las culturas indígenas, alentando y consolando. Aquella que con su pastor denuncio la injusticia y anunció la vida en abundancia para todos. Ahora algunos con autoridad de esa misma iglesia están sometiendo y ejerciendo violencia sobre ese mismo pueblo.

 

 

 

¿Podemos hablar de opresión tal vez en nuestra Iglesia que nos hacen “victimas”?Como ayudar un poco el proceso de integración entre lo espiritual y lo psicológico/afectivo? C

reo que es necesario un proceso de Verdad, justicia, reparación y de reconciliación también como iglesia, un perdón que solo quienes han sido víctimas pueden dar. En la vida religiosa no hablamos de estas víctimas pero existen dentro de nuestras comunidades. Como podemos hablar de espiritualidad si la persona no va a tener palabra propia. Palabra que brote con autoridad y libertad y capaz de crear relaciones y comunidades. Palabra que este abierta a convivir y disentir en la diversidad. Creo que esto es integrar y es espiritualidad.

 

Entrevistadora: Patrizia Morgante

 

S.Sabina, 2008

 

 

 

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