CIRCULAR N°005

 

 

PASCUA 2010

 

 

HERMANOS/AS:

 

PRESIDENT@S DE FEDERACIONES, DIRECTORES Y RECTORES DE INSTITUCIONES EDUCATIVAS CATOLICAS DE LA CONFEDEC

 

A la gran familia de CONFEDEC

 

En sus Despachos

 

 

 

 

“El Señor ha resucitado de entre los muertos y va camino de Galilea, allí lo verán” Mt. 28, 7. Los creyentes tenemos múltiples y muy diversas imágenes de Dios. Desde niños nos vamos haciendo nuestra propia idea de él condicionados sobre todo, por lo que vamos escuchando a catequistas y predicadores, lo que se nos trasmite en casa y en el colegio o lo que vivimos en las celebraciones y actos religiosos.

 

 

Todas esas imágenes que nos hacemos de Dios son imperfectas y deficientes y hemos de purificarlas una y otra vez a lo largo de la vida. No lo hemos de olvidar nunca. El Evangelio de Juan nos recuerda de manera rotunda una convicción que atraviesa toda la tradición bíblica: “A Dios no lo ha visto nadie jamás”.

 

 

Y es precisamente el mismo evangelio de Juan que nos recuerda la convicción que sustenta toda la fe cristiana en Dios. Sólo Jesús, el Hijo único de Dios, es “quien lo ha dado a conocer”. En ninguna parte nos descubre Dios su corazón y nos muestra su rostro como en Jesús.

 

 

Dios nos ha dicho cómo es encarnándose en Jesús. No se ha revelado en doctrinas y fórmulas teológicas sublimes sino en la vida entrañable de Jesús, en su comportamiento y su mensaje, en su entrega hasta la muerte, en su resurrección. Para aproximarnos a Dios hemos de acercarnos al hombre en el que él sale a nuestro encuentro.

 

 

Siempre que como cristianos y como docentes ignoramos a Jesús, o lo olvidamos, corremos el riesgo de alejarnos del Dios verdadero y de sustituirlo por imágenes distorsionadas que desfiguran su rostro y nos impiden colaborar en su proyecto de construir un mundo nuevo más liberado, justo y fraterno. Por eso es tan urgente recuperar en nuestras aulas la humanidad de Jesús.

 

 

No basta con hacer conocer a Jesús de manera teórica o doctrinal. Nuestros niños y jóvenes necesitan conocer a Jesús desde un acercamiento más concreto y vital a los evangelios, sintonizar con su proyecto, ayudarlos a dejarse animar por su espíritu, esta es la tarea apasionante de una comunidad educativa que vive hoy purificando su fe, porque si Dios sufre en la cruz, no es porque ama el sufrimiento sino porque no lo quiere para ninguno de nosotros. Si muere en la cruz, no es porque menosprecia la felicidad, sino porque la quiere y la busca para todos, sobre todo para los más olvidados y humillados. Si Dios agoniza en la cruz, no es porque desprecia la vida, sino porque la ama tanto que sólo busca que todos la disfruten un día en plenitud.

 

 

Por eso, la resurrección de Jesús, es un misterio de amor y vida y la juventud es el momento donde la vida se hace más fuerte, donde estalla, florece, se abre paso, por eso nosotros como educadores, tenemos el desafío de hacer “que los jóvenes hagan pascua cada día y llenen de vida, la vida”.

 

 

Visto de esta manera la Resurrección de Cristo nos empuja a descubrir que lo imposible también forma parte de nuestra vida, porque Dios se ha metido en nuestra historia de una vez y para siempre.

 

 

Como educadores católicos creer en la Resurrección significa no resignarse a que el mundo siga adelante siempre de la misma manera y celebrar la pascua es creer con toda la fuerza de nuestro corazón que Cristo sigue viviendo en medio de nosotros y que es capaz de transformarnos desde dentro para ayudarnos a construir el mundo, el país, y la vida que anhelamos.

 

 

Cristo es la vida que no puede quedar sepultada por nada ni nadie, por eso esta Pascua tiene que ser un paso de Dios por nuestra vida y por la historia que nos está tocando vivir; una invitación, casi como un deber, a ser esperanza de un mundo que agoniza resucitándolo con el testimonio de la fraternidad y la solidaridad, de la lucha por la verdad y la justicia, de la confianza y el amor, del perdón y la reconciliación, de la generosidad y la entrega.

 

 

El tiempo pascual es oportuno para ello. La gracia del Señor resucitado nos anima a hacerlo. Como ecuatorianos, como CONFEDEC, tenemos una oportunidad de ser testigos de lo increíble, constructores de esperanza porque el que cree tiene la vitalidad del salmón que nada contra corriente río arriba para dejar, allá en lo alto, un nuevo principio de vida.

 

 

Para Uds. queridos maestros, a nombre de la Oficina Central me es grato desearles unas Felices Pascuas de Resurrección, congratulaciones por el día del Maestro y Buen inicio de año escolar para el régimen costa.

 

 

FIRMA.JPG

 

 

 

 

 

Sor Alba Arreaga Rivas, HdlC

 

PRESIDENTA DE LA CONFEDEC

 

Contador de Visitas

contador

Av. Garcia León 215(Oe4-33) Ruiz de Castilla 593 2 3202759 / 3202193 / 3202265